El poliedro

Sé bueno, o malo del todo

Las actividades económicas fuera del control de Hacienda suponen más de una quinta parte del PIB español

HACE años, me topé con un tipo que alardeaba de tener una cartera de clientes de mucho postín, quienes le contrataban servicios de blanqueo de dinero, mediante la constitución de negocios fantasma o de sociedades instrumentales en paraísos fiscales. Gran Caimán, Islas Canal y, no digamos, Gibraltar eran el biotopo profesional del hombre, un prototipo de ganador nato y veloz. Defendía que el "dinero es dinero y punto, ni blanco ni negro; los Estados son los primeros bandoleros, que roban la pasta a quien sabe hacerla; los impuestos son un atraco legal", etc., etc. Estos principios, y el resto de un previsible decálogo de la selva financiera y darwinista, son compartidos por no pocos, si bien en estos tiempos que corren presumir de tiburón sin escrúpulos está out hasta nueva orden. Le puede caer a uno una colleja de un exprimido asalariado sin capacidad de driblar al fisco. A pesar del bla, bla, bla de los grandes líderes reunidos en algún sitio, los paraísos fiscales han salido indemnes de las cumbres de la reforma moral y la refundación del capitalismo que sucedieron a los primeros golpes de esta gran crisis. No sólo están las islas con nombres pintorescos; todos tenemos un paraíso fiscal con su banca off-shore a tiro de piedra, por mucho que las transacciones por Internet hayan dejado off-side a los maletines: Italia, San Marino; Francia, Mónaco; Alemania, Liechtenstein; nosotros, nuestra Andorra y, compartida con los británicos, la inefable Gibraltar. La negritud financiera descansa en ellos a buen recaudo y sin preguntas.

Pero hay otros dineros negros menos cosmopolitas, más de andar por casa. La economía sumergida siempre funciona con dinero negro, o sea, con dinero invisible para Hacienda (la economía sumergida española se valora en 208.000 millones de euros al año, un 23% del PIB). Siendo ilícito fiscalmente, no todo el dinero negro proviene de actividades delictivas, aunque tanto el que proviene de escriturar una casa por debajo del precio de compra como el que proviene del narcotráfico buscan una apariencia legal… O debe ser consumido en desmesurados coches, pesadas alhajas, viajes insospechados o cenas con caviar de beluga sorda y vinos de 1.000 euros la botella. O de nuevo en putas y drogas: en los municipios de economía más boyante, antes depauperados y después con gran (y bastante extraoficial) dinamismo económico, se dan los mayores índices de consumo de cocaína, prostitución y oro de todo el país.

Y sin embargo, Deutsche Bank ha publicado un informe esta semana en el que concluye que una economía sumergida de tamaño considerable ayuda a los países más espabilados a salir mejor de la crisis que otros más "honestos" (sic). Entre los primeros, se cita a Grecia, que siendo el país con mayor economía sumergida, sólo ha visto contraerse su economía en un 1%. Los honestos más honestos según el estudio (Austria, Holanda y Francia), también han capeado bien el temporal. ¿Quiénes sufren, pues? Los que son honestos pero no tanto, o espabilados pero no demasiado. Por ejemplo, Alemania. Quizá el banco alemán quiera decir a sus compatriotas que hay que ser bueno o malo del todo. Evidentemente, la validez de las conclusiones del Deutsche es muy precaria: correlacionar dos variables -nivel de economía sumergida y contracción del PIB- y suponer a una causa de la otra es como afirmar que en los días de lluvia se comen más alfajores, sin explorar si esas lluvias han coincidido con la Navidad. Por cierto, en el informe no se comenta el caso español. De nuevo aquí somos excepcionales, únicos, different: España tiene la tercera economía sumergida de la UE… Pero ha sufrido la recesión y la contracción del PIB de forma intensa. Sea como sea, la economía sumergida es un ancla en tiempos críticos, pero de ahí a afirmar que es un fenómeno inmaculado hay un abismo, un negro abismo.

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