Los cinco retos del candidato del PP a la Alcaldía de Sevilla

José Luis Sanz debe crear un equipo y un estilo propios y buscar los equilibrios entre la estructura provincial del partido y la andaluza

José Luis Sanz, en un acto público esta semana
José Luis Sanz, en un acto público esta semana / Juan Carlos Vázquez

Sevilla/El candidato a la Alcaldía de Sevilla por el PP, el senador José Luis Sanz, tiene a su favor que Juan Espadas se marcha. El socialista será el primer alcalde de la democracia que no termina el mandato. Y el popular, el primer alcalde de pueblo que aspira a serlo de la capital. La dimisión de Espadas disparará las opciones del centro-derecha de recuperar la Alcaldía que perdió traumáticamente en 2015, un duro castigo para los populares después de la contundente victoria de 2011 que convirtió a Juan Ignacio Zoido en una referencia del municipalismo en toda España. Pero Sanz, como es lógico, tiene ante sí un camino con varios retos que superar, en algunos casos podrían hasta tildarse de posibles amenazas. Las carreras por la Alcaldía de Sevilla no han sido nunca cómodas para nadie. Y menos aún lo es después el ejercicio del cargo, pero eso será –llegado el caso– harina de otro costal y objeto de otro análisis.

1. San Telmo debe estar al cien por cien a favor

El presidente Moreno terminó por dar su bendición a Sanz el pasado lunes en la denominada cumbre de la cerveza celebrada en la Plaza del Salvador. Lo hizo con más cabeza y sentido de la estrategia que convicción personal. Sanz está nombrado por Génova. Moreno es el presidente de la Junta que perdió el congreso provincial al promover una lista alternativa encabezada por Juan Ávila. No tenía más sentido continuar con las tensiones. Y Sanz sabe de sobras, porque tiene eso que se denomina como cultura de partido, que le conviene ir bendecido por Moreno.

A nadie escapa que Moreno y Sanz han estado en bandos enfrentados en dos ocasiones. Una en 2014, cuando el sevillano Sanz aspiraba a presidir el partido en Andalucía, tenía ya los avales firmados y llegó la orden de Rajoy de elevar al cargo a un secretario de Estado llamado Juan Manuel Moreno. Aquello fue duro para Sanz, que no se olvide que era el secretario general. La segunda fue en 2018 con ocasión de las primarias del PP. Sanz apoyó a Cospedal y Moreno a Soraya Sáenz de Santamaría. Los dos perdieron, por cierto, pues ganó la opción de Casado como es sabido. En el Palacio de San Telmo anuncian que apoyarán a tope a Sanz para que sea alcalde de Sevilla. Pero no se olvide que todo presidente de la Junta, sea del partido que sea, prefiere que el alcalde de la capital sea de otra formación política. Por pura comodidad. El primer reto de Sanz es conseguir que, en efecto, el aparato de la Junta reme a favor de su causa. En cualquier caso, Moreno se enfrenta a las urnas antes que Sanz. Las autonómicas son en diciembre de 2022 como muy tarde. Las municipales están fijadas para mayo de 2023. A los dos, ciertamente, les conviene una clima de colaboración.

Arenas en el Parlamento Andaluz en 2011, flanqueado por Sanz y Zoido
Arenas en el Parlamento Andaluz en 2011, flanqueado por Sanz y Zoido / Juan Carlos Vázquez

2. Ojo a la influencia del arenismo

Sanz es hijo político de Arenas al igual que tantísimos dirigentes del PP andaluz. El presidente de honor del partido está en todos los procesos de forma directa o indirecta. Es lógico. La inmensa mayoría se ha formado a su vera, les guste o no reconocerlo. Ninguno le ha superado en trayectoria, de momento. Arenas bien puede figurar entre los tres políticos andaluces con más proyección nacional en la democracia, junto a los socialistas Felipe González y Alfonso Guerra. Ningún andaluz del PP ha volado tan alto durante tanto tiempo en Madrid: tres veces ministro, secretario general, vicepresidente del Gobierno, árbitro de la sucesión de Aznar y salvador de Mariano Rajoy en el famoso congreso de Valencia. Y, por supuesto, si se pone el foco en Andalucía, no gobernó pero ahí quedan sus 50 diputados obtenidos en aquella noche de 2012 en la que los canapés de La Raza se quedaron en el camión.

Tan importante es su figura que, de hecho, tiene su consejería en la Junta, la de Cultura y Patrimonio, que dirige una de sus discípulas predilectas, Patricia del Pozo. Arenas y el presidente Moreno querían a Patricia de candidata a la Alcaldía de Sevilla, pero no pudo ser por la pérdida del congreso provincial. Ella de todas formas ha respirado aliviada al librarse del envite. Arenas es un factor a tener en cuenta siempre en todo lo que afecte al PP andaluz y más aún al sevillano. Sanz tiene las relaciones rotas con quien fue su maestro. Y la presidenta del PP de Sevilla, Virginia Pérez, forma parte de la primera hornada de dirigentes que no se han educado políticamente en torno al padre del centro derecha andaluz. Pérez ha sido el ariete fundamental de Génova para llevar a Sanz a la candidatura a la Alcaldía. Había que tener mucha fuerza y aguante personales para enfrentarse a la lista promovida por el aparato del PP que controla nada menos que la Junta de Andalucía. Esta circunstancia no se olvida fácilmente. En política no hay memoria, salvo cuando alguien tuerce el brazo del que manda. Ni ese aparato de la Junta ni el arenismo podrán olvidar en un tiempo la que han considerado una afrenta. Sanz deberá buscar equilibrios fundamentales para ser leal a su presidenta provincial y al presidente de la Junta y, cómo no, templar en lo posible sus relaciones con Arenas y su todavía muy amplia lista de adeptos.

Sanz, flanqueado por Virginia Pérez y Juan de la Rosa
Sanz, flanqueado por Virginia Pérez y Juan de la Rosa / Juan Carlos Vázquez

3. El riesgo de ser el heredero feliz del zoidismo

Si la figura de Arenas es omnipresente en todos los ámbitos, la del ex alcalde Zoido lo es especialmente en el municipal al ser el último alcalde que ha tenido el centro-derecha en Sevilla. Además, Sanz tiene muy buena relación con Juan Ignacio. Fue su secretario general cuando el alcalde tuvo que asumir la presidencia del partido en Andalucía, incómoda etapa para el político criado en Fregenal de la Sierra. Sanz era el presidente del PP de Sevilla cuando el hito incontestable de los 20 concejales obtenidos en la capital. Sanz y Zoido se llevan y se entienden muy bien. El senador presenta el elevado riesgo de reclutar a un excesivo número de zoidistas ávidos de ser colocados, cuando debe formar un equipo propio, con nuevos colaboradores que revelen su criterio particular y no limitarse a una suma de retales. Beltrán Pérez, anterior candidato a la Alcaldía, tenía una interesante teoría sobre la necesidad de fomentar una “nueva oficialidad” en la ciudad. Al menos se debe intentar. Las buenas ideas nunca debe ser despreciadas. De hecho, Pérez formó un consejo de sabios donde figuraban muchos profesionales independientes que deberían ser reenganchados antes que quienes laminaron en tiempo récord el mayor crédito concedido a un alcalde en la democracia en Sevilla. Zoido tiene el respeto y el cariño de los sevillanos años después de dejar el Ayuntamiento. No genera rechazos, pero Sanz no debe convertirse en la agencia de colocación de profesionales de un período de gobierno que quedó desdibujado, entre otros motivos porque la expectación generada fue elevadísima.

Tiene que abandonar la cultura de la mesa de camilla que ha marcado la historia del PP de Sevilla antes de la irrupción de Virginia Pérez. Al igual que Sanz alcanzó la Alcaldía de Tomares con ideas propias y llamativas (como aquel teleférico), debe buscar su sello propio en la capital. Haría bien Sanz en no erigirse en el feliz legatario del zoidismo. Distinto es que el candidato se deje ver con el hoy feliz eurodiputado, pero la Sevilla de 2011 tiene poco que ver con la de 2021 por muchísimos motivos. Sanz, por lo pronto, deberá cuidar sus relaciones con un grupo político como Vox que podría ser clave para sus opciones de gobierno en la ciudad.

La presidenta provincial, Virginia Pérez,  con el presidente nacional, Pablo Casado.
La presidenta provincial, Virginia Pérez, con el presidente nacional, Pablo Casado. / M. G.

4. La necesidad de una visión global de la ciudad

El candidato a la Alcaldía del PP es actualmente alcalde de Tomares. Los críticos, que siempre están a la vera y nunca enfrente, ahondarán en que Sevilla no es Tomares. Es obvio. Otros, los excesivamente partidarios del candidato, querrán primero agradarle y después capitalizarlo para asegurarse su control. Basta mirar (otra vez) como quedó Zoido en 2015 para comprobar los riesgos de dejarse patrimonializar por un sector específico de la ciudad: ocho concejales y 65.000 votos menos en la primera oportunidad que tuvo el electorado para pronunciarse sobre el gobierno. Aquello fue un castigo cruel. La Sevilla de Sanz, además de tener que levantar cabeza tras la pandemia, está huérfana de infraestructuras fundamentales para su desarollo, sigue maltratada en los presupuestos públicos, continúa siendo víctima de la losa interesadamente colocada sobre un supuesto y tradicional trato de favor sobre la capitalidad y, por supuesto, sufre varias de las zonas más deprimidas de toda España (Polígono Sur y Tres Barrios).

El panorama de la ciudad no está para perspectivas ni parciales ni banales. Sevilla exige un alcalde con una visión global de la ciudad y, por lo tanto, de mentalidad abierta hacia sectores muy diversos. Sanz tendrá que demostrar que de ser un alcalde de Tomares de rotundo éxito puede ser el alcalde la Sevilla de la pos-pandemia, una ciudad en la que nació, se crió y que conoce bien, pero en la que tendrá que combinar muchos intereses y soportar enormes presiones. Tomares acepta sacar conejos de la chistera como el teleférico, pero la capital ya sabemos cómo castiga las ocurrencias del PP, como aquella del Pompidou sevillano que íbamos a tener en el Mercado de la Puerta de la Carne, o la lamentable Operación Triunfo de triste recuerdo.

5. La campaña y los rivales

En efecto, la primera ventaja de Sanz es que Espadas se va. La segunda podría ser que el todavía alcalde y secretario general del PSOE andaluz apueste como alcalde interino y posterior candidato por Antonio Muñoz, delegado de Urbanismo, Cultura y Turismo, un político con muy buena prensa pero con escasas opciones de crecer entre el electorado de centro-derecha, donde el PSOE de los grandes tiempos obtenía siempre muchísimos apoyos y donde Espadas, de hecho, ha ganado apoyos electorales y un prestigio muy considerable. Si Muñoz fuera el candidato a la Alcaldía, Sanz tendría la campaña hecha. Le bastaría crecer entre los suyos y pactar con Vox. El candidato temido por el PP es Juan Carlos Cabrera, porque goza de popularidad y, siendo socialista, tiene muy consolidado los apoyos en la Sevilla sociológicamente conservadora, lo que perjudica notablemente a Sanz. Y el candidato más igualado sería Alfonso Rodríguez Gómez de Celis, vicepresidente del Congreso de los Diputados, sobrado conocedor de la maquinaria municipal de sus tiempos de edil con Monteseirín.

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