"Para mi abuelo, Manuel de Falla fue como un segundo padre"

"Para mi abuelo, Manuel de Falla fue como un segundo padre"
"Para mi abuelo, Manuel de Falla fue como un segundo padre"
José Abad

13 de noviembre 2009 - 01:00

-El montaje del Retablo de Maese Pedro tiene un componente sentimental añadido respecto a otros trabajos previos suyos...

-Se podría decir que es el motivo por el que soy titiritero. El mejor amigo de mi abuelo fue Manuel de Falla. Gracias a esta amistad y a un interés compartido por el teatro de títeres, Manuel de Falla invitó a mi abuelo Hermenegildo Lanz a colaborar en el estreno del Retablo de Maese Pedro, en 1923.

-Dice haber saldado "una deuda moral" con Falla.

-Para mi abuelo, Manuel de Falla fue como un segundo padre. Durante los años que Falla vivió en Granada, él y mi abuelo compartieron numerosos proyectos, ilusiones y buenos ratos. Pero Falla también estuvo a su lado en los malos momentos, a diferencia de otro rinconcillista que le dio abiertamente la espalda. Falla intervino para que mi abuelo fuera liberado cuando estuvo detenido durante la Guerra Civil, y seguramente gracias a él salvó la vida.

-La tan traída y llevada Ley de Memoria Histórica no lo dejará indiferente...

-Creo que es un gran paso, más simbólico que otra cosa, pero en cualquier caso necesario. En nuestra familia creemos que Hermenegildo Lanz debería ocupar el lugar que le corresponde en la Historia, aunque sabemos que hoy es difícil porque habría que reescribir capítulos de la historia granadina que han sido manipulados, o simplemente, borrados.

-Según usted, todos sus espectáculos anteriores han girado en torno al Retablo, ¿de qué manera?

-La idea del teatro dentro del teatro, la de la confusión entre la realidad y la irrealidad, que son los pilares del Retablo de Cervantes y Falla, también son los elementos que han vertebrado el resto de mis espectáculos.

-El montaje tuvo una gestación de tres años, ¿qué obstáculos encontró?

-Lo más difícil fue hallar la manera de crear un pequeño retablo de títeres que se viera bien en una sala grande. Para esto decidí agrandar la escala del titiritero y de los espectadores de dicho retablo, con lo cual podía hacer un teatrito de grandes dimensiones pero creando la ilusión de que es pequeño. A la vez, lo que más me preocupaba era que se entendiese todo cuanto sucedía sin necesidad de una narración, que las acciones de los títeres se explicasen por sí mismas e hicieran comprensible la música. Todo esto inevitablemente derivó en muchas complicaciones técnicas que hubo que ir resolviendo a base de experimentación. El resultado final fue una gran máquina teatral, accionada por diez manipuladores y alimentada por la música.

-¿Qué problemas se derivan de manejar un Quijote de siete metros y medio de altura?

-Lo primero es el peso, que solucionamos utilizando un sistema de hilos, poleas y contrapesos. Lo segundo es que, para que este personaje haga un pequeño movimiento, es necesario un gran gesto de la persona que lo manipula. Pero lo más complicado es manejarlo sin ver realmente qué está haciendo el personaje. Durante los ensayos, el manipulador ve en vídeo lo que ha hecho previamente y así corrige la gestualidad del títere, pero durante la representación no tiene la referencia de su marioneta. Lo mismo pasa con los otros seis personajes de su misma escala.

-El premio de la crítica no sólo sanciona sus esfuerzos, sino también el modelo teatral que usted propugna, ¿no?

-Creo que conseguir un premio de esta importancia con un espectáculo dirigido a un público familiar, y protagonizado por marionetas, tiene un valor añadido para el teatro de títeres. Llevo veintiocho años en el oficio intentando que este género se revalorice. Este premio es una recompensa a ese esfuerzo de tantos años.

-Detrás de un montaje de estas características, está el empeño de muchos…

-En este espectáculo han trabajado muchísimas personas, sí. Debo agradecer a los teatros coproductores y a la Junta, que han apostado por que un proyecto tan singular pudiera ver la luz. Y a todos cuantos han confiado en mí y me han acompañado en este proyecto debo expresarles mi gratitud.

-¿Cuál sería la moraleja?

-Que es importante arriesgarse y perder el miedo a ofrecer a los niños obras de arte serias, de calidad, aunque no sean de consumo fácil, aunque haya menos aplausos al final de la representación. Este riesgo no deben correrlo sólo los artistas, sino también los teatros y los que tienen en sus manos la responsabilidad de difundir el arte y nuestro patrimonio cultural.

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