Los nuestros | Inma Durán, miembro de las embarcaciones de 'dragon boat' del Club Piragüismo Triana

Una palista de espíritu insolente

Inma, la primera por la derecha, junto a otras tres compañeras. Inma, la primera por la derecha, junto a otras tres compañeras.

Inma, la primera por la derecha, junto a otras tres compañeras. / M.G.

A pesar de las circunstancias que la acompañan desde hace un tiempo, Inma Durán (Sevilla, 1970) desprende un desparpajo inmediato. En noviembre le hicieron saber que tenía cáncer de mama con metástasis en el pulmón, el hígado y el esternón, pero ella se niega a ver horizontes. Y a dejar aquello que le ha apasionado siempre: el piragüismo. Hace unas semanas, tras cinco años sin competir, participó junto a una compañera en la prueba de K2 de 5.000 metros del Campeonato de Andalucía. Y a base de coraje la terminó.

“Quedamos las últimas, pero para mí, con todo lo que tengo y habiendo estado sin entrenar todo el invierno, es como si hubiera quedado primera en unos Juegos Olímpicos”, explica ella. Cada vez que rema, Inma siente que está superando trabas. En febrero 2016, cuando le diagnosticaron la enfermedad, inició una serie de procesos que no fueron fáciles de llevar. En la primera de las intervenciones que le realizaron, le quitaron 18 ganglios del brazo izquierdo. “Mi oncóloga me dijo que jamás en la vida iba a poder volver a remar, pero yo hice caso omiso”.

En contra de los consejos médicos, su espíritu insolente siempre entendió al deporte como “un gran aliado” contra el cáncer. De hecho, en fases de su tratamiento en las que no pudo remar –durante ocho meses tuvo un catéter fijo en el brazo– siguió yendo al gimnasio, haciendo elíptica y algunas otras cosas. Al terminar la quimioterapia, los médicos le dijeron que había ganado la batalla, que estaba curada. Y fue entonces cuando se echó de nuevo a las aguas.

“Empecé de nuevo a remar, pero en vez de remar en kayak, lo hice en una embarcación que es nueva en España, que se llama dragon boat”. Esta modalidad, que llegó a Sevilla hace pocos años de la mano del Club Piragüismo Triana y que dispone de tripulaciones numerosas, permitía a Inma remar por el lado contrario al del brazo que tenía operado. “Yo veía que iba aguantando, que cada vez iba a mejor y un día probé en piragua y vi que podía remar perfectamente con los dos brazos”.

A partir de ahí, Inma empezó a compaginar dragon boat y kayak, pero cuando estaba volviendo a encontrarse en plenitud física, notó un bulto en el pecho. Tenía metástasis. “Cuando te lo dicen es duro, lo tienes que masticar”, admite. Actualmente, está con una medicación que responde al nombre de terapia dirigida. Es menos agresiva que la quimioterapia, pero deja sus defensas muy bajas. Por lo que durante los meses de frío tuvo que apartarse de la piragua.

No obstante, cuando regresó el buen tiempo, Inma pudo cambiar el gimnasio por el río de nuevo. De hecho, tuvo la intención de ir a la Copa de España de dragon boat, pero se la perdió al estar su madre con una neumonía. Se emociona al contar que sus compañeras se escribieron su nombre en las manos e hicieron que ella estuviera presente de algún modo.

Inma seguía con el gusanillo de competir. Así que acabó hablando con Máximo Vela, quien dirige el Club Piragüismo Triana. “Le dije al presidente que quería remar un 200 o un 500, que era una distancia que mi cuerpo podía aguantar y él me apuntó a un 5.000”, recuerda entre risas. En el momento de la verdad hubo una dificultad añadida. Sólo había realizado una sesión de entrenamiento junto a su compañera en este K2, al ser ésta natural de San Fernando. Y volcaron en cuanto se subieron al kayak. El barco se llenó de agua y no les dio tiempo a vaciarlo.

El percance no les impidió cumplir con el reto. “Jamás he quedado tan mal en una regata, pero mentalmente fui la primera”, dice Inma, a quien en el embarcadero estaban esperando su novio y sus mejores amigas. Tras semejante alegría, ella mira con ilusión al Campeonato de Europa de julio.

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