"Cipollini es la Italia de Berlusconi"
Ander Izagirre | Periodista
Tras Plomo en los bolsillos, su libro sobre el Tour que ya lleva 12 ediciones, Ander Izagirre (San Sebastián, 1976) pedalea por Italia en Cómo ganar el Giro bebiendo sangre de buey (Libros del KO), donde narra aventuras, curiosidades, heroicidades y miserias de la ronda transalpina. Periodista viajero de los que escudriñan sitios y personas, ha publicado también Cansasuelos (su viaje a pie por los Apeninos) y Los sótanos del mundo (su recorrido por las depresiones geográficas más profundas de seis continentes). Por Potosí le dieron el Premio Euskadi de Literatura de 2017 y el English Pen Award de 2018.
–Con el título de su libro, Cómo ganar el Giro bebiendo sangre de buey, se ha podido marear algún lector aprensivo...
–El Giro tiene tantas escenas de vértigo, sangre, sudor y avalanchas de nieve como para prevenir desde el título.
–Sirvió desde su nacimiento en 1909 de elemento vertebrador de una joven Italia y cuajó pese al desprecio del Vaticano y de Mussolini. Vaya mérito.
–Antes, en 1907, hubo una polémica en el Giro de Lombardía. Descalificaron a Gerbi por sobornar a un guardia de un paso ferroviario; fueron un montón de tifosi a quemar ejemplares de La Gazzetta dello Sport delante de las oficinas. En el periódico pensaron que así venderían mucho más. Así que el Giro empezó con una hoguera.
–¿Las crónicas de Dino Buzzati deberían ser de lectura obligatoria en las facultades de Periodismo?
–Y muchas más. Los periódicos mandaban a grandes escritores italianos para cubrir el Giro: Indro Montanelli, Dino Buzzati, Curzio Malaparte... Escriben joyas que no sólo son crónicas deportivas, buena literatura.
–Malabrocca fue un pícaro que lucía la maglia nera aposta porque el último ganaba un buen dinero y encima era un ídolo. Mucho mejor que la vida de Poulidor, eterno segundón.
–Sufrían todos porque eran muertos de hambre de la posguerra, incluso esprintaban en los pueblos para llevarse un salchichón. Había un premio en metálico para el último, pero no podía llegar fuera de control, así que había que calcular. Malabrocca hacía de todo: se escondía en pozos, se iba a pescar o negociaba con Coppi y Bartali para un premio intermedio. Tenía una vida estresante.
–Los mano a mano de los italianos Saronni (2 victorias) y Moser (1) se los llevaba el francés Hinault (3).
–Querían revivir los grandes duelos de Coppi y Bartali, pero era una versión descafeinada. Saronni y Moser no fueron de grandes vueltas, aunque les quitaban los puertos del recorrido; cuando iba Hinault, ganaba siempre. Les salió rana.
–Junco de Bérriz (Marino Lejarreta), Volcán de Baracaldo (Juan Tomás Martínez), Potro de Guernica (Fede Etxabe)... ¿Los vascos tienen mejores motes que los futbolistas argentinos?
–El Junco de Bérriz es muy poético y el Volcán de Baracaldo, insuperable... En los primeros años del Giro estaba el Castrador de cerdos (Dortignac).
–El ciclismo, como pasó con los toros, ¿perdió parte de la mística cuando sus protagonistas dejaron de ser feos y hambrientos?
–En parte sí, pero ésta es una sociedad distinta, no estamos en posguerra. El Giro por lo menos mantiene por el escenario. Ya no son ciclistas feos y hambrientos, pero el Giro trata de que sigan peleando como si lo fueran, con carreteras de tierra, montañas con nieve...
–Soy de corredores con poca literatura: Rodríguez Magro, Mancebo...
–La Repubblica publicó el año pasado el original de la famosa foto del bidón de Coppi y Bartali, y descubrimos con pasmo que al lado estaba el belga Stan Ockers, ciclista pequeño, retorcido, feo. Es maravilloso que lo hayan resucitado. Estos tipos menos elegantes, contrahechos, peleones, roedores del ciclismo, están ahí para mordisquear a los grandes. Vamos a reivindicarlos.
–En cambio, Mario Cipollini da para una saga.
–Es el reflejo de una época, Cipollini es la Italia de Berlusconi: televisión, sexo, show, era un egocéntrico del carajo y un personaje muy noventero. En el Giro se ve cómo va cambiando Italia.
–Fue muy celebrado Mi abuela y diez más, su libro de la Real Sociedad. Una rivalidad como la vizcaína y la guipuzcoana, en la que los vecinos se regalan los puntos al final de Liga, es una porquería.
–No soy muy fanático. Los de Bilbao presumen de ser mucho más apasionados. ¿Dedicarle al fútbol ese desgarro y esa sobreactuación es bueno? Los guipuzcoanos somos un poco melifluos, flojos en esta cuestión de las pasiones.
–¿Qué sentido tiene hacer libros y reportajes de viajes en la era de Ryanair?
–Permite poner el pie en el sitio, pero para profundizar hay que quedarse. La manera de conocer las historias, los personajes y la sociedad es dedicarle tiempo y el resultado suele ser un reportaje largo o un libro, no un tuit.
–¿Los nacionalismos se curan viajando?
–Como fuera de casa no se está en ningún sitio.
–Reflejó la pobreza, la esclavitud y la violencia en las minas de Potosí, ¿no es hora de cambiar el dicho "vale más que un..."?
–Es el gran símbolo universal de la riqueza y el escenario de la pobreza y la explotación más miserables. No lo cambiaría por el contraste: tanta riqueza y gente tan explotada. La riqueza puede ser una maldición, algunos se la llevan y otros muchos la padecen. Tiene su trampa.
–Ha escrito de depresiones geológicas. ¿Se habría hecho rico de haberse especializado en depresiones psicológicas?
–Con 24 años estuve nueve meses de viaje con un grupo. Visitamos seis depresiones geográficas y la séptima fue económica porque me pulí todo mis ahorros. Y fui muy feliz. Así que la depresión económica puede ayudarte a no tener depresiones psicológicas.
–Me da envidia que titulara un reportaje El hombre de los 200 penes, sobre el director del Museo Falológico de Islandia.
–Es el que más veces he vendido, no nos vamos a engañar. Podemos hablar de grandes temas económicos y sociales, pero en cuanto hay unos penes de por medio...
–¿En serio hay un miembro de 1,70 metros de un cachalote?
–Es descomunal. El del hámster era el más pequeño y estaban esperando el de un humano, que lamento decir que estaba más cerca del hámster que del cachalote.
–¿No le seduce la idea de ir al museo de orinales de Ciudad Rodrigo?
–No lo conocía, pero habría que hermanar el de los penes con el de los orinales.
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