Las 'primarias' de Pepe Griñán

La marcha de Rafael Velasco puede desembocar en un cambio que alivie la inexperiencia de la actual dirección en vez del reparto del poder entre los jóvenes cachorros: el PSOE adelanta su comité director

La consejera de Presidencia, Mar Moreno, conversa ayer en el Parlamento con Griñán.
Juan M. Marqués Perales / Sevilla

29 de octubre 2010 - 05:04

La derrota de la candidata oficialista en las elecciones primarias de Madrid abrió una crisis en el PSOE que Zapatero resolvió por elevación: tiró de su fondo de armario, de los Rubalcaba, Jáuregui, Iglesias y Valeriano Gómez, y apuntaló su Gobierno a la vez que dejó manos libres en el partido a José Blanco y a Gaspar Zarrías. La crisis desatada en el PSOE andaluz a raíz de la dimisión de su número dos, el cordobés Rafael Velasco, abre una incógnita similar a la que vivió este partido a nivel estatal. ¿Cambio o consolidación? La posición mayoritaria -casi unánime, al menos entre los consultados por este medio- se decantan claramente por lo primero.

Griñán y su Ejecutiva pueden resolver este tránsito por elevación, colocando a una nueva persona en la vicesecretaría, u optar por consolidar a los jóvenes que se hicieron con el mando del partido después del congreso extraordinario del mes de marzo. Esto último fue lo que pareció que iba a acometer la dirección a principios de este semana: repartir los papeles que dejó Velasco, en cuyo caso, la sevillana Susana Díaz, secretaria de Organización, se convertiría en la mujer fuerte del partido. Si ya no lo es. La otra opción, la de un nuevo o nueva vicepresidenta, la más segura, ha obligado a adelantar el comité director del 20 de noviembre a la próxima semana, al viernes o el sábado.

Griñán habló ayer con sus secretarios provinciales y con numerosos dirigentes y cargos socialistas para ir conformándose una idea, que es posible que aún hoy no haya madurado.

La opinión extendida en el Partido Socialista, compartida por todas las sensibilidades, es que a Griñán le salió una Ejecutiva demasiado joven del congreso extraordinario, una dirección con momentos bisoños, cuando no faltos de sensatez. Un ejemplo: el martes por la tarde informaron en una nota que el secretario general, José Antonio Griñán, había rechazado la dimisión de Rafael Velasco como vicesecretario, aunque éste ya había dicho que no, lo que les obligó a prolongar la agonía hasta el miércoles y a enredarse en el significado de la palabra irrevocable. ¿Nadie cayó en la cuenta de que Velasco estaba inhabilitado para ejercer el cargo desde que anunció su renuncia al escaño parlamentario o iban a mantener un puesto de tanta importancia, vacío de contenido a las puertas de unas elecciones?

Todos los consultados coinciden en que, aunque Griñán buscase un cambio generacional en el partido, la dirección le salió más joven de lo deseado. Coincidieron dos hechos: Micaela Navarro, que es al día de hoy la consejera más conocida y mejor valorada, no pudo ser la presidenta, ya que hubiera tenido que dejar Bienestar Social, y el gaditano Francisco González Cabaña, que aspiró a ser el secretario de Organización y si no, el de Política Institucional, dio la espantada a última hora. El resultado es que Griñán va a enfrentarse a sus primeras elecciones como secretario general -las municipales- con una dirección inexperta de la que, además, se ha caído su número dos. De ahí, la corriente que apoya un cambio de calado.

Las personas con las que ha hablado este medio admiten que aún están como en una suerte de estado de shock desde la dimisión inesperada de Velasco, y que el partido necesita unos días para digerirlo. Más que una crisis, esto ha sido un "obús", en palabras de una de sus dirigentes. Griñán quiere tomarse unos días para tomar una decisión que ya no admitirá nuevos fallos.

Pero a diferencia de Rodríguez Zapatero y de su recuperación del pasado, Griñán prescindió de buena parte del fondo de armario del socialismo andaluz. Si Zapatero tiró de Rubalcaba con el apoyo de José Blanco es porque los tres comprenden cuál es su comunidad de intereses, pero es difícil que Griñán recurra a un Luis Pizarro o a un Gaspar Zarrías. Partidarios de unos y otros -ambos están ya muy separados- lo consideran "valores seguros" para unos momentos de malas perspectivas electorales como las actuales, pero creen que ese camino es irreversible por razones muy distintas.

El líder del PSOE andaluz, sin embargo, sigue teniendo a mano una nutrida nómina de personas con perfil para el puesto, desde algunos ex como Francisco Vallejo, Javier Torres Vela o José Caballos a alguna consejera, en el caso de que incurriera en otra crisis de gobierno, como Micaela Navarro o Mar Moreno. O, incluso, alguien de la nueva generación, una casi cesante, como Bibiana Aído. Hay quien mantiene en el PSOE que Griñán no debería tener miedo a acometer cuantos cambios le fueran necesarios, incluido en el Gobierno.

La opción del nuevo vice parece imponerse. Además, una parte del PSOE ve con preocupación que los jóvenes más destacados de la Ejecutiva caigan en una lucha de poder para repartirse los papeles de Velasco en caso de que no haya un vicesecretario. Susana Díaz, que es muy eficaz en el mando, se ha hecho bastante fuerte en la sede de San Vicente. Ella lidera el renacido poder sevillano en el PSOE e, incluso, en el plano interno se le considera que ya le estaba comiendo terreno a Rafael Velasco. Mario Jiménez, portavoz parlamentario del PSOE y secretario de Huelva, es la otra persona más destacada de la Ejecutiva, mientras que la presidenta, Rosa Torres, malagueña de Antequera, ha asumido el papel tradicional que este cargo tiene en este partido, lejos de lo que Griñán deseó en su congreso extraordinario: una voz potente para concentrar con la sociedad.

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