Resultado Elecciones Municipales Sevilla 2019 Juan Espadas, el triunfo de la moderación

  • En cuatro años ha alcanzado acuerdos con todos los grupos políticos, incluido el PP para sacar adelante unos presupuestos. Su mayor mérito fue aguantar como líder de la oposición frente a la mayoría absolutísima de Zoido

Juan Espadas celebra su triunfo en las Municipales. Juan Espadas celebra su triunfo en las Municipales.

Juan Espadas celebra su triunfo en las Municipales. / Antonio Pizarro

El ganador de las elecciones municipales en Sevilla es un licenciado en Derecho que lleva tres elecciones municipales consecutivas como cabeza de lista del PSOE: 2011, 2015 y 2019. Desde que comenzó la carrera municipal no ha hecho más que mejorar los resultados.

Su gran mérito para muchos fue la capacidad de aguante que demostró tras su primera cita electoral, cuando cosechó el peor resultado del PSOE en Sevilla frente al mejor del PP. Nunca se olvide que Sevilla ha sido tradicionalmente el gran fortín de los socialistas en España, la plaza de más peso para el partido del puño y la rosa, la tierra de Felipe y Guerra, la provincia históricamente teñida de rojo cada noche electoral. Por eso aquel resultado del candidato del PSOE fue especialmente doloroso.

Juan Espadas (Sevilla, 1966) se mantuvo como líder de la oposición frente a un Zoido con veinte concejales, pasó unos primeros meses algo amilanado, se recompuso, supo buscarle las cosquillas al gobierno poco a poco y logró volver a ser el candidato del partido. Aquellos cuatro años de sufrimiento frente a un PP con mayoría absolutísima fueron la clave para su forja como político municipal.

Zoido se pegó el trastazo en las urnas en 2015 al perder 60.000 votos en cuatro años. Espadas logró poco más de tres mil votos más, pero fueron suficiente para ascender a la Alcaldía con un pacto de investidura con Ciudadanos y la izquierda radical (Participa e IU).

Gobierno municipal en minoría

El segundo gran logro de Espadas ha sido saber gobernar estos cuatro años en minoría. Las experiencias de alcaldes sin mayoría absoluta ni coaliciones estables han sido traumáticas en muchas ciudades. En el caso de Sevilla, Manuel del Valle gobernó dos mandatos: uno con absoluta y otro en minoría. Y siempre reconoce que los cuatro años en minoría fueron un suplicio. Pero Juan Espadas ha sabido mantener el tono institucional, los equilibrios y una interlocución fluida más o menos con todos los grupos políticos. Hasta logró el apoyo del PP para unos presupuestos. Ha tenido la habilidad de pactar con todos los grupos políticos en algún momento del mandato, lo que le ha permitido aparecer como un político de centro.

Espadas no despierta pasiones ni falta que le ha hecho. No es un hombre fuerte en lo orgánico. En el partido, hasta ahora, se ha limitado a ser leal a Susana Díaz. Y así le ha ido bien. Ha sido consejero de Vivienda y otros cargos en el siempre complejo organigrama de la Junta.

Como alcalde sí genera respeto en los círculos de la Sevilla oficial, donde está bien considerado desde el principio. No tiene aristas ni tampoco ha dado pie a grandes polémicas. Hay que recordar que la ciudad vivió los doce años de Monteseirín con sobresaltos, escándalos e irregularidades, sobre todo en el tercer mandato.

Los cuatro años de Zoido en la Alcaldía estuvieron marcados por un nivel de expectación muy elevado, una de las principales causas de su caída posterior. A Zoido se le exigió por encima de sus posibilidades en una Sevilla sumida por aquel entonces en la peor crisis económica al igual que el resto de las capitales. Espadas supo esperar, fue paciente, sabedor de que cuando se tienen 20 concejales es casi una misión imposible mantener el resultado.

Espadas encabeza la lista más votada por primera vez. La ciudad ha respaldado su perfil moderado, más de técnico que de político puro y duro. Genera esa percepción muy probablemente por su experiencia de años en puestos de la Junta. Se le ve más como gestor que como político, lo cual le beneficia en una coyuntura de escaso prestigio, en general, para la clase política.

Espadas no ha podido sacar estos cuatro años la iniciativa que pretendía que fuera la estrella de su mandato: la ampliación del tranvía desde el Prado hasta Santa Justa. Pero se ha hecho la foto con el ex presidente Obama, ha presumido de posicionar la ciudad como nunca en los mercados turísticos, ha apostado por una Feria más larga, ha garantizado la seguridad en la Madrugada y, sobre todo, ha logrado que el gobierno local no sea objeto de escándalos. La vida municipal ha transcurrido con relativa calma. Yeso siempre beneficia al que gobierna.

Espadas es el discreto alumno de los salesianos, el estudiante solvente de Derecho, el hombre que lleva un pelín largas las mangas de la chaqueta, el católico practicante, el alcalde socialista que se entiende con el cardenal Amigo, al que le puso una calle a los pies de la Giralda, y con monseñor Asenjo;el alcalde que quiere traer el Papa a Sevilla. Será alcalde por segunda vez. Disfrutará (o sufrirá) de ese segundo mandato que pidió para culminar sus objetivos. Y según su declaración de intenciones, se irá después a otros objetivos.

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