alto y claro

José Antonio Carrizosa

El sur del sur

AHORA que por la vía de los hechos los que mandan en Europa han logrado colocarnos donde querían, que es justo donde habían puesto ya a Grecia o Portugal, conviene que tomemos conciencia de nuestra condición de parias periféricos de la tierra de progreso que hasta hace muy poco fue este continente y que nos preparemos para lo que viene, que es, no lo duden, peor y más terrible de lo que hasta aquí hemos vivido e incluso de lo que hemos imaginado. En un mundo que cambia delante de nuestros ojos nos ha tocado el papel de perdedor, por nuestra mala cabeza, que seguro que la hemos tenido, pero también porque así lo han diseñado y lo están ejecutando con frialdad de asesino los que tienen algo que decir en la configuración de un nuevo orden mundial con un papel muy secundario para Europa.

Desde que arrancó el siglo XXI con el 11-S y con mucha más intensidad desde la llegada de Obama a la Casa Blanca y el inicio de la crisis económica, el giro planetario indica que Occidente va a perder su papel de liderazgo a favor de Oriente: el nuevo orden económico se va a nuclear en torno a China y a sus conveniencias estratégicas y de mercados. Estados Unidos ha iniciado su caída por la pendiente y su socio y casi hermano europeo intenta salvar los muebles. Para no sucumbir, el norte rico y protestante suelta lastre y condena a la miseria al sur pobre y católico que un día se atrevió a soñar que podría dejar atrás el atraso y la pobreza.

Ahí estamos nosotros: al sur del sur. El papel que le queda por jugar en el nuevo tablero mundial a un país como el nuestro es el que se nos puso dramáticamente delante de los ojos cuando Zapatero, en 2010, echó sus principios socialdemócratas por la borda y se plegó a las exigencias del directorio Merkel-Sarkozy. Desde entonces, nada se ha arreglado y todo ha ido a peor. Lo que viene, nos lo anuncia todos los días la prima de riesgo, es todavía más oscuro. Y además, vino a decir Rajoy el miércoles en el Congreso, no busquen soluciones porque no las hay. Si éste es el panorama en el país, multiplíquenlo por las veces que crean convenientes para hablar de una región como Andalucía o una provincia como Sevilla. En España también el norte intenta salvarse a costa de condenar al sur. Cataluña y el País Vasco han iniciado un camino de fuga y de consolidación de los privilegios que han permitido que ellos, por ejemplo, tengan índices de paro casi europeos y nosotros los tengamos plenamente africanos. Parece que estamos en el peor sitio en el peor momento y que si no lo hacemos nosotros nadie va a venir a salvarnos. Europa, a la que tanto quisimos, no ha dado la espalda, Barcelona y Bilbao quieren poner tierra de por medio y Madrid nos mira con algo más que recelo. Así empieza el verano por estos lares. Aprovéchenlo si pueden porque el otoño se presume gris y el invierno negro. La primavera, por ahora, ni se ve.

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