POLÉMICA Críticas a la nueva iluminación de la Muralla de la Macarena

Joaquín Sainz de la Maza

"El hambre está creciendo en zonas de África y Oriente"

  • El presidente de Manos Unidas en Sevilla viene de una familia de larga trayectoria empresarial y ha estado siempre muy vinculado a los movimientos religiosos.

Joaquín Sainz de la Maza Conesa (Málaga, 1950) es miembro de una familia sevillana de larga trayectoria empresarial. En 1904 su abuelo fundó Saimaza, que también presidió su padre, y él mismo ha trabajado en ella más de 30 años y fue director de la fábrica en Dos Hermanas. Antes se licenció en Derecho en la Universidad de Sevilla y cumplió el servicio militar en el Sahara español. Ha estado vinculado a los movimientos religiosos. Fue hermano mayor de la cofradía de la Macarena desde 1993 a 2001. Es presidente delegado de Manos Unidas en Sevilla desde 2013.

-¿Qué es Manos Unidas?  

-Es una asociación de la Iglesia Católica en España, dedicada a la ayuda, promoción y desarrollo de los países pobres. También se puede definir como una organización no gubernamental para el desarrollo, que es católica y seglar. Nuestro ideario se basa en el Evangelio y la doctrina social de la Iglesia. 

 

-Algunos les confunden con Cáritas.

 

-Son asociaciones diferentes, aunque las dos son católicas. Cáritas se centra en los problemas de España y de cada localidad. Manos Unidas está volcada en el exterior. No obstante, hay colaboración mutua y algunas acciones conjuntas. 

 

-¿Tienen delegaciones en todas las diócesis?

 

-Sí, hay 71 delegaciones, una por cada diócesis española. En Andalucía tenemos en Almería, Granada, Guadix-Baza, Jaén, Málaga, Cádiz, Jerez-Asidonia, Córdoba, Huelva y Sevilla.  

 

-¿Y en el extranjero?

 

-Los servicios centrales están en España. Manos Unidas no tiene oficinas fuera del territorio español.   

 

-¿Ayudan a países de todo el mundo?

 

-A países del hemisferio sur. Concretamente, del centro y el sur de América, de África, Asia y Oceanía.  

 

-¿Qué proyectos están desarrollando?

 

-Se atienden más de 300 proyectos anuales, con una inversión de unos 45 millones de euros. Los más importantes se centran en la lucha contra el hambre, a través del desarrollo agrícola. Promocionamos la dignidad de la mujer. También atendemos muchos proyectos sanitarios y educativos. Intentamos fomentar el desarrollo en el país de origen. Por ejemplo, no enviarles médicos de España, sino instruir a los de allí.

 

-¿Por qué sigue siendo el hambre una prioridad?

 

-Porque todavía hay 795 millones de personas que sufren hambre en el mundo. Todavía hay miles de personas que mueren de hambre, sobre todo niños.  

 

-¿No se ha reducido?

 

-Se ha reducido en general, porque había el doble de muertes. Pero ha aumentado en zonas de África septentrional y subsahariana y en el Cercano Oriente. Entre los Objetivos del Milenio, aprobados por la ONU, está erradicar el hambre en el mundo en 2030. Para ello hacen falta proyectos de desarrollo sostenible.

 

-¿Está influyendo el cambio climático?

 

-Sí. Estamos promoviendo la sensibilización contra el cambio climático. Los gobiernos parecen más concienciados. El cambio del clima crea fenómenos que provocan hambrunas.

 

-Esas situaciones apenas son conocidas.

 

-Manos Unidas está utilizando las redes sociales, como Facebook y Twitter, precisamente para dar a conocer esos casos, como la influencia del Niño en el hambre de ciertas zonas del planeta.

 

-¿Qué fue de las ayudas del 0,7% para desarrollo?

 

-Algunos países, como el Reino Unido y los nórdicos, sí lo están cumpliendo. Pero la mayoría de los países desarrollados no aportan el 0,7% del PIB al desarrollo. Esperemos que la superación de la crisis lo permita.


-¿Cómo son elegidos los proyectos?

 

-Suelen llegar a través de misioneros o de personas en los países de origen. Contamos con expertos que los analizan y aprueban si son viables. Por supuesto, no se mira el carné de identidad. Se atiende a etnias y lugares donde no son católicos.

 

-¿Ayudan a los refugiados que huyen de Siria? 

 

-También hemos colaborado, ya que se reciben donativos específicos para ayudarles. Se hace cuando hay algún problema inesperado, como ocurrió con los terremotos de Nepal, o ahora con los refugiados.

 

-¿Se pierde dinero en los países a los que ayudan?

 

-En Manos Unidas no, porque hay un control estricto. Nuestras cuentas están auditadas y son transparentes. Se vigila y se comprueba el gasto. No hay intermediarios. Además, el 10% de cada proyecto es pagado por los beneficiarios.

 

-¿Cómo se financian?

 

-Tenemos 86.832 socios que aportan el 40,2% de los ingresos. A eso se añaden los donativos. Es importante la colecta anual del segundo domingo de febrero. Asimismo se reciben legados y herencias. Los gastos están ajustados: tenemos 5.600 voluntarios que ayudan y sólo 134 personas contratadas, casi todos especialistas para los proyectos.

 

-¿Cuentan con ayudas oficiales?

 

-Algunos proyectos son cofinanciados por organismos públicos. Colaboran la Junta de Andalucía, Gobierno central, diputaciones… Supone alrededor del 10,5% de los ingresos y el resto lo autofinanciamos.

 

-¿La gente tiende a ser más solidaria?

 

-Depende. Hay solidaridad en el momento. Por ejemplo, surge el problema del ébola y crecen las ayudas. Pero la solidaridad no puede ser flor de un día, se necesita durante todo el año.

 

-¿Han notado la crisis?

 

-Sí. Los ingresos directos han bajado. Sin embargo, hemos aumentado el gasto en los proyectos, gracias a que existía un fondo de reserva de los años de bonanza, que se ha utilizado.

 

-Como la hucha de las pensiones...

 

-Pero ese fondo tenía un límite. Ya no hay hucha.

 

-¿Se debe ayudar a los pobres de fuera, si los tenemos aquí?

 

-A los de aquí no los olvidamos. Para atenderlos están Cáritas y otras asociaciones. Pero los pobres de otros países puede que incluso sean más pobres. Aun así, seguro que son más felices. Basta con ver las sonrisas de los niños agradecidos. También son nuestros hermanos.

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