Juicio con jurado popular

El agente encubierto y Asuntos Internos ponen a los pies de los caballos al guardia civil acusado de ser narcotraficante

De izquierda a derecha, el teniente Raúl P.M., José María C.C. y Roberto O.C.

De izquierda a derecha, el teniente Raúl P.M., José María C.C. y Roberto O.C. / José Ángel García

El teniente de la Guardia Civil acusado de aceptar dinero de narcotráficantes y trabajar para ellos no tuvo este martes el mejor día posible en la Audiencia de Sevilla. En la segunda sesión del juicio con jurado popular que está analizando su actuación, y la de otros dos encausados, declararon tanto el agente encubierto que lo “engañó” para descubrir sus planes como el director de investigación de Asuntos Internos y ambos se refirieron a las “numerosas ocasiones” en que Raúl P.M. propuso robar droga, pidió información para usarla en beneficio de los criminales y ofreció recompensas al compañero que se hizo pasar por corrupto para pillarlo. “Estaba loco por tener dinero”, llegó a decir un testigo. El otro resaltó su “afán y obsesión” por eso mismo.

El primero en comparecer fue el agente encubierto. Para empezar reconoció que tenía “una relación cercana” con el acusado aunque no eran amigos, al contrario de lo afirmado el lunes por el encausado. De todas formas, lo elogió incluso con cierta vehemencia: “Era un gran profesional, uno de los mejores oficiales que he conocido, sin duda. Tenía un futuro muy prometedor, pero se torció”.

Tanto “se torció”, según sus propias palabras, que “prácticamente en 35 ocasiones” le propuso “robar la droga de los contenedores” que hay en la mismísima Comandancia de la Guardia Civil, en Montequinto. “Yo lo rechazaba porque era una locura. Al final se mosqueó y amenazó con que él iba a entrar a robar. Pusimos una alarma porque el teniente Raúl [así se refirió a él de manera recurrente] de verdad era capaz de entrar a robar”, recordó. Ese hurto frustrado, que incluyó el intercambio de los auténticos fardos de hachís por otros rellenados con arena, fue el punto final de la investigación. Esa noche fueron detenidos todos los acusados: el guardia civil, cerca de la finca del acusado José María C.C. donde iban a depositar la sustancia estupefaciente; los otros dos, en la puerta del cuartel.

Ese fue el punto final de la investigación, pero antes hubo muchos encuentros, “más de 300”, entre el agente presuntamente corrupto y el agente que fingió serlo. El primero, el encausado, era el jefe de la Brigada de Seguridad Ciudadana (Usecic); el segundo dirigía el Equipo de Delincuencia Organizada y Antidroga (EDOA). Ambos vivían en la Comandancia de Montequinto. “Me proponía de manera constante”, relató el infiltrado. Lo que le proponía era que en sus bases de datos buscase información “sobre narcos muy conocidos” para que estos supieran si estaban siendo investigados. “Mi enlace de Asuntos Internos filtraba los datos y yo le daba lo que me dejaban”, contó. “Todas las personas que consultaba tenían relación con el narcotráfico. Mantuvo contacto con numerosos delincuentes. Él no tenía acceso a la información sobre los delincuentes, él tenía acceso a los delincuentes”, aseguró el responsable de Asuntos Internos.

En agosto de 2019, Raúl P.M. ofreció al agente encubierto “dinero para comprar al juez y el fiscal” del caso de M.G.L., un narco que había sido detenido en mayo con un cargamento de 1.100 kilos de cocaína escondidos en cajas de plátanos en El Palmar de Troya. Es el mayor alijo de la historia de Sevilla. En total, según la versión del testigo, le pagó cuatro veces.

Durante todas las citas que tuvieron, el teniente de la Usecic le propuso ideas “descabelladas” y le habló de un sinfín de narcos. “Una vez me comentó que Chapín le había alquilado un garaje en Torreblanca y que había comido con él. Y yo le decía ‘pero qué haces comiendo con un narco, que eres guardia civil’. Hizo distintas maniobras y contactaba con distintas organizaciones criminales. Era error tras error, no le salía ninguna operación. Yo lo frenaba una tras otra tras otra, le decía ‘no sabes dónde te estás metiendo, te estás equivocando, estás loco y te van a matar’. Y él me decía ‘tranquilo, que yo controlo’. Pues aquí está el ‘yo controlo’”, narró.

“Mi objetivo era corroborar si el agente Raúl P.M. era corrupto, como yo suponía, o si me equivocaba”, prosiguió el testigo, que reconoció que no grabó todos los encuentros que tuvieron. Según la defensa, faltan los audios de unas 70 reuniones, entre ellas las que sirvieron para emprender algunas de las acciones por las que se acusa a su cliente.

El director de investigación de Asuntos Internos respaldó todo lo descrito por el teniente del EDOA y destacó que el acusado, al igual que su compañero de banquillo José María C.C., disponía de un móvil con Encrochat, un sistema de mensajería encriptada que solían usar los narcotraficantes porque esos teléfonos no pueden ser intervenidos. También confirmó que sus “propuestas para asaltar” la Comandancia y robar la droga allí almacenada fueron “constantes”. “La voluntad de delinquir es de Raúl P.M. desde el inicio de la investigación”, remató.

“El Cristiano Ronaldo de la droga”

El origen de la investigación tuvo dos fases. La primera, el germen de todo, ocurrió cuando el agente encubierto, que aún no lo era, fue invitado por el procesado a un palco del Betis y le presentó a “un señor de un banco” y a quien ahora es otro de los acusados, José María C.C., quien allí mismo “se puso a hablar de narcotraficantes”, según reveló después el otro testigo, para quien aquello fue “una llamada de atención brutal”. A partir de ahí empezó a decirle “cosas que no son normales” al jefe del EDOA y por eso este acudió a Asuntos Internos. Ahí, en marzo de 2019, empezó la segunda fase, en concreto cuando se comprobó que Raúl P.M. había mirado información sobre M.G.L., el traficante detenido en El Palmar. “Era como el Cristiano Ronaldo de la droga”, comparó el agente encubierto.

Asuntos Internos se dio cuenta entonces de que ese criminal estaba siendo investigado por otro lado por la Audiencia Nacional y planteó al jefe de la EDOA que denunciase al jefe de la Usecic o que le siguiera la corriente ya como agente encubierto. Eligió esta última opción porque la primera habría equivalido a un “palabra contra palabra”, sin más pruebas.

“Dejé claro que no iba a reunirme con colombianos ni sudamericanos porque no quería poner en peligro a mi familia. Y actué con sentido común y siguiendo las directrices de Asuntos Internos. Pero sobre todo con sentido común, porque me proponía auténticas locuras. ¿Cómo vas a asaltar un convoy en el que pueden ir otros compañeros y sin saber cómo puede acabar eso?”, rememoró el agente encubierto.

El testigo de Asuntos Internos contó otros dos detalles que consideró significativos. Uno, que el jefe del EDOA tenía en su despacho una hucha donde acumulaba dinero para un viaje a Nueva York y Raúl P.M., cuando lo supo, le dijo “cuando quieras”. Y otro, que preguntó a un agente inmobiliario “por un piso que valía dos millones de euros”.

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