"No soy partidaria de la igualdad; todos somos iguales pero distintos"

"No soy partidaria de la igualdad; todos somos iguales pero distintos"
"No soy partidaria de la igualdad; todos somos iguales pero distintos"
Francisco Correal

19 de septiembre 2009 - 01:00

-Única mujer en la Academia de Legislación y Jurisprudencia de Sevilla. ¿Se siente sola?

-En absoluto. También soy la primera y única mujer en la Corte de Arbitraje de la Cámara de Comercio, Industria y Navegación.

-¿Árbitra o árbitro?

-Árbitro. No me gusta nada lo de árbitra o abogada. El, la árbitro; el, la abogado. Para eso están los artículos.

-¿No sintoniza con una de las palabras de este tiempo: Igualdad?

-No soy partidaria de la igualdad. Todos somos iguales, pero distintos. El hombre tiene cosas muy positivas que no tiene la mujer y viceversa. Partidaria de la igualdad de oportunidades, por supuesto. Para el que valga, porque lo de las cuotas no lo entiendo muy bien.

-¿El lenguaje jurídico tiene sexo?

-La redacción de las leyes irá cambiando sin prisa, pero sin pausa. La mujer aportará un tanto de suavidad. Hará textos más asequibles, más entendibles, tiene más facilidad de llegar que la mayoría de los hombres. Nosotras tenemos más mano izquierda, sabemos torear mejor, con permiso de Curro Romero.

-¿Su promoción fue muy política?

-Terminé la carrera en 1971. Tuve de profesores a Manuel Chaves, con el que después colaboré en Empresariales, él en la teoría y yo en la práctica, y a Felipe González.

-¿Cómo enseñaba Felipe?

-Me daba en cuarto curso una asignatura que se llamaba Convenios Colectivos, Conflictos y Huelgas. Era un profesor excelente. Pese a los momentos que vivíamos, reciente la revolución estudiantil del 68, no era sectario en las clases. De Felipe sólo puedo hablar bien como profesor y como persona.

-¿Le influyó aquella época?

-Aunque siempre he sido una mujer de derechas, nunca fui conservadora. Me casé dos años después de terminar la carrera con un compañero de curso y después de despacho. Pasamos en nuestra luna de miel por París porque queríamos conocer los ecos de aquel ambiente revolucionario en la ciudad del glamour y la luz.

-Es hija y hermana de dos pregoneros de la Semana Santa de Sevilla. ¿Participa de ese mundo?

-Fui doce años camarera de la Virgen de los Estudiantes. En Semana Santa era cuando más añoraba a mi padre, porque entraba en un mundo, el de los nazarenos, que entonces estaba vetado para las mujeres. Ahora que las mujeres pueden salir de nazarenos en Sevilla, a mí me horroriza porque sé que a mi padre le horrorizaría.

-¿Le hubiera gustado ser la primera mujer que preside el Tribunal Constitucional con el 'marrón' del Estatut?

-Para nada. No me gustaría estar en la piel de María Emilia Casas.

-El árbitro más popular en España es el de fútbol...

-El arbitraje viene del tiempo de los griegos. Es el hombre bueno, el mediador que está consuetudinariamente a lo largo de la historia. El árbitro testamentario, que sustituyó al contador-partidor, es una institución preciosa.

-¿Las mujeres arbitran mejor?

-En el despacho de mi padre, yo decía que mi sitio no estaba tanto en los despachos como en el arreglo de los conflictos para evitar polémicas, dimes y diretes. La mujer tiene un componente conciliador importante.

-¿Concilia vida y trabajo?

-Me quedé viuda muy joven y un año después mi padre empezó el proceso del párkinson. Tuve que sacar adelante el despacho y a mis niños, el logro más importante de mi vida, abogados los dos. He sido ante todo y sobre todo esposa, madre, ama de casa y abogado. Los chavales jóvenes, acabo de casar a uno, ayudan en las tareas domésticas. En mi generación era distinto.

stats