Como en política, todos ganan
sevilla | rayo vallecano
Como en política, en el fútbol todo el mundo lleva razón. Nadie pierde, nadie da su brazo a torcer. Como en el resultado de unas elecciones, en el 4-1 de ayer con el que respiraba no sólo Unai Emery sino más de uno, las conclusiones eran favorables para todos tomaran el partido que tomaran en ese debate que ha monopolizado la actualidad sevillista sobre la posición de Rakitic. La foto con los dos dedos en señal de victoria la podían protagonizar tanto el entrenador sevillista -nudo de la corbata algo más flojo con este triunfo- como sus detractores, aquellos que en la última semana han criticado sus cambios y su empecinamiento en mantener al suizo-croata como uno de los dos medio centros pese al desequilibrio que ello provoca en el distema defensivo.
Rakitic fue el mejor del partido arrancando y dominando la posesión de pelota del Sevilla desde atrás y decidió el encuentro con dos goles que fueron clave para el resultado final, los dos primeros, pero también durante muchos minutos, demasiados, se pudo comprobar que con este sistema al equipo nervionense le cuesta muchísimo tener el control de los partidos sea cual sea el rival.
Pese al triunfo y pese al resultado amplio que al final reflejó el marcador del Sánchez-Pizjuán, los pitos aparecieron más de lo aconsejado mientras el balón estuvo en juego. El Sevilla respira, abandona la incomodísima y estridente condición de colista, pero Emery sigue discutido por el entorno, que no acaba de entender sus decisiones y tampoco sus explicaciones. El personal discutió sus cambios, no dejó de protestar y se desesperó en muchas fases del encuentro exteriorizándolo con ese runrún incesante indicativo de que el nerviosismo persiste en la grada, de que el aficionado no las tiene todas consigo ni con el resultado a favor, ni con el rival en inferioridad numérica.
El Sevilla, con Rakitic siendo su líder o sin serlo, es un equipo descontrolado en el que en una balanza siguen pesando más los jugadores de ataque que los defensivos. El trabajo de M'Bia, aplaudido y reconocido ayer, tiene un punto de locura producto en parte de la soledad en la que se mueve como de ciertas desaplicaciones tácticas propias de un jugador que quizá tenga vicios de barrer hacia delante más que hacia atrás. De cualquier forma, todo jugador africano, probablemente por genética, es poco ordenado tácticamente y, sobre todo tras el segundo gol, la grada pedía a gritos la entrada de Iborra o de Cristóforo en lugar de los desdibujados e individualistas Marko Marin y Jairo para cerrar el partido. Pero en esto, como en política, todo es demostrar hasta el final que uno lleva razón y los demás están equivocados.
Lo pensaría Emery -"no estamos perdidos; sabemos lo que queremos", fue su frase del sábado y la que puede encabezar su campaña- y lo pensaría también (cómo no) el aficionado, que, como el cliente de El Corte Inglés, siempre lleva la razón. Éstos, por ejemplo, se encontraron ayer con un nuevo argumento con que discutir la labor del vasco: que sus decisiones están haciendo caer, uno a uno, a muchos futbolistas. A Vitolo lo quemó físicamente alineándolo en todos los partidos; con Cheryshev se precipitó provocándole una nueva rotura y otros como Jairo y M'Bia siguen la misma suerte que el canario por sobrecarga.
Como la importancia de la posición de Rakitic, todo será relativo. Pero lo grave sería que fuera el suizo-croata el próximo que se cayera del barco también por un sobreesfuerzo. Sería malo. Y tanto...
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