Una carrera ligada a una barriada

Rafael Granja Moya. Entrenador de fútbol

Una carrera ligada a una barriada
Una carrera ligada a una barriada
Miguel Lasida

05 de enero 2009 - 05:02

La crisis financiera y económica hace estragos en el deporte. También en el fútbol. De otro modo no se entiende que un entrenador que ha ascendido dos categorías en sólo dos temporadas, de Segunda Provincial a Regional Preferente, se haya quedado en paro teniendo a su equipo en la zona más alta de la clasificación.

No debe haber otra explicación que la crisis. Así debe pensar Rafael Granja, Fali, tras su repentino cese del Torreblanca Club de Fútbol. "El equipo está en la cuarta posición, a pocos puntos del ascenso, y me echan. Es la primera vez en la historia que el Torreblanca está en Preferente. Es un club modesto y me han dado sus razones, pero me han parecido extrañas. No me lo explico".

Como la mayoría, Fali es un entrenador de vocación. Pero antes de fraile fue cocinero, siempre ligado a su barriada. "Yo soy de Torreblanca. Aquí empecé a jugar, en los escalafones inferiores. Luego pasé al Sevilla, en los infantiles y juveniles. Eran los primeros años 80. Allí estaban, aunque un par de años mayores, gente como Nando y Martagón. Al final, después de un periplo en Nerva, preferí volverme a Sevilla. Me vine al barrio y jugué en los Diablos Rojos hasta mi retirada. Tenía sólo 27 años, pero tenía la rodilla cascada y además me había roto la clavícula".

De inmediato, Fali colgó las botas y las cambió por las notas del bloc, el cronómetro y el pito. Después de entenar a los escalafones inferiores del Diablos Rojos, Cerro, Alcosa, Fuentes del Rey y Torreblanca, se hizo cargo del equipo de su vida. "El Torreblanca venía de bajar de Primera Provincial. El primer año jugamos la liguilla, de la que nos apeó el Umbrete. Al año siguiente ascendimos y al siguiente, el año pasado, subimos a Regional Preferente".

Fali es un hombre de fútbol y hay cuestiones que le desagradan. El fútbol, como la sociedad, ha cambiado profundamente de unos años a esta parte. "Hasta los chavales juegan ahora diferente. Antes era una delicia ir a ver el fútbol de la cantera. Se ha perdido la alegría y el desparpajo de antes y se ha sustituido por la violencia y agresividad. Los padres tienen mucha culpa. Pretenden que un hijo futbolista les solucione la vida. En mi opinión, ése no es el camino correcto para que los chavales practiquen el deporte".

El fútbol de cantera es para Fali fundamental. Y no se explica que estén tan descuidadas en la actualidad. "Es fácil rentabilizar la cantera. El presupuesto invertido revierte con sólo sacar a un par de futbolistas. Ahí está el caso del Sevilla, que ha saneado su economía de los últimos años vendiendo canteranos. Y además, ha confeccionado una plantilla con varios títulos en las vitrinas".

La labor de preparador de fútbol tiene sus dificultades. No siempre es llevadero dirigir a un grupo de veintitantos jugadores, en su mayoría jóvenes y con sueldos y costumbres de amateur. No resulta fácil gobernar un vestuario de fútbol. "Siempre depende del grupo que te toque", asegura Fali. "Depende de la educación deportiva de los chavales. El respeto al entrenador y a los compañeros es importante. Y el entrenador, de una forma u otra, debe hacerse respetar". En cuanto a la fama del barrio, Fali no cree que la cuestión marginal de Torreblanca sea directamente proporcional a la violencia que se ve en el campo. "En cuatro años no he visto una bronca. Hay pueblos en donde hemos salido a pedradas, incluso tras haber sido derrotados".

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