Desde mi córner

Luis Carlos Peris

¿Para cuándo la normalidad?

En cualquier club normal, la tarde de este último domingo de abril sería una tarde para la fiesta y el disfrute

IMAGINANDO, aunque sólo sea por un momento, que en el Betis reina la normalidad, la tarde de hoy debiera ser de fiesta. De fiesta generalizada en todos los estamentos del club, de alegría grande porque este curso se ha resuelto antes de lo que se preveía y muchísimo antes que el anterior. ¿Será así dado que la normalidad es sólo un sueño en este Betis? Por lo pronto, la semana no ha discurrido por los derroteros normales tras un triunfo tan oportuno como el del sábado en el Manzanares y esa alegría que hubiera reinado en cualquier otra parte, en el Betis se ha convertido en crispación por lo que se filtra en el asunto del entrenador y su continuidad.

Hoy es domingo luminoso, sale el Gran Poder por la mañana y juega el Betis por la tarde, ¿se necesita algo más para que el bético viva una jornada de fiesta y de gozo? No creo que en condiciones de normalidad hiciesen falta más ingredientes para que el guiso dominical fuese de la complacencia del bético y que todo se rematase al final de la Palmera por fiesta grande. Llega el Villarreal con todo lo que conlleva de mérito y de brillo, equipo emergente y no por casualidad; recibe un Betis, el Betis, que tiene prácticamente agarrado el objetivo que le fija su mandamás, el muy digno y nada ambicioso de conservar la categoría, ¿algo más para que la fiesta sea realidad?

No le falta un perejil al guiso para que el guiso sepa a gloria y así deberá ser cuando den las siete en todos los relojes de la Ciudad del Betis, en todos los cronos de Heliópolis, de ese rodeo que vibra con su equipo. Es más, en condiciones de normalidad, la figura del técnico debería polarizar mucha del fervor de la grada por lo mucho que ha hecho y porque, además, es uno de ellos, uno más, un bético que ha conseguido, nada menos, que el domingo de Pentecostés no vaya el bético con las manos juntas y el miedo vivaqueándole en las entrañas. Todo será así en condiciones de normalidad, de una normalidad que disfruta la mayoría y que en el Betis es sólo una quimera.

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