la ciudad y los días

Carlos Colón

Dos mil novecientas setenta y tres

DIEZ años después del 11-S parece que el siglo XXI será el del declive de Occidente y el auge de Oriente, con China e India a la cabeza; que Al Qaeda está debilitada, como ha dicho Obama, lo que no significa que la amenaza del terrorismo islamista -difuso, infiltrado en Occidente, iraní o paquistaní- sea menos seria; que nadie puede afirmar si las primaveras árabes no acabarán en inviernos radicales islamistas; que la única posibilidad de equilibrio en Oriente Próximo, la entente entre Egipto e Israel, se resquebraja y el pasado viernes una multitud fanatizada asaltaba la Embajada de Israel en El Cairo.

Diez años después del 11-S la política parece achicarse ante los mercados, el Estado del bienestar encogerse ante la crisis, el coloso americano tambalearse, el euro cuartearse herido aún más de lo que ya lo estaba por la imparable caída de Grecia y la crisis del Banco Central Europeo; que la Oficina de Ayuda Humanitaria de Naciones Unidas reveló el pasado viernes que ya son 13,3 millones las víctimas de la hambruna en el Cuerno de África, que el número de afectados no deja que crecer y se prevé que la hambruna se extienda por otras regiones.

Diez años después del 11-S, en fin, las cosas pintan mal para los ciudadanos de Occidente, europeos o americanos; el futuro es peligrosamente inestable en el Norte de África; nada parece poder remediar la inmensa tragedia del Cuerno de África; se ahondan las diferencias entre el primer y el tercer mundo; emergen los colosos asiáticos y en la próxima década China -una dictadura comunista con estrategias salvajemente capitalistas- podría ser la primera potencia mundial.

Razones para el optimismo, la verdad, no hay. Desde Grecia hasta el parlamentarismo inglés y las revoluciones americana y francesa, la democracia es una invención europea. ¿La crisis de Occidente y la emergencia de Oriente supondrán la democratización de los gigantes orientales o el eclipse de las democracias occidentales?

Estamos en los umbrales de enormes cambios tecnológicos, sociales, políticos, económicos, geoestratégicos y culturales que ya afectan a nuestras vidas cotidianas. ¿Lo sucedido entre las 08:46 (primer impacto en las torres gemelas) y las 10:28 (derrumbamiento de la torre norte) del 11-S de 2011 se convertirá en el símbolo del inicio del declive de Occidente? Ya se verá. Hoy, sobre todo, es el día de conmemorar la memoria de las 2.973 personas asesinadas hace diez años por el fundamentalismo islámico. No vaya a ser que el antiamericanismo primario perpetre esa profanación de la memoria de las víctimas que es borrar el nombre de sus verdugos.

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