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Creer, pelear, soñar

  • El Betis vence a Unicaja en un disputado duelo jugado con cabeza y corazón e iguala a Burgos, que marca la salvación

  • Los de Plaza lo fiaron todo al triple y la fe de los de Quintana decidió

Schilb penetra en la última canasta del partido, a la postre ganadora, ante Milosavljevic y el bloqueo de Anosike. Schilb penetra en la última canasta del partido, a la postre ganadora, ante Milosavljevic y el bloqueo de Anosike.

Schilb penetra en la última canasta del partido, a la postre ganadora, ante Milosavljevic y el bloqueo de Anosike. / fotos. f. russo / acb photo

Igual que hay derrotas que hunden, hay triunfos que significan tal subidón que te empujan hacia arriba. Y eso debe ser la victoria lograda por el Betis Energía Plus ante el Unicaja por 89-88 un Domingo de Ramos por la tarde. En Sevilla. Un partido casi clandestino que disfrutaron en directo un millar de incondicionales por la intransigencia, tan legítima como difícil de entender, de Joan Plaza a jugar al mediodía y que el conjunto local se llevó porque, sencillamente, fue mejor. Esta vez jugó con corazón. Con garra. Con ambición. La de Anosike peleándose bajo los tableros, la de Schilb viendo el aro como una piscina, el liderazgo de Kelly en los momentos finales o la lucha de Alfonso Sánchez yéndose un par de veces por los suelos a morir por el balón. Con fe, en definitiva. Porque se puede ganar o perder, pero no dejar de luchar.

Y esa dosis de sangre, casi de mala leche que le faltó a veces, la recuperó el conjunto de Óscar Quintana, quien personalmente se jugaba mucho en este encuentro. Su equipo entró mordiendo al partido por una vez y acabó rompiendo el maleficio de los últimos cuartos, ése que tantas derrotas le ha costado por el camino.

En un duelo igualado y con alternativas, los males verdiblancos se repitieron. Incapacidad para cerrar el rebote (12 de ataque de los visitantes) y ayudas que nuncan llegan en la línea exterior que permiten al rival lanzar muchos triples liberados. Hasta 41 intentaron los de Plaza por sólo 13/29 en tiros de dos puntos. Pero el Betis llegó vivo al final y ahí se manejó bien. Moviendo la pelota y penetrando: 2+1 de Nelson y de Kelly, aunque el Unicaja golpeaba desde más allá de la línea de los 6,75 metros, unas veces llorando como en el caso de Alberto Díaz y otras con Waczynski enchufado. Con 85-86 Quintana llamó a filas a los suyos. Txemi Urtasun, que había jugado 10 minutos entró a pista por Anosike. Sin pívots en pista y alguno se echaba las manos a la cabeza, porque el nigeriano estaba haciendo daño en la pintura. Pero esta vez, y es mérito del técnico, la jugada ensayada salió a la perfección. Corte de Kelly y Carlos Suárez, el jugador que para los árbitros nunca hace falta cuando carga el rebote ofensivo, se quedó atrás para que el ala-pívot anotase con facilidad.

Nedovic recibió falta y no falló desde la personal. Quedaban 29 segundos por delante. Un mundo. Y Schilb, el jugador al que menos le tiembla la mano en el Betis, asumió la responsabilidad. Anotó con facilidad penetrando, pero la última bola era para el Unicaja con 12 segundos por delante. Alberto Díaz, Waczynski, Carlos Suárez y Nedovic en pista, pero el balón le llegó a Milosavljevic, que apenas había jugado algo más de 3.30 minutos en todo el encuentro, y erró el triple para fiesta de los verdiblancos, que toman aire y ya igualan con el Burgos con seis triunfos. Hay vida.

Pero hasta llegar a ese momento pasaron muchas cosas. Importante fue la declaración de intenciones de los hispalenses desde el inicio. Es verdad que Anosike no se lleva nunca un salto inicial, pero también lo es que el pívot está cada vez más metido en la dinámica. Ya no es ese jugador que se salía para coger el balón y entrar a canasta. Ahora pelea con su par, gana la posición y hasta mete los tiros libres. Augustine y Carlos Suárez lo pasaron mal luchando con el interior verdiblanco. Quizá el que más daño hizo fue el debutante Jean-Charles, pero en cuanto Plaza vio que pelota que le llegaba lanzamiento que hacía lo hizo llamar al banco.

Golubovic le dio un buen relevo, aunque corto, a Anosike y Booker puso el 24-14 en el marcador, pero mientras que Quintana daba descanso a los suyos y entraban Mikel Úriz, Alfonso Sánchez, Iván Cruz y Txemi Urtasun, Unicaja sacaba la artillería: Nedovic, MacCallum, Waczynski... La diferencia de presupuesto es más que evidente.

Pero en el deporte no todo es dinero, afortunadamente. Otros factores intervienen y cuando el Unicaja abrió un par de veces una pequeña brecha (seis puntos, el 35-41 y el 44-50, fueron su máxima ventaja), el Betis siempre contestó. En el tercer cuarto, como siempre, apareció Schilb (13 puntos en este periodo), que en este partido no se fue nunca, para contestar el saco de triple de los costasoleños en este acto (6/13) y dejar siempre a los suyos a tiro de piedra. La táctica del conejo, que diría Manel Comas.

Los de Quintana, al contrario, no se obsesionaron con el triple. Movían la pelota (una sola pérdida en el último cuarto), a veces demasiado lento y de forma previsible, hasta que le llegaba a sus hombres importantes. Unas veces Schilb. Otras, Anosike o Booker. También Nelson, que tras un partido gris apareció cuando más lo necesitaban. Un triple levantó al millar de asistentes en las gradas poniendo el 76-71, pero surgió Alberto Díaz contestando tres veces desde fuera, el tercero tras dar en un par de ocasiones en el aro.

Alguno creyó ahí que la moneda saldría cruz. Pocas veces en un intercambio de golpes así el penúltimo clasificado, con la peor defensa de la Liga, sale vencedor. Pero esto es deporte y lo improbable ocurre. A veces las decisiones que uno toma se vuelven en contra y Kelly y Schilb se alían para ganar el partido por la tarde, por la mañana o en Lunes Santo. El Betis recuperó el paso perdido con un triunfo de postín que disfrutaron sus fieles. Unos pocos, pero con mucha fe.

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