Cañas y barro:el mal tiempo marcó el inicio

Domingo Preferia

La lluvia estropeó la exhibición de enganches, salvó los toros y convirtió el real de la Feria en un auténtico barrizal.

Francisco Correal

27 de abril 2009 - 09:09

Cañas y barro sin Blasco Ibáñez. Salvada la Semana Santa tras ocho años de inclemencias térmicas, la Feria se mojó en la víspera. El real era un barrizal y cada caseta acudió a la ingeniería de cartones para facilitar el acceso. La Feria se llenó de paraguas. Las madres jugaban a Mary Poppins y los niños creían que el barro formaba parte de la fiesta. El mediodía se salvó. Un alivio para los que remataban los detalles. Al séptimo día casi nadie descansó.

Es jornada el domingo de recepciones gastronómicas más bien íntimas. En Wifredo el Belloso había paella para los socios. Jean-Paul Goujon, sevillano de Burdeos, hacía de anfitrión. ¿Vendrá Sarkozy?, le preguntaban algunos amigos. Le pega más a Carla Bruni, la Grace Kelly del siglo XXI. En la caseta de la Prensa, el centenario se celebraba con un potaje popular. "Le falta el toque del maestro", decía un camarero a los más impacientes. La comanda del siglo. Los camareros vienen de Lebrija, paisanos de Mariquita Torres, la Simone Ortega del sur.

DEL CONSEJO REAL

El Milagro de la Feria. El título de una de las casetas resume a las mil maravillas este realismo mágico de real de la magia. Un ejemplo. El reportero anda perdido en ese cruce de caminos con nombres de toreros, burla burlando entre burladeros. Ve a Mercedes, la esposa de Luis Miguel Martín Rubio, que fue concejal de Seguridad en el Ayuntamiento de Soledad Becerril. Lo invitan a su caseta. Está en la esquina de Chicuelo con Pascual Márquez.

Los ojos del reportero se convierten en una cámara de cine. Allí está Jesús Melgar, intrépido reportero que estuvo en el Bagdad bombardeado de la primera guerra del Golfo y va a dirigir la revista Entre Tenedores, órgano periodístico de Carlos Herrera. En una mesa está Jesús Quintero; en otra, José Cañete, presidente de los comerciantes de Sevilla, con su esposa, la más pequeña de las hermanas de Juanita Reina. Isamay Briones reparte pimientos de Guernica. Esta periodista sevillana, hermana de ilustres y olímpicos remeros, se fue al País Vasco y vive en Guecho, en Las Arenas. Ha vuelto a su patria chica con amigos de su tierra adoptiva: Óscar Terol, donostiarra que revolucionó la televisión vasca con el programa Vaya semanita y es autor del libro Ponga un vasco en su vida, y las bilbaínas Idoia Lauzirika, dentista, y Blanca Lorente, maruja en su propia definición profesional. Paisanos de José María Ybarra, el vasco que fundó con Narciso Bonaplata la Feria hispalense. Pimientos de Guernica, patria chica de Iriondo, superviviente del quinteto de San Mamés -con Venancio, Zarra, Panizo y Gaínza- que entrenaba al Betis campeón de la primera Copa del Rey en la posferia de 1977.

Detrás de este consulado euskaldún, Carlos Herrera ataviado con uniforme de cocinero de pedigrí, aplica su creatividad a tres paelleras distintas. La cuadratura del círculo. Llega Salvador Domínguez, ex gobernador civil de Cádiz que fue el primer director general de Canal Sur. Mercedes y Ricardo Laguillo son bisnietos de José Laguillo, el histórico periodista que dirigió El Liberal entre 1909 y 1936. Tan centenario como la caseta del potaje.

De Jesús Quintero a Carlos Herrera. Uno de Huelva, de San Juan del Puerto. Otro de Almería. Ganaron el pulso al centralismo haciendo radio para toda España desde Sevilla. De la Semana Santa a la santa semana de la Feria. Por la calle Asunción va a la portada José Sánchez Dubé. Por el real, Antonio Ríos. Dos ex presidentes del Consejo de Hermandades y Cofradías. En la equivalencia del calendario, ayer fue domingo de Ramos en Los Remedios. Y en Nervión, pero ésa es otra historia.

Cuando en noviembre invitaron a Antonio Pulido, presidente de Cajasol, a participar como conferenciante en Chile en un congreso internacional de cajas de ahorros, aceptó encantado. "Si llego a saber que coincide con la Feria, digo que no". Ayer estaba en su caseta particular, en el encuentro de los incondicionales. Es a su modo un pionero. En la actual oleada de cordobeses que aterrizan en Sevilla, Pulido, cordobés de Castro del Río donde Cervantes estuvo preso y donde el psiquiatra Castilla del Pino tiene casa, dos expertos en locos geniales, fue el primero que llegó a Sevilla. Después lo harían Monseñor Asenjo Pelegrina, que llegó a la diócesis de Sevilla desde la de Córdoba, o Rosa Aguilar. "Y Griñán casi siempre ha sido diputado por Córdoba", apunta Pulido, que ve desde su caseta cómo un grupo de muchachas recoge desde un camión los farolillos reventados por la lluvia. Una de ellas lo hace mientras baila por sevillanas. Se entiende que Pulido no quiera irse a Chile ni a por nitrato.

La lluvia anunció doble sesión, mañana y tarde, pero salvó los toros después de cargarse la exhibición de Enganches de la mañana en la Maestranza. La gente buscó el consuelo de la pitanza. Jerónimo Mingorance consiguió en la caseta de la Prensa el penúltimo plato de potaje. Tenía su coherencia centenaria: el mismo año, 1909, en que se crea la Asociación de la Prensa murió el jefe indio Jerónimo, su ilustre tocayo. Ayer quedó inédito el séptimo de caballería. En la Feria del cartel de Salinas, caminaba por el puente de San Telmo Ricardo Cadenas, que hace una década llevó a su cartel la quietud de Pepe Luis Vázquez.

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