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La cumbre de las Azores en la que, según Aznar, España salió del "rincón de la historia" cumple diez años Fue el preludio de la invasión de Iraq por unas armas de destrucción masiva que no existían

Tony Blair, George W. Bush y José María Aznar, en la cumbre de las Azores de 2003.
José Miguel Blanco (Efe) Madrid

16 de marzo 2013 - 05:05

"España estuvo en las Azores porque no pudo participar en el desembarco de Normandía, que es donde debería haber estado". Son palabras del ex presidente del Gobierno José María Aznar una vez abandonado su cargo y recordando la cumbre de las Azores, una cita de la que hoy se cumplen diez años y que abrió la puerta a la intervención en Iraq.

Aznar, el presidente de EEUU George W. Bush y el primer ministro británico Tony Blair se reunieron el 16 de marzo de 2003 en la base aérea luso-estadounidense de Lajes, en la isla de Terceira del archipiélago portugués de las Azores. El a la sazón primer ministro portugués y ahora es presidente de la Comisión Europea, José Manuel Durao Barroso, fue el anfitrión, y todos ellos sellaron en medio del Atlántico un ultimátum al entonces presidente iraquí, Sadam Husein.

El mensaje era claro: o se desarmaba o una coalición de países intervendría en Iraq. La respuesta, cantada, llegó cuatro días después con la puesta en marcha de la operación Libertad iraquí y con el desacuerdo de socios atlánticos tan notables como Francia.

Iraq estaba en el punto de mira de Bush desde los atentados del 11-S, cuando lo incluyó, junto a Irán y Corea del Norte, en el que denominó "eje del mal". Poco después de la invasión, el régimen iraquí cayó y Hussein pasó unos meses en paradero desconocido hasta que fue detenido en diciembre y, tres años después, fue ejecutado en la horca.

Los preparativos de la cumbre de las Azores fueron intensos, y Aznar estuvo muy activo desde el principio, convencido de que el dictador iraquí poseía armas de destrucción masiva. El primer presidente del PP en la historia de la democracia consideraba que la intervención estaba respaldada por las resoluciones que había dictado la ONU y quiso que España estuviera en el primer plano para que el país saliera del "rincón de la historia". "España, en esta ocasión, estuvo donde tenía que estar y con los que tenía que estar", escribió años después en uno de sus libros. En aquella cumbre sí parecía tener bien claro al lado de quien tenía que aparecer en la foto.

Le delató el movimiento que recogieron las cámaras en el momento en el que los protagonistas de la cita posaban sonrientes para los informadores gráficos, ya que hizo un rápido quiebro para cambiar del lugar y situarse justo a la izquierda de Bush. Era el sitio preeminente que creía que merecía España.

En hora y media de encuentro hubo tiempo para el optimismo y la cautela. Optimismo personificado en el presidente estadounidense, según explicó después Aznar, quien aseguró que, por contra, él quiso en todo momento colocarse en la peor de las situaciones por previsión y para ahorrarse posteriores disgustos.

Aunque corta, la cumbre fue suficiente para perfilar los detalles de lo que ya tenían previsto Bush, Blair y Aznar, quienes comparecieron posteriormente en una rueda de prensa en la que el presidente del Gobierno español consideró que se estaba dando una última oportunidad a Hussein para desarmarse. Rechazó que la cumbre alumbrase una declaración de guerra, recalcó que la cita de las Azores se había convocado tras haber trabajado por lograr una salida pacífica y trasladó toda la responsabilidad de lo que ocurriera al líder iraquí

Aquella reunión supuso efectivamente que España se situara en la primera plana de la política internacional, para unos como símbolo de su fortaleza, y para otros como imagen de un erróneo seguidismo de EEUU. La presencia de tropas españolas en Iraq dio pie a las interpretaciones de si participaban realmente en una misión de paz o en una guerra.

Y los puntos de vista distantes surgieron incluso en el seno del Gobierno, con un vicepresidente como Rodrigo Rato mostrando a Aznar su criterio contrario al envío de tropas, una jugada que quizás le costó la sucesión. Más tarde llegaron los atentados del 11M, la victoria socialista en las elecciones de tres días después, la retirada de las tropas de Iraq ordenada por José Luis Rodríguez Zapatero cuando sólo llevaba unas horas de presidente del Gobierno y el reconocimiento de Aznar de que en Iraq no había armas de destrucción masiva.

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