La caja negra

Volver a empezar

  • Robles prepara la reapertura del Laredo con sus propias manos en una ciudad que ofrece su particular versión 0'0

Pedro Robles prepara la reapertura del Laredo Pedro Robles prepara la reapertura del Laredo

Pedro Robles prepara la reapertura del Laredo / M. G. (Sevilla)

Mientras enfría el vaso de cristal fino, el tabernero deja en el aire una sentencia: "Estamos como en agosto, pero en junio". El zapatero ha puesto una mampara en un local donde apenas cabe una persona. "¿Cuánto te cobre por arreglar el otro zapato? ¿20 euros?". Oiga, no fue tan caro, pero no seré yo el que valore su trabajo. Y en un establecimiento gourmet te avanzan que a lo mejor no tienen el vino para regalo que buscas. "Es que estamos empezando todavía, sabe usted".

Los kioscos de la ONCE siguen cerrados. Quedamos a la espera de esa ilusión de todos los días, que en el cole de los años ochenta consistía en "lavarse el culo con agua y lejía". Lo canturreaban los chiquillos y se les reñía. Hoy lo cantan y las autoridades salen en su defensa frente al osado profesor. Pero no hay cupones. La obra del hotel de cinco estrellas de la Plaza de la Magdalena continúa. Bienaventurados los que tienen fe. La de la residencia de estudiantes del antiguo solar de Antares también. Pero se ha parado la de la Avenida Ramón Carande, la que se construye en un solar de la Gerencia.

En la calle Sierpes está Pedro Robles empujando carros con material para reabrir el Laredo. Un fotógrafo toma imágenes de tapas escoltadas con catavinos. La célebre esquina de Sierpes estará activa en horario de tarde en breve. Y el miércoles, vísperas de Corpus, reabrirá el negocio matriz de la calle Álvarez Quintero, como hizo en 1954. Es un volver a empezar. Pero sin vísperas ni corpus.

Sevilla reaparece poco a poco, pero en una versión 'sin', o en una reinterpretación 0'0 de sí misma. El jueves día 11 lo será de Corpus, pero sin Corpus. Y se jugará el derbi, pero sin público. Terminará el curso escolar, pero sin clases. "A mi me da miedo que terminen las ayudas del Estado, porque entonces se puede ver un número", tercia el tabernero inteligente. Todavía hay cañitas de plástico para los refrescos infantiles, pero pronto se acabarán por orden del Gobierno. En Santa Justa no hay control de movimientos entre provincias. Los interventores se quejan. Es más fácil ir a Madrid en un AVE que a una playa de Huelva por la A-49.

Pedro Robles, ayer en los preparativos del Laredo Pedro Robles, ayer en los preparativos del Laredo

Pedro Robles, ayer en los preparativos del Laredo / M. G. (Sevilla)

La mayoría de los jóvenes no llevan mascarilla. La puerta de un negocio de vestidos de flamenca parece un velatorio. "Menos mal que hay gente que ha venido a recoger el traje y ha pagado, pero los complementos me los como todos". Y el interlocutor asegura que los diseñadores, al menos, mantendrán para 2021 los trajes de este año. El mismo pregonero, la misma portada, los mismos diseños.

Hay apartamentos turísticos que se alquilan ya para temporadas largas. 700 euros al mes. "Antes ganaba esa cantidad en dos fines de semana, pero ahora...". Un camarero sirve cerveza sin alcohol y frutos secos. Cacahuetes o, mejor dicho, "arvellanas". Alguien pregunta si puede tomarse el aperitivo fuera o en la barra. Doble negación. "Solo en mesa", se le responde con un sonrisa.

En la Catedral hay una actividad frenética de protocolo en las vísperas del funeral por las víctimas que presidirá el arzobispo Asenjo. En la farmacia de la calle San Pablo hay cola. "¿No nos estaremos relajando demasiado pronto, no?". Del barrio de los Remedios llega el relato preciso de un vecino de 86 años al que arrancaron la cadena de oro cuando entraba en su portal de la calle Juan Ramón Jiménez con luz del día todavía. Se trata de un señor conocido y respetado en el barrio, habitual en los paseos por una calle Asunción que estos días resulta especialmente agradable.

En el Congreso de los Diputados habla mucho, muchísimo, el presidente del Gobierno en la sesión que debe aprobar la sexta prórroga del estado de alarma. Se saca de la chistera de su discurso nuevos conejos en forma de adjetivos para ese concepto de normalidad que nos acompaña día y noche. Sus Señorías se dan leña unos a otros por la tarde. Vuelan los tricornios... Se renuevan alianzas que parecían imposibles. Se manosean conceptos como el honor. Blablablá. A Marlaska se le pone cara de ERE. En la calle, en la España real, Pedro Robles sigue empujando mesas, carros y material. No es 1954, cuando don Juan abrió el primer negocio. Es 2021. El sevillano Gómez de Celis preside la Cámara baja en ausencia de la presidenta. Marlaska pide que no se nombren a funcionarios en el debate para no ponerlos en una situación incómoda, pero hace muy pocos días que la ministra portavoz arremetió contra periodistas con nombres y apellidos desde la bancada azul. La política carece de memoria. O tiene una desmemoria interesada.

En la Casa de la Provincia se ha quedado colgado el cartel de la exposición de Pablo Juliá, el fotógrafo que está harto de ser vinculado continuamente a aquella imagen de la tortilla entre pinares. No hay cuponeros, ni tampoco coches de caballos. Sin turistas se acaba el sustento de algunos colectivos. Los sevillanos sólo quieren coches de paseo en los días de Feria, como el que busca montarse en el barco del amigo en verano. Hay glorietas de los Jardines de Murillo que sirven de refugio para jóvenes cuando comienza la caída del sol. De lunes a jueves son el escenario de los arrumacos. Los viernes y sábados son para la botellona. Los agentes de paisano inspeccionan los sitios de paseo. Viajan cuatro en un coche. Se les nota apretados. Al desplegar el parasol dejan ver el rótulo: "Policía". Miran, se detienen, vuelven a mirar y se van. Lo mismo hacen con algunos bares.

Una bandera de España de luto recibe a la clientela de la camisería de Javier Sobrino. Todos los comercios cumplen religiosamente con el gel desinfectante. La cafetería del Real Círculo de Labradores ha reabierto como el lugar tranquilo donde leer la prensa. La vida cotidiana se despierta muy lentamente. No miramos ya la cifra de fallecidos, sino la otra lista de los caídos: la de los negocios. "¿Y quién se quedará con el local?". No nos fijamos ya en los paseantes de los perros, ni cantamos el 'Resistiré'. Vivimos con demasiada prisa, que es una forma de consumir. Todo pasa en un santiamén. Lo que parecía eterno ha dejado de serlo en pocos días. Ahora se trata de salvar los muebles de la temporada de verano cuando ayer estábamos tratando de salvar vidas. Un día mirábamos a diario la prima de riesgo, los dictámenes de las agencias de calificación y se aprobaba la reforma laboral, y al siguiente se nos había olvidado todo y celébrabamos los 82 millones de turistas que recibía España en un solo año. Esto comienza a sonar demasiado. La historia no se repite. Es la misma. Ayer fue referido Luis Roldán en el Congreso de los Diputados. La vida es un tío-vivo. Se trata de ir en el caballito adecuado.