Bienal

La quietud eterna de las 'Bailaoras'

  • El fotógrafo de Dos Hermanas Paco Sánchez participa en las actividades de la Bienal con una exposición compuesta por una treintena de retratos de estudio centrados en las posturas y los gestos del baile jondo.

La cámara de Paco Sánchez ha disparado con éxito unas 200.000 veces, y en todas acabó hiriendo de inmortalidad. Políticos, periodistas y reputadas autoridades han desfilado ante su perspectiva, pero resulta lógico que cuando un artista convive en el hábitat de la creación con otro artista el entendimiento sea más ágil. La Bienal, en su programación paralela, muestra en el Salón del Apeadero de los Reales Alcázares la exposición Bailaoras, que se posa sobre la plástica del baile femenino.

Aunque la trayectoria de Sánchez está curtida en el sentir flamenco, con más de 25.000 imágenes, su obra siempre se había acercado al género desde la atalaya de los escenarios; esta muestra posee el matiz distintivo de haberse confeccionado en el estudio: "Las artistas se han encontrado en una doble vertiente, la de ser bailaora y modelo", explica el fotógrafo. Presente la semana pasada en la inauguración de la exposición junto a la directora de la Bienal, Rosalía Gómez, Rafael Infante, director de la Cátedra de Flamenco de la Universidad de Sevilla, atribuye a Sánchez el mérito de ser "parte de la historia del flamenco", aparte de otro más, el de conjugar "formación, investigación y difusión" como secretos del arte.

Bailaoras incluye 30 instantáneas de 150x100 centímetros que abarcan un amplio abanico de posturas y movimientos y exhiben la figura completa y la expresión de cada bailaora. El itinerario rectangular de la sala derrocha genio y duende; se puede contemplar, por ejemplo, a Begoña Arce con la rabia andaluza del fénix, a Carmen Iniesta alzando su mano con vocación de paloma picassiana, a Sandra Guerrero jugando con su mantón con el empaque propio de una revolera en el Coso Maestrante, a Manuela Ríos aguardando la inspiración cenital o a Marina Valiente desbordando los parámetros de la estética. Paco Sánchez (Dos Hermanas, 1946) confiesa que quiso, al concebir estos trabajos, "manejar la iluminación y jugar con los fondos", que aparecen en blanco, negro, corinto, morado..., según la intencionalidad del autor.

El fotógrafo ha trabajado durante un año en la elaboración del proyecto, para el que ha precisado de un total de 60 bailaoras: "Ha sido una experiencia tanto para ellas como para mí", aprecia. Artistas como Asunción Pérez La Choni, Yolanda Lorenzo, Rosario Toledo, Adela Campallo, Lucía Álvarez La Piñona o Mercedes Ruiz cohabitan con la savia nueva del baile.

Algunos cuadros acogen la presencia de ocho bailaoras, lo que Sánchez achaca a que "no disponía de espacio ni presupuesto para que salieran con igual tamaño"; lejos de convertirse en un inconveniente, la combinación de colores, luces y quietudes desemboca en una nueva obra que debe entenderse en sí misma. Saray de los Reyes, María Távora, Pilar Astola o Ana Morales comparten estancia. En su conjunto, la propuesta fotográfica sintetiza una concepción muy personal del flamenco. Desde la brillante sencillez, viaja por nuevas texturas en las imágenes y se aprovecha de la belleza del vestuario.

En la inauguración, el artista recibió el calor de bailaoras como Susana Casas o Ángeles Gabaldón, entre algunas otras. Cada una de ellas exhibió la ilusión de poder verse retratada y de posar junto a la respectiva obra que protagonizaba. El idilio de Paco Sánchez con la Bienal de Flamenco viene de atrás, ya que es uno de los fotógrafos más presentes en el festival. En esta decimoséptima edición que acontece, participa con esta exposición que podrá visitarse hasta el 30 de septiembre en el Alcázar.

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