Granada ultima el plan contra seísmos más ambicioso del país

Los Bomberos trabajan con la hipótesis de un terremoto de magnitud 6,5 Cuantifican daños en los edificios y víctimas potenciales

El equipo del servicio de Protección Civil de Granada: Paco Sabio, Cristóbal Guzmán y Sergio Iglesias.
Ana González Vera Granada

21 de octubre 2013 - 05:04

Hace casi 60 años que Granada no sufre los devastadores efectos de un terremoto. Pero el recuerdo de aquella tarde de abril de 1956 en la que el suelo se rompió en Albolote llevándose 12 vidas está siempre presente en la oficina de Protección Civil del Parque Norte de Bomberos. El alto riesgo de seísmos que sobrevuela la ciudad obliga a estar preparados para una catástrofe de dimensiones similares a las que sufrió la localidad murciana de Lorca hace dos años, de magnitud 5,1. Como el servicio de Protección Civil del Parque de Bomberos junto al servicio de protección de la edificación de Urbanismo no quieren correr riesgos, están inmersos desde hace años en la elaboración de un plan específico para saber cómo actuar ante este tipo de fenómenos.

Aunque el suelo granadino no ha vuelto a revolverse con esta virulencia en los últimos 60 años, los técnicos del área de Protección Civil han cuantificado los daños que se producirían en los distintos barrios de la ciudad (tanto en las infraestructuras como en las personas) y el número de víctimas que dejaría a su paso un terremoto de intensidad 9-10 y de magnitud 6,5 que es el peor caso posible que se contempla para Granada.

Terminado este trabajo, Sergio Iglesias, asesor técnico del servicio de prevención y extinción de incendios y salvamento, se ha propuesto implicar a toda la ciudad en un trabajo de coordinación que llevará a Granada a contar con uno de los planes de protección sísmica más exhaustivos de toda España.

Después de reunir a los colegios profesionales de arquitectos, arquitectos técnicos, ingenieros de caminos y expertos universitarios, Sergio ha comenzado a trabajar con las empresas de suministros de la ciudad. Y es que si la capital sufriera una sacudida de este tipo habría que movilizar a toda la sociedad. "Una vez que conozco los distritos en los que se producirían los daños más graves necesitaríamos arquitectos e ingenieros que hicieran en 24 horas una inspección de todo el parque de viviendas de la ciudad, formado por 100.000 edificios, para evacuar a todos aquellos con riesgo de desplome", explica.

El panorama se puede complicar hasta el infinito. ¿Qué pasaría si se partiera una tubería de gas y hubiera un escape? ¿Aguantarían el temblor los depósitos de agua de Cartuja o habría un maremoto de agua bajando por Cardenal Parrado?, ¿Y si no hubiera teléfono? ¿Y si no se pudiera llegar a la ciudad por carretera? ¿Sabríamos cuántos edificios sanitarios quedarían en pie? ¿En cuántos estarían operativos los quirófanos? ¿Y si hubiera 30.000 heridos, habría 30.000 camas en hospitales que hayan resistido el seísmo?

Parece ciencia ficción, pero no lo es. Y quienes mejor lo saben son los que comprobaron de cerca los efectos del temblor de Lorca. Por eso, Sergio y su equipo (Pablo Sabio y Cristóbal Guzmán) han empezado a reunir a todos los agentes que tienen algo que aportar al plan. La tarea no es fácil ya que no todo el mundo tiene el mismo grado de concienciación a la hora de colaborar. La falta de experiencia previa en este tipo de siniestros y la ausencia de conciencia preventiva dificultan considerablemente este trabajo. "Los riesgos son más difíciles de planificar mientras menos sucedan, y eso ocurre con los terremotos", añade Sergio Iglesias. "No tenemos experiencia".

En cualquier caso, los estudios deben ir encaminados a establecer qué personal, qué medios harían falta y dónde se van a concentrar los daños . "Necesito conocer el estado general de la ciudad, no quiero saber si en La Chana se va a caer el número 4 o si va a sufrir daños el tabique del baño del tercero B, es absurdo y mentira porque eso es impredecible", afirma el técnico. Lo que sí pueden saber es en qué zonas de la ciudad se concentrarían los daños. Del análisis de los suelos y la antigüedad de las construcciones se deriva que las zonas más antiguas de Granada son las que gozan de los mejores terrenos (Albaicín, Realejo, Bola de Oro, la colina de la Alhambra), aunque aquí están también las construcciones más antiguas y por tanto, no adaptadas a la normativa antisísmica que data de los años 70.

En el lado opuesto estarían las zonas más nuevas, con edificios mejor construidos, pero con un suelo de menor calidad.

"Vivimos en una ciudad que tiene la Sierra y la playa a media hora, eso conlleva que tengamos la diferencia de cota más grande de toda la Península; en 50 kilómetros tenemos más de 3.500 metros de desnivel porque hay una placa tectónica activa, y eso significa que hay terremotos", dice el técnico. Conviene tener también en cuenta que Granada está en una cuenca sedimentaria y aquí se produce un efecto de sitio que hace que los terremotos sean más largos y se produzcan resonancias.

Aunque son incapaces de dar una fecha para la culminación del plan de riesgos sísmicos, Sergio Iglesias cree que el balance del trabajo hecho es muy bueno y se muestra satisfecho por el empuje que el plan ha tenido en los últimos tiempos gracias al suceso de Lorca. "La gente, los políticos empezaron a ver que esto pasa, y pasó en una ciudad como la nuestra, a 200 kilómetros en línea recta de aquí", declara Iglesias. Una vez que el equipo concluya los mapas con los suministros, que se sumarán al plan de peligrosidad (periodo de retorno del suceso catástrófico, cada cuanto pasa), vulnerabilidad (porcentaje de daño en edificios y personas) y riesgo (cuantificación del suceso en dinero o víctimas), Granada sabrá en qué estado quedaría la ciudad tras un terremoto y cómo afrontar la emergencia. Luego el documento tendrá que pasar por la junta local de Protección Civil, la del gobierno local y el pleno municipal y, finalmente tendrá que llegar a la Junta, que debe homologar el documento.

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