La caja negra

El entierro de la melva

  • Casado y Moreno nos han hecho un favor: evidenciar que somos una gran franquicia

Casado y Juanma Moreno en el Mc, junto a sus familias. Casado y Juanma Moreno en el Mc, junto a sus familias.

Casado y Juanma Moreno en el Mc, junto a sus familias. / I.

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Qué maravilla que dos líderes políticos acudan a un restaurante franquiciado de comida rápida y pongan de los nervios al ejército de defensores de la hostelería genunina y auténtica. Nos han hecho un gran favor sin pretenderlo. La fotografía de marras evidencia que en Sevilla hay cada vez más franquicias y menos negocios autóctonos. Claro que sí, han hecho la mar de bien. ¿Dónde pretendían algunos que almorzaran Pablo Casado y Moreno Bonilla con sus cónyuges e hijos un mediodía de domingo? ¿En Oriza, junto a la sede regional del partido, a 50 euros la ración de gambas? No, de ninguna manera. Para estocadas, las del coso del Baratillo bajo los cielos de abril. Además, mejor evitar la peleílla entre Casado y Moreno sobre quién paga hasta que alguien recurre a la fórmula socorrida: "Mejor dos heridos que un muerto". Dicho sea sin segundas por el 2-D.

¿Debieron quizás reservar mesa en esos restaurantes donde te mandan sutilmente al gueto de la esquina cuando comprueban la presencia de niños? ¿Tal vez a esos sitios en los que hay que pedir raciones por narices y los adultos se acaban comiendo el excedente de las socorridas croquetas infantiles?No se rasguen las vestiduras con el supuesto desprecio a la hostelería local, al aceite de oliva virgen extra (sin coronar) y a la dieta mediterránea. Sevilla es una gran barra franquiciada con mesas sin camareros, una ciudad donde hay dos o tres negocios que se mantienen como estandarte de un tiempo que dicen fue esplendoroso. No hay más. Hasta en materia de bares vivimos del recuerdo. Los asesores han buscado una foto que encaja a la perfección con la sociedad actual, con el tiempo que nos ha tocado vivir, una imagen con la que se identifica una gran mayoría. Sí, es una instantánea de laboratorio en una política cargada de aprendices de Panoramix. Impostada, forzada y todos los calificativos que ustedes quieran, pero un calco de la sociedad actual. No se le puede negar conexión con la realidad, como pretendía el presidente Obama almorzando con su número dos en un restaurante de comida rápida próximo a la Casa Blanca. Aquí está todo inventando menos la fórmula contra el calor.

Una familia con menores no puede ir a hacer campaña en la barra de Casa Vizcaíno, como Alfonso Guerra hizo en las municipales de 2011. Más quisieran a lo mejor Pablo y Juanma… O no, que diría Rajoy. Porque la alfombra de cáscaras de cacahuetes del sanedrín de Vizcaíno ensucia mucho el ante de los calzados. Lo peor no es comerte una hamburguesa en vez de un filete ruso. Mucho peor es que hayas pronunciado un pregón o un mitin hamburguesa, de los que sacian al instante, pero estás con hambre de lobo a las dos horas. La foto de hace una semana es un éxito porque el personal sigue saciado. La comunicación política ha triunfado. El engaño es una vía legítima a la que recurre el sevillano para diseñar su propio estado de felicidad. Sevilla en cuestión de bares es una gran franquicia palpable en el entorno de la Catedral y en muchos barrios próximos al Centro. Malos tiempos para la melva, Juan Ignacio. Esto no pasaba con el alcalde de los 20 concejales. ¿Lo ven? Nunca estamos contentos. Siempre queremos más. Prueben el MacCasado, el BigToni (Martín) o el HappyBonilla, ahora con doble ración de patatas.

Existe un entierro de la sardina, de la coquina… y ahora hasta uno de la melva. Ironías del destino. En siete días se nos cae la Cospedal, madrina política de Zoido, y Casado y Moreno se nos van a una franquicia de hamburguesas.

La comida basura une a Moreno y Casado. Escenifican una relación fluida después de haber estado en bandos tan distintos. La proyección de cordialidad se utiliza para salvaguardar a las instituciones. La Monarquía saca a pasear juntas a la reina Sofía y a la reina Letizia tras el agarre de la foto de la niña. Hay matrimonios famosos que se dejan retratar juntos para luego sacar rédito del divorcio. Conocida es la rima: presencia o ausencia según conveniencia. A Moreno y Casado les interesa aparecer juntos para salvar los muebles en las elecciones andaluzas del 2 de diciembre. Si el PP gobernara, vayan pidiendo helados para el postre con los vasitos grandes. Si el partido cae al tercer puesto por detrás de PSOE y Ciudadanos, Moreno saltará del sillón como los fusibles en un apagón. Si queda el segundo sin opción de gobierno, a Casado le costará más trabajo sacar a Moreno del puesto, máxime si se tiene en cuenta el descalabro del cospedalismo andaluz y la amenaza de nuevas grabaciones que comprometan a los erigidos como delfines andaluces. Muchos largan del escaso gusto de Moreno y Casado al acudir a un restaurante despersonalizado y desubicador en una Andalucía con tantísimo sello propio. O eso dicen. ¿Pero acaso no están ya despersonalizados hasta los Paradores de Turismo? Si parecen todos sacados del catálogo de AC o NH. Los nuevos Paradores son como los cristos de Castillo Lastrucci: todos igualitos. Hasta quitaron los trajes regionales de las camareras y sacaron de carta los entremeses que eran una síntesis de la gastronomía local. ¿Dónde quieren que acudan las criaturas con sus chalecos de Purificación García y sus chaquetas entalladas a lo Beltrán Pérez? No hubiera estado mal acudir a Casa Ruperto, donde se sirven los pajaritos fritos y los montaditos de lomo y el nunca bien ponderado lomo especiá (siempre con tilde final), pero hay que estar de pie y lo de las aves no siempre entra por el ojo a todo el mundo.

La foto tiene otra gran ventaja. Puede estar hecha en Sevilla, en Almería o Málaga. Es una imagen que tiene todo los valores de la política de hoy: escaso riesgo, buenista, desubicadora, transversal y vertebradora. Le falta el mantel, pero no le falta un perejil. Es ligera como un tuit. Y pone de los nervios a los rancios, que cacarean mucho pero tienen menos fuerza que el refresco de Moreno Bonilla. Sólo nos ha faltado el vídeo de ambos depositando los restos en los contenedores. Y, cómo no, echamos en falta el yintonsito del postre, que diría uno que yo me sé. No culpen a Casado y Moreno de la invasión de franquicias. La próxima foto que sea del partido de vuelta en Madrid, en una de esas sucursales del Museo del Jamón. Nada de Lhardy, El Paraguas o Horcher... En esos sitios usan manteles y después hay que lavarlos.

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