Triple crimen en Dos Hermanas

La Policía siempre sospechó que el móvil del triple asesinato fue un "ajuste de cuentas" por narcotráfico

  • El turco asesinado y el Pollino se habían realizado 125 llamadas en los meses de junio y julio previos a los asesinatos

  • El jefe de Homicidios reconoce que la colaboración del Tapita "aceleró muchísimo la investigación"

El Pollino sale de los juzgados tras una de sus declaraciones El Pollino sale de los juzgados tras una de sus declaraciones

El Pollino sale de los juzgados tras una de sus declaraciones

El jefe del Grupo de Homicidios de la Policía Nacional cuando se cometió el triple crimen del turco Yilmaz Giraz, de su mujer, Sandra Capitán, y de su hija Lucía Begines, de sólo seis años, ha asegurado en su declaración en el juicio contra Ricardo García Hernández, el Pollino, y los otros seis acusados que desde el primer momento sospecharon que el móvil podría tratarse de un "ajuste de cuentas" relacionado con el tráfico de drogas y que podía tratar de un "secuestro para cobrar una deuda".

La denuncia por la desaparición de las tres personas se presentó el lunes 18 de septiembre de 2017 y desde el primer momento se consideró de "alto riesgo", por lo que esa misma tarde se hizo cargo de la investigación el Grupo de Homicidios, en colaboración con la Unidad de Drogas y Crimen Organizado (Udyco), dado que el ciudadano turco desaparecido había tenido otra identidad conocida durante muchos años como la de Mehmet Demir, una persona que había figurado en otras investigaciones policiales anteriores relacionadas con el tráfico de heroína y la "mafia turca" dedicada al tráfico con estas sustancias.

El inspector jefe ha explicado que estas sospechas iniciales aumentaron cuando Josefa Capitán, la madre de Sandra, recibió una llamada telefónica el día 23 de septiembre indicándole que un tal "Ricardo, el Pollino" era quien tenía a las tres personas desaparecidas en una vivienda de la barriada de Ibarburu de Dos Hermanas, por lo que se encargó la observación y vigilancia del clan familiar de los Cabo, quienes según el funcionario policial no se dedicaba a ninguna actividad laboral y en cambio tomaban muchas medidas de seguridad. Asimismo, hay una llamada de un familiar a Josefa Capitán, en la que el comunicante le comenta que el Pollino se dedica a la venta de heroína y podía tener "trato con el turco".

En el transcurso de la investigación policial se analizó el tráfico de llamadas de los dos teléfonos móviles que utilizaba frecuentemente Yilmaz Giraz, donde comprobaron que de un total de 400 llamadas realizadas entre los meses de junio y julio, 125 llamadas habían sido comunicaciones con un teléfono usado por el Pollino.

En su primera declaración en el juzgado, el Pollino reconoció que los crímenes se debieron a un "ajuste de cuentas", por cuanto le debía 30.000 euros al turco por un "asunto de drogas" y éste a su vez "se lo debía a otro turco que se llamaba Alis que se los estaba reclamando". El Pollino le dijo a Yilmaz Giraz que le pagaría en dos o tres meses, pero el turco comenzó a "amenazarlo a él y a su familia", recoge su declaración, de la que luego se retractó, inculpando a David Ramón Hurtado, el Tapita, quien supuestamente le había alquilado la vivienda por un día.

Según la primera declaración judicial del Pollino, estando en su casa de Dos Hermanas, Mehmet Demir le dijo: "¿Qué pasa?, ¿me vas a pagar?", y a continuación "ambos sacaron sus armas, pistolas del 38 y se tirotearon". El Pollino añadió que le disparó dos o tres veces al turco y éste le tiró a él pero no le dio. Después lo enterró en el agujero del baño.

Con respecto a la muerte de Sandra Capitán y su hija, el Pollino dijo en la declaración de la que después se retractó que la mujer se "abalanzó hacia él para arañarle", por lo que le disparó "dos o tres veces" y le dio "en un brazo". Entonces, según esa primera versión del Pollino, la mujer puso a la niña "por delante" y, aunque le disparó a la madre, la bala alcanzó a la niña en la nuca. Y después "los remató a todos con un tiro en la cabeza". Según el Pollino, "pensó en no hacer nada a la niña y entregarla a la familia, pero no pudo porque la mujer no lo dejaba" y añadió que él "sólo tenía algo con el turco pero pensó que si dejaba viva a la mujer podía declarar".

Un "búnker de venta de drogas"

El inspector jefe ha dicho en su declaración que la vivienda del número 168 de la calle Cerro Blanco era un "búnker de venta de drogas", que tenía ocho o nueve cerrojos y en el que ya se había realizado una operación policial en el año 2013, fruto de la cual tenían conocimiento de que había un "pozo profundo" y además los testigos hablaban de una vivienda donde había "un zulo" en el que sospechaban que las víctimas podrían estar secuestradas.

Cuando finalmente entraron en la vivienda, el 30 de septiembre, observaron que la misma estaba completamente diáfana y lo que les llamó la atención es que en el cuarto de baño había "seis lozas con llagas blancas y el pegolán estaba dispuesto de manera diferente", por lo que hicieron una cata y a continuación llamaron a los especialistas de la Policía para excavar hasta que descubrieron algo que parecía un trozo de piel, algo que confirmó la médico forense.

A partir de ahí, tuvieron que solicitar la ayuda de la Unidad Militar de Emergencias (UME) para proceder a sacar los tres cadáveres, con el auxilio de maquinaria más pesada, hasta que sobre las 23:00 horas del 1 de octubre de 2017 encontraron una botella de agua de medio litro con seis casquillos de bala percutidos y un cartucho completo, y a continuación los tres cadáveres.

En su declaración, el inspector jefe ha reconocido que la colaboración de David Ramón Hurtado Pino, el Tapita, que fue contratado supuestamente para "darle un susto" al turco, "aceleró muchísimo la investigación". El ADN de este acusado fue hallado en la botella que contenía los casquillos.

La botella con los casquillos hallados en la fosa séptica de la vivienda. La botella con los casquillos hallados en la fosa séptica de la vivienda.

La botella con los casquillos hallados en la fosa séptica de la vivienda. / M. G.

Sobre la participación de la madre del Pollino en los hechos, Joaquina Hernández, el jefe de Homidicios ha asegurado que la detuvieron por el "conjunto de todas las investigaciones" y una vez que había "datos suficientes que justificaban" su arresto.

En su declaración, el inspector jefe ha recordado además la llamada que el domingo 17 de septiembre, tan sólo un día después del triple asesinato, recibió una hija del ciudadano turco. En esa llamada le dijeron, en un turco "mal hablado", dos palabras: "Vuldular öldü", que traducidas significan "le dispararon, está muerto".

Cuando la hija del turco intentó contactar con el número que le había telefoneado, sólo pudo hablar con un joven "con acento andaluz" que les negó haber llamado desde ese número a nadie y añadió que tenía ese teléfono desde hacía un año, colgándole a continuación.

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