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El balón, la única verdad

  • Rival directo. No descolgarse, obsesión con el caso Guarente en el ambiente

En este punto en el que la irracionalidad se sube a las barbas de las leyes lógicas del fútbol, al sevillismo le debe costar centrarse en lo que se supone que debe hacer en partidos como el de esta noche, animar a su equipo contra uno de los rivales directos -en teoría apenas tiene dos o tres- en la lucha por sus objetivos.

A este club, por una cosa o por otra, le cuesta un mundo que lo puramente deportivo sea el foco de atención. La visita del Valencia, aunque no debiera ser así, puede hasta convertirse en una anécdota pasajera después de la gravedad de lo destapado por Diario de Sevilla el pasado sábado y que se confirmaría ese mismo día en la voz clara y franca de Juan Ribas.

Y no debería ser así. Los puntos ante los de Unai Emery son muy importantes porque evitarían que se marchara peligrosamente en la tabla uno de los mayores enemigos del Sevilla en la lucha por la Champions. Pero el asunto de la grave lesión de Guarente y el consejo de los servicios médicos al club de no ir adelante con una inversión de más de cinco millones es lo suficientemente grave como para que la hinchada, aun sin haber recibido una explicación por parte de los responsables de la planificación y la política de fichajes, tenga los sentidos muy dispersos. No es extraño, por tanto, que hoy haya caras vueltas al palco y, para bien de Del Nido, Monchi y el resto de consejeros que forman parte de la comisión ejecutiva, lo mejor sería que la décima jornada de la Liga llegara a su fin con una victoria sevillista.

Haciendo el ejercicio -difícil porque en fútbol todo está entrelazado y más una cuestión de tal calado- de apartar una cosa de otra, lo que ocurre entre camillas y despachos con lo deportivo, el equipo de Gregorio Manzano necesita el triunfo ante el Valencia para no quedarse descolgado y para decir fuerte y claro que lo del Camp Nou fue un accidente que no se va a repetir. Porque ésa es otra. Todo esto llega en un momento delicado por mucho que el Karpaty suavizara algo la imagen futbolística del proyecto. El Sevilla no ha encajado un 5-0 muchas veces en la última década y ha sucedido ahora, en el último compromiso liguero de un equipo que sueña con meterse entre los cuatro primeros y que ahora mismo está octavo. Y que, de no ganar, sería noveno con la Real Sociedad ya por encima. O sea, la mediocridad ateniéndonos a lo que dicen los fríos números de la tabla clasificatoria.

Por eso, o Manzano hila fino esta noche o el ambiente puede hacerse más irrespirable. A lo exótico de jugar en lunes no se le podrá achacar nada, ni tampoco a que en apenas 48 horas tiene el Sevilla otro encuentro ante el Real Unión, porque el 0-4 logrado en Irún convierte la cita de pasado mañana en un trámite mucho más light que el del Karpaty.

El entrenador jiennense tendrá que sacar a toda su artillería porque lo que se juega su equipo es mucho. Si reservó el jueves a Kanoute, Luis Fabiano, Perotti, Renato y Romaric, la lógica dice que todos ellos parten con muchas más opciones que otros de ser titulares ante el Valencia. No obstante, no hay que dejar de lado la posibilidad de que incluya una pincelada para la sorpresa, llámese Zokora, llámese Alfaro o llámese Negredo, un delantero en un momento dulcísimo de forma en cuanto a goles y a juego colectivo.

Una vez operado, Jesús Navas ha iniciado su particular cuenta atrás, mientras Palop da la impresión de rebelarse contra su lesión pidiendo a Manzano esperar a la hora del partido para ver si puede jugar ante su ex equipo pese a que Juan Ribas, el hombre de la semana, fijó su regreso a los entrenamientos con el grupo para el jueves.

La temperatura del ambiente puede subir mucho más de lo que está, pues la afición puede estar asistiendo al inicio de una guerra entre los servicios médicos y el club con un final que no tiene más que un camino. Lo que sucede es que puede dejar muchos cadáveres por el camino. De momento, lo mejor que le puede pasar al Sevilla como entidad es que sus futbolistas le ganen hoy a los del Valencia. Porque, visto lo visto, todo lo que ha ocurrido lo único que demuestra es que el balón es la única verdad del fútbol. Lo demás no.

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