Pablo Heras-Casado, director de orquesta

"Escribir un libro ha sido útil para darme cuenta del esfuerzo del camino"

Pablo Heras-Casado, director de orquesta. Pablo Heras-Casado, director de orquesta.

Pablo Heras-Casado, director de orquesta. / G.H.

Pablo Heras-Casado (Granada, 1977) es uno de los directores de orquesta españoles con más proyección. Su carrera comprende una amplia gama de repertorios. En la actualidad es director principal de la Orchestra of St. Luke's de Nueva York (desde 2011) y principal director invitado del Teatro Real de Madrid (desde 2014) y del Festival de Música y Danza de Granada. Ahora publica con Espasa A prueba de orquesta, un libro en el que aborda el mundo de la música clásica pero también el suyo propio porque intercala píldoras de su infancia, de sus conciertos internacionales o de su vida familiar.

-El balance de su primer año como director del Festival de Música y Danza de Granada afirma que ha sido muy positivo pero, ¿y en lo personal o para compatibilizarlo con sus labores como director de orquesta?

-Es un reto añadido ejercer de director de un Festival como el de Granada y a la vez estar involucrado en procesos creativos que necesitan reflexión, tiempo, ensayos... Pero no hubiera estado preparado para algo así si no llevara a mis espaldas el bagaje de mi día a día desde hace años, estar de gira con orquestas y tener que acudir a eventos sociales, hacer entrevistas en los descansos y atender a instituciones, espónsores o público. Por eso es un trabajo era muy agotador pero también hecho a mi medida.

-Según su web, en su agenda ya está todo cerrado hasta la próxima edición.

-En realidad mi agenda está prácticamente cerrada a tres o cuatro años vista. Trabajo casi siempre en esos términos.

-Además, este mes de septiembre se ha estrenado como escritor con A prueba de orquesta. ¿Cómo le ha resultado el proceso?

-Al principio fue un poco más complejo coger el ritmo, tomar nota, ponerse a escribir... Pero al final ha sido un ejercicio precioso porque estamos acostumbrados a proyectar siempre el siguiente concierto, la siguiente gira... Y a muchos años vista. A veces, tendemos a olvidar el recorrido, desde los éxitos a todo lo que han costado las cosas. Hacer este ejercicio de memoria que supone escribir un libro ha sido muy útil para darme cuenta del esfuerzo del camino.

-Y, una vez cogido el ritmo, ¿cuándo encontraba la oportunidad?

-Al final hay muchos momentos en aviones, aeropuertos, hoteles o salas de espera en los que he ido dándole forma a l libro. Ha sido algo muy poco a poco a lo largo de los años.

-Una de las cosas que detalla es cómo conoció a su esposa, Anne Igartiburu. Ha querido incluir también muchos capítulos personales en la obra.

-Sí, no quería que fuese un tratado de música solamente para músicos. Deseaba que se viese que forma parte esencial de mi vida, pero también que la música son más cosas, hay que llenarla de experiencias, de personas, de momentos de alegrías, frustraciones, dudas... Hay que ver que todo es importante. Las personas y esos momentos son también parte fundamental, no es algo decorativo o anecdótico. La dimensión personal en algo como el arte es esencial.

-Tiene un hijo de dos años de edad. ¿Cómo lleva separarse de él en sus viajes?

-Como yo lo he vivido, él también crecerá en un ambiente en el que lo importante es la presencia que se tenga en los momentos en los que podemos estar juntos, que sea plena y total. Incluso estando lejos, sentirse cerca. Eso lo he tenido con mis mejores amigos y mi familia, luego con mi mujer y ahora con mi hijo. Además, los niños pequeños son los que mejor se adaptan. Dicho esto, cada vez me resulta más difícil estar lejos de él.

-¿Viaja con vosotros?

-Sí. Normalmente está en Madrid o Granada, pero nos ha acompañado a Nueva York, por ejemplo. Todo es organizarse, lo ha hecho ya mucha gente antes que yo.

-Una publicación recientemente lo ha calificado como uno de los neoyorquinos más influyentes. ¿Cuál es su lugar favorito para vivir?

-Pues sigue siendo Granada, y por mucho que me maravillen muchos sitios yo vuelvo a mi casa, a mi tierra. Sigue siendo mi pasión.

-¿Y el siguiente destino en la lista?

-Yo diría Nueva York, que es una segunda casa para mí.

-Señala sus vínculos con las amistades a pesar de la distancia. ¿Conserva algunos del colegio Juan XXIII del Zaidín, del que habla con frecuencia?

-No muchos, pero en Madrid, un vecino mío, era mi mejor amigo del colegio y nos hemos vuelto a encontrar. Conservo muy buenos recuerdos de mi paso por el colegio: hace poco un grupo de 70 alumnos del centro ha venido a verme ensayar. También mantengo el contacto con algunos profesores. Incluso una de ellas, mi favorita, mi profesora de Arte, viene a Madrid cada vez que dirijo. Es una alegría sentir todavía muy claro de donde vienes y tener esa conexión.

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