Andalucía

Las tres caídas de Susana Díaz

  • La presidenta en funciones se encuentra ante la mayor derrota de su carrera política

Las tres caídas de Susana Díaz Las tres caídas de Susana Díaz

Las tres caídas de Susana Díaz

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Si el PSOE no remonta electoralmente, me marcharé. Lo haré sin hacer ruido, sin fracturar el partido". La frase literal es de Susana Díaz. En el minuto 25 del debate para las primarias del PSOE celebrado el 15 de mayo de 2017, que puede verse íntegro en YouTube. Lo dijo como una maldad contra Pedro Sánchez. Ella era del PSOE que ganaba, él del PSOE perdedor, y había que poner al frente del Partido Socialista a una ganadora. En aquel debate la dirigente andaluza usó munición real. A primera sangre. "No mientas, cariño… Tu problema, Pedro, no soy yo, eres tú". Y dejó, para la hemeroteca, ese vínculo solemne: "O remonta el PSOE o me marcharé". Pongamos que hablaba de elecciones generales, pero Ábalos lo mismo piensa que se puede aplicar la misma filosofía en Andalucía.

En todo caso, su desembarco en Madrid como jefa suprema del PSOE federal salió mal. Muy mal. Seis días después del debate, Pedro Sánchez arrasó en las primarias, para sorpresa de muchos, la interesada incluida. Fue la primera caída de Susana Díaz. Un hecho inédito en su carrera. Al revés que el coronel Aureliano Buendía, de ella se puede decir que promovió 32 levantamientos, intervenciones o complots en las juventudes, comités locales, provinciales, regionales o federales, y los ganó todos. Menos ese órdago a su organización.

La conclusión fue que en el resto de España no la querían. Tampoco tanto en Andalucía, donde duplicó en apoyos a su rival, pero sacó muchos menos votos secretos que avales públicos. Entonces, la jefa indiscutible del PSOE andaluz, como si no hubiese ocurrido nada, volvió a centrarse en su tierra. Entre junio y julio del año pasado cambió su gobierno y celebró el 13 congreso regional de su partido, para encarar la recta final de la legislatura y llegar lo mejor posible a las elecciones que se celebraron el domingo pasado.

Esta campaña electoral se inició con una presidenta radiante, que proclamaba a los cuatro vientos que estaba feliz. Ella podía con todo. Ocupaba en solitario el cartel electoral, sin siglas de su partido. No quiso intervención alguna de fuera y sólo permitió la presencia en dos mítines del presidente del Gobierno. El balance que transmitía la propaganda oficial es una Andalucía de récord: en creación de empleo, PIB, exportaciones… Aunque sea una de las cuatro regiones con más paro entre las 276 de la UE, y vaya a regresar el 1 de enero de 2021 al grupo de territorios menos desarrollados de la Unión, al estar en el 68% del PIB per cápita comunitario. Tras 36 años en el poder, la prosperidad relativa respecto a las zonas más ricas de Europa no se ha producido.

Además de triunfalista, el cuartel general socialista planteó una campaña plana, intentando dormir la competición, que se daba por ganada, e invitando a todos los contrincantes a hablar bien de Andalucía. Con esta premisa, la segunda parte de su estrategia fue la tentación 'pujolista'. Envolverse en la bandera verde y blanca y considerar cualquier crítica a la gestión del Gobierno autónomo como una ofensa a Andalucía. La Arcadia feliz era intocable. La tercera pata del teatro electoral fue el bloqueo. Un nuevo mensaje de triunfo descontado, tras el que se exigía a los adversarios que no impidiesen formar Gobierno a la indiscutible ganadora. Curiosamente, es ahora ella misma la que intenta bloquear una mayoría matemática de la nueva Confederación Española de Derechas Autónomas. Es curioso, el PP unificando a todas las familias desde el centro derecha hasta los ultraconservadores, nunca pudo ganar, pero tres grupos distintos han podido batir por primera vez a la izquierda en Andalucía. Y en el campo contrario ocurre lo mismo: Podemos e IU también sacan mejor resultado separados, y yendo juntos pierden votos y escaños, en Adelante Andalucía o en Unidos Podemos.

El último soporte de la desdichada campaña susanista fue Vox. En el debate de TVE seis días antes de las elecciones, fue un leitmotiv recurrente durante toda la noche en boca de Díaz. Les puso foco y una vez incorporados al centro escenario no hicieron más que crecer. Es verdad que Vox ya tenía fuelle, pero la táctica de darles más aire para que se ahogase la derecha tradicional, ha resultado nefasta.

Aunque las razones fundamentales del auge del populismo de derechas en Andalucía hay que buscarlas en el pasado reciente: corrupción y mala gestión de las formaciones del bipartidismo. Empobrecimiento de las clases medias por la crisis. El desamor generado en el resto de España por el supremacismo secesionista catalán e incomprensión porque los partidos que lo lideran sean aliados de Pedro Sánchez. Miedo a una invasión de inmigrantes. Masculinización del voto a los partidos de derechas y antagonismo al movimiento feminista…

Hay muchas paradojas en el resultado. El partido que menos escaños saca lo festeja como si ganase la Champions y el que más votos consigue, lo vive como un descenso a Segunda. Y un tercer desconcierto es la entusiasta derrota del PP, con su peor resultado de la historia. Fueron a su sede para celebrar el funeral de Juanma Moreno y el difunto no estaba muerto. Una sorpresa mayúscula hasta para ellos. Porque el PP ha perdido 300.000 votos en estas elecciones. Los populares tienen 822.000 votos menos que los que obtuvo Arenas en 2012. Y ahí están, tan contentos.

Completando una cuenta de trazo grueso, el PSOE ha perdido 400.00 votos y Adelante Andalucía otros 300.000. Un millón de votos ha cambiado de manos. Grosso modo 300.000 han ido a la abstención, otros 300.000 a Cs y 400.000 a Vox. El argumento de Díaz de que sus votantes se han quedado en casa no se sostiene. De los 700.000 votos que pierde la izquierda, alrededor de 400.000 han ido a otras formaciones políticas, incluida Vox. En cualquier caso, el 2 de diciembre de 2018 el PSOE sacó 520.000 menos que Griñán en 2012. Esta ha sido la segunda caída de Susana Díaz, que como buena profesional reivindica su condición de ganadora de las elecciones, por ser la lista más votada, y su derecho a presentarse a una investidura, si consigue los apoyos.

Ciudadanos, sin embargo, quiere hacer un Borgen, la serie de ficción danesa que cuenta cómo un tercer partido, el Moderado, consigue hacer a su líder primera ministra, en una coalición heterogénea en la que están los laboristas con más escaños. Tiene alguna similitud. Pero más real y cercano fue el caso de Revilla en Cantabria en 2003, que siendo el tercer partido con ocho diputados alcanzó la Presidencia tras un pacto con el PSOE (13) y dejaron en la oposición al PP (18).

El millón de votos del PSOE andaluz, siendo el mejor resultado de los contendientes, es el peor de la historia del partido de Susana Díaz. Muestra una grave fatiga de materiales y queda muy empequeñecido si se compara con el censo: un 16% perlado. Menos de uno de cada seis electores convocados a las urnas se ha comprometido con la continuidad del Gobierno socialista. En 1982 Escuredo superó el promedio de uno de cada tres sobre censo.

Cuando llegó al poder, Susana Díaz lazó el eslogan de "un tiempo nuevo". En las últimas semanas sus líneas rojas no eran respecto a Vox, las empezó a trazar respecto a sus antecesores y su gestión. Unas de sus muletillas más usuales eran "desde que yo estoy…" o "entonces no estaba yo…" Estar, estaba, pero no en el mando supremo. Podía haber sido cierto que fuese la primera de una nueva era, pero ha resultado justamente lo contrario, la última de una época. No se sabe muy bien por qué, quizá por blindarse contra delfines hostiles, ella es a sus 44 años la más joven de su Gobierno. El tiempo sería tan nuevo, que se apostaba por no preparar recambio alguno para el futuro.

Ahora ha cambiado la felicidad del arranque de la campaña por la tristeza que la asuela. Está en la misma posición teórica que Arenas en 2012, sólo que para el líder del PP la situación era mucho más airosa. Y Arenas, dimitió. Quizá Ábalos eche esas cuentas. Ni tampoco olvide aquella frase lanzada como un cuchillo cuando pensaba ganar las primarias: "Si el PSOE no remonta electoralmente, me marcharé. Lo haré sin hacer ruido, sin fracturar el partido". Pero esa tercera caída de Susana Díaz no tiene fecha.

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