Nadal brota de su tierra
El genio balear, con seis títulos y sólo dos derrotas en 2013, ha acelerado hacia su mejor tenis para impedir que Djokovic usurpe su trono de París Se citan para las semifinales
París, finales de mayo. Las parejas se multiplican en el Campo de Marte, atraídas por el tibio sol de primavera, para hacerse fotos con la Torre Eiffel de fondo. O en el Pont des Arts, el que inmortalizó Cortázar en Rayuela... Qué más da, la ciudad del amor ofrece mil rincones para posar. Rafa Nadal lo ha hecho ya siete veces con la Copa de los Mosqueteros. A ella le debe un amor inquebrantable. La siente tan suya como ese preciso martillo que tiene por brazo izquierdo. Y el balear brotará esta semana que entra de su tierra favorita, la de Roland Garros -el torneo arranca hoy-, para volver a morder la copa. Para volver a posar...
Nunca defendió el título en una posición tan retrasada para la dimensión de su figura: número 4 del mundo y tercer favorito del torneo al causar baja Andy Murray -número 3 de la ATP y ausencia más destacada junto con Del Potro-. Pero las sensaciones vuelan más alto que su ranking. Y su tenis. Atrás quedaron -¿para siempre?- sus problemas de rodilla, los que lo llevaron a parar siete meses después de caer con Lukas Rosol en la segunda ronda del pasado Wimbledon.
Su apabullante inicio de temporada sugiere que el paréntesis quedó cerrado: ha conquistado seis de los ocho torneos que ha disputado. De ellos, tres Masters 1.000: Indian Wells (pista dura), Madrid y Roma, los dos últimos en tierra batida.
Sólo dos veces ha perdido, pues, el manacorí en este 2013. La primera fue en su vuelta al circuito ATP, en la final de un torneo menor como es Viña del Mar, Chile. Fue una toma de contacto, la vuelta al trabajo. Por eso fue testimonial la derrota ante el argentino Horacio Zeballos. Más miga tuvo la caída en la final de Montecarlo ante Djokovic (6-2 y 7-6). El serbio, que sucumbió ante Nadal en la final parisina del año pasado y que esta temporada no impresiona como en su mágico año 2011 -entonces fue Federer su verdugo en las semifinales de Roland Garros- se fue de Mónaco con la confianza a tope. A su llegada a Francia, prefiere olvidar sus recientes tropiezos con Dimitrov en Madrid y con Berdych en Roma, y proclama que está en condiciones de usurpar el trono predilecto del mejor tenista visto sobre el polvo de ladrillo.
Enfrente, Nadal ya se siente Nadal. Después de siete meses de hibernación, lo principal era volver a sentirse tenista, más incluso que soltar músculo y adquirir un estado de forma óptimo -en Montecarlo aún le faltaba un punto para ello-. Y lo ha logrado. Ya está en disposición de ir a por su octavo Roland Garros para agrandar su leyenda. Empieza frente al alemán de 25 años Daniel Brands, 60 del mundo, con el que nunca ha jugado. Si no hay sorpresas, se cruzará con el suizo Wawrinka en octavos y con el francés Gasquet en cuartos. Djokovic aparecería en semifinales, lo que puede jugar a favor del español viendo que las últimas 11 veces que se han enfrentado en la ATP ha sido en finales y el serbio venció en 8, para igualar el balance después de 16 partidos entre ambos en el circuito.
Djokovic iniciará la conquista del único grande que falta en su palmarés frente al belga David Goffin, 57 del mundo, de 22 años. Sobre el papel, tendrá que deshacerse del alemán Haas en octavos y del también serbio Janko Tipsarevic (octavo favorito) en cuartos.
Por el otro lado del cuadro, David Ferrer está destinado a cruzarse con Federer en las semifinales. Buena ocasión para que el español juegue su primera final de Grand Slam. El año pasado ya se quedó en puertas. Iniciará hoy su andadura frente al australiano Marinko Matosevic, 61 del mundo. Luego, ante Ferrer aparecerán seguramente Raonic y Berdych antes de que lo haga Federer, quien se resiste a dar el paso atrás y aún sueña con volver a la cima del tenis. De momento, lo tiene en chino: Nadal vuelve a brotar de su tierra.
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