La huella del pulgar de un pie resolvió un crimen en La Rinconada
El sospechoso asestó una veintena de puñaladas a la víctima, que lo había acogido en su casa, y la Guardia Civil logró identificarlo por la huella tras dos meses de una compleja investigación
La autopsia confirma que la víctima de La Algaba murió tras recibir 480 puñaladas
Hay crímenes que resultan más complicados que resolver que otros y en los que los avances de las técnicas de criminalística cobran un papel fundamental. La Guardia Civil resolvió precisamente el asesinato de un vecino de La Rinconada que recibió una veintena de puñaladas de un amigo al que había acogido en su vivienda gracias una prueba científica: la huella del pulgar de su pie izquierdo que quedó marcada con sangre en el escenario del crimen. ¿Cómo fue posible que quedara ese rastro que condujo al sospechoso? Todo apunta a que en el transcurso de la pelea entre el presunto asesino y la víctima, el primero perdió una babucha, una zapatilla de andar por casa, y eso propició que caminara descalzo del pie izquierdo, dejando impregnadas las huellas ensangrentadas de la planta de este pie sobre el suelo de la vivienda, convirtiéndose en una evidencia científica que finalmente resultó concluyente para su identificación.
Así lo acredita un informe de la Guardia Civil remitido al juzgado de Sevilla que investiga el homicidio de José Ricardo M. G., de 47 años, cuyo cadáver fue hallado sobre la una de la tarde del 6 de mayo de 2025. Estaba tendido en el suelo, boca abajo, entre un sofá y una cama, en el local que antes había albergado un negocio familiar y que ahora estaba reformando en la calle Hernán Cortés de La Rinconada. En la planta superior de la vivienda vivían dos hermanos suyos y la esposa de uno de ellos, y la víctima había acogido unas dos semanas antes al presunto asesino, un amigo suyo, Manuel F. G., quien cuenta con un amplio historial delictivo, compuesto por una veintena de antecedentes policiales, muchos de ellos por delitos violentos como robos con fuerza o intimidación, amenazas, daños, lesiones arma blanca y malos tratos.
Aunque el cadáver fue descubierto el martes 6 de mayo por un hermano del fallecido, la muerte se produjo varios días antes, en concreto, según la autopsia, entre las 00:00 horas del sábado 3 de mayo y las 12:00 horas del domingo, 4 de mayo.
La Guardia Civil destacó el ataque "sorpresivo" a la víctima, que "anuló" sus posibilidades de defensa, puesto que no había desorden en el mobiliario ni caída de efectos al suelo, y la autopsia reveló una multiplicidad de lesiones con arma blanca, en torno a una veintena, por lo que el "ataque ha debido ser manifiestamente violento y reiterado".
Sobre la importancia de la huella de la planta del pie izquierdo, la Guardia Civil explica que en el momento de cometer el crimen, la persona que llevaba las zapatillas de andar por casa, unas babuchas que Manuel F. G. había "comprado en un chino", perdió esa zapatilla "probablemente mientras sucede el crimen, donde se encuentran otras huellas de plantares de planta desnuda del pie, lo que podría considerarse que cuando la pierde, pisa el charco de sangre que se estaba empezando a acumular". La zapatilla estaba "manchada de sangre tanto por la suela como con salpicaduras por arriba", una acción "perfectamente consecuente con ello", dicen los agentes, que recuerdan que sólo se encontró una de las babuchas en la escena del crimen.
La prueba irrefutable de la autoría del homicidio la aportó el Servicio de Criminalística de la Guardia Civil, que analizó la huella localizada en el escenario del crimen y la comparó con un "pelmatograma" -una impresión de la huella plantar del pie izquierdo de Manuel F. G.-, dado que las huellas plantares, al igual que las dactilares, tienen unas características propias de cada persona. Cada huella tiene unos puntos característicos y en España la jurisprudencia establece que ocho o diez puntos característicos "son suficientes para establecer la identidad entre dos huellas o impresiones, siempre que estos sean idénticos en cuanto a los parámetros topográficos (ubicados en la misma zona), morfológicos (de igual forma) y matemático (mismo número de crestas entre unos y otros), y no presente ninguna desemejanza natural".
Los agentes concluyen que hay una "correspondencia plena en cuanto a morfología, ubicación del centro nuclear" de la huella localizada en el escenario del crimen con el pelmatograma natural del dedo pulgar del pie izquierdo de Manuel. El informe acredita la existencia de "doce puntos característicos", por lo que identifican sin duda alguna dicha huella con la del "dedo pulgar" izquierdo del detenido.
El asesino declaró dos veces como testigo
Nada más descubrirse el homicidio, los investigadores tomaron declaración como testigo y hasta en dos ocasiones a quien posteriormente sería detenido como presunto autor del crimen. Manuel F. G., además de llevar dos semanas viviendo con la víctima, era su compañero en los trabajos de albañilería que ambos hacían, aunque Ricardo estaba ya jubilado.
Desde un primer momento, el sospechoso trató de desviar la atención de los investigadores, a los que contó que en la mañana del sábado 4 de mayo acompañó a Ricardo a comprar material para una obra en la que estaban trabajando y después se dirigieron a un "fumadero" de cocaína del Polígono Norte, donde dice que coincidieron con dos jóvenes de 30 años con las que estuvieron consumiendo droga. El investigado llega a ofrecer hasta una descripción de las dos jóvenes, a quienes Ricardo, según contó a los agentes, invitó a ir a su casa en La Rinconada para tener relaciones sexuales. Ya en el apartamento de la víctima, Manuel aseguró que estuvieron consumiendo cocaína hasta que, en un momento dado, él se duchó y a continuación subió a la vivienda de arriba, donde viven los hermanos de Ricardo, que estaban "de fiesta" y con los que estuvo toda la madrugada viendo la tele, tomando copas y jugando a las cartas.
Según uno de los testigos, Manuel le contó que Ricardo lo había "echado de la casa y sacado sus cosas a la calle", por lo que le dijeron que se quedara allí con ellos. Esa noche Manuel bajó varias veces a la vivienda de Ricardo y cuando un amigo le dijo que quería ir a saludarlo, se opuso asegurando que Ricardo estaba "agresivo, nervioso, partiendo cosas y no fuera a ser que le agrediera a él".
Los testigos manifestaron que nadie, salvo Manuel, había visto a las dos mujeres que, según el sospechoso, se habían traído a la vivienda en la tarde del sábado. Desde las dos de la tarde de ese sábado, ninguno de sus familiares había visto a Ricardo. Y cuando alguno intentó ver a la víctima, Manuel se lo impidió justificándolo porque Ricardo estaba con esas dos mujeres. Tampoco escucharon ruidos ni voces de nadie, ni de hombres ni de mujeres, ni de que la víctima estuviera de fiesta.
Al día siguiente, domingo, estuvo con los hermanos del fallecido viendo un partido de fútbol por televisión y Manuel contó a los agentes que en los días siguientes telefoneó hasta en ocho ocasiones a Ricardo, sin obtener respuesta.
Los familiares del fallecido contaron que en la tarde del lunes, Manuel F. G. bajó solo a la vivienda de Ricardo para coger alimentos del frigorífico y les dijo que "no había visto nada raro".
El principal error del detenido consistió en donar voluntariamente su ADN, el dactilograma de manos y pies, así como de la suela de su calzado, algo que hizo en su primera declaración, que tuvo lugar el mismo día en que fue hallado el cadáver. Manuel entregó voluntariamente su teléfono móvil y autorizó su análisis y estudio. Y reconoció que las babuchas eran de su propiedad y que la última vez que se las puso fue en la mañana del sábado para desayunar. También dijo que Ricardo se ponía a veces sus zapatillas. Y aseguró asimismo que desde la noche del sábado había entrado sólo en la cocina de la vivienda, pero no en el salón, que es donde se produjo el crimen.
No hubo fiesta sino "un tapeo entre los dos moradores"
La Guardia Civil explica en un atestado que la presencia de dos mujeres en la vivienda es únicamente recogida en la versión de Manuel F. G., quien tampoco facilitó sus identidades o los números de teléfono, y la inspección ocular realizada por los investigadores no refleja resto de una fiesta en el salón del apartamento, porque sólo observaron "dos vasos y un plato vacío en la mesa, incluyendo una botella de cerveza", lo que no es compatible para los agentes con la presencia de cuatro personas que se estuvieran divirtiendo, sino que lo visto "sería más compatible con un tapeo entre los dos moradores".
De ahí que concluyesen que "no es creíble" la versión que ofreció Manuel F. G. de que en la tarde del sábado hubieran estado dos mujeres en la vivienda de Ricardo. Para la Guardia Civil, el homicidio debió producirse de dos maneras posibles: "De manera espontánea entre agresor y víctima, a causa posiblemente de un arrebato colérico", que consideran la versión "más consolidada" o bien que el agresor "lo hubiera tramado y esperado el momento idóneo para coger a la víctima desprevenida, a causa eso sí, de algún motivo interpersonal entre ambos (desde drogas, dinero o simplemente incompatibilidad de la convivencia entre dos sujetos agresivos y de complexión fuerte)".
Los agentes se inclinan a que el homicidio se debió a un "enrabietamiento, bien súbito o bien aumentado a medida que se estaba desenvolviendo la comisión del crimen, motivado por contextos interpersonales entre ambos (autor y víctima)".
La detención del presunto asesino no se produjo hasta que se recibió el informe de la huella y los investigadores recordaron que "nadie" entró en la escena del crimen desde que éste se cometió, habiéndose preservado la misma hasta le llegada de la Policía Judicial y del médico forense. Los agentes tenían claro que Manuel F. G. fue "la última persona conocida que estuvo en la escena del crimen" y él mismo "impidió que otras personas accedieran a la misma, usando diferentes excusas para ello, y ejerciendo un control sobre los moradores e invitados". Y además, "salvo" el investigado, "nadie ha podido asistir a la víctima en su agonía" y Manuel F. G. "ha procurado que no se descubriera el delito y por tanto el cadáver, circunstancia que ha logrado durante aproximadamente 48 horas".
Para la Guardia Civil, el detenido ha actuado "con ventaja, hecho que le ha permitido fabricarse posiblemente una coartada, como sería que dos mujeres hubieran estado en la vivienda lugar de los hechos, y que nadie molestara a la víctima pues se enfurecería".
Sobre cuándo atacó a la víctima, concluyen que sería un momento en el que Ricardo tendría la "guardia baja", ya fuese por el estado de drogadicción, embriaguez, sueño o descuido, puesto que el fallecido tenía una "personalidad decidida y en estado de alerta su agresor hubiera salido igualmente lastimado". El agresor, prosiguen los agentes, habría esperado ese momento de guardia baja para "volcar su posible resentimiento, o bien atacar de manera súbita y espontánea, no permitiendo que su víctima se defendiera, pues podría haber salido de la situación con igual, parecido o aproximado resultado".
Una investigación "intensa y compleja"
La Guardia Civil detuvo al sospechoso dos meses después del crimen, en concreto el 8 de julio de 2025, y en ese momento ofreció un comunicado en el que calificó como "intensa y compleja" la investigación desarrollada en este caso, que implicó la aplicación de "técnicas avanzadas de criminalística sobre los indicios hallados en la escena del crimen". Gracias a estas labores, los agentes lograron la plena identificación del presunto autor, procediendo posteriormente a su detención.
Tras su arresto, el detenido fue puesto a disposición judicial, que decretó su ingreso en prisión preventiva. La Guardia Civil destacó entonces la "indispensable labor" del departamento de Patología del Instituto de Medicina Legal de la provincia en el desarrollo de la investigación.
La investigación fue desarrollada por la Unidad Orgánica de la Policía Judicial de la Comandancia de la Guardia Civil de Sevilla, contando con la colaboración de varias unidades y departamentos. Entre ellos se incluyen la Unidad Territorial de Policía Judicial de La Rinconada, el laboratorio de la UOPJ de Sevilla, y el Servicio de Criminalística de la Dirección General de la Guardia Civil.
También te puede interesar