La caja negra

El PSOE andaluz o el teatro de la política

  • Susana Díaz pretende dar una imagen de paz en el partido. Por eso acudió el lunes al acto de Juan Espadas, con el que llevaba meses sin hablar y al que no perdona amagar con saltar al ruedo autonómico. Asistió pensando exclusivamente en su futuro político, en su interés personal.

Susana Díaz y Juan Espadas, el pasado lunes en el teatro Cajasol Susana Díaz y Juan Espadas, el pasado lunes en el teatro Cajasol

Susana Díaz y Juan Espadas, el pasado lunes en el teatro Cajasol / M. G. (Sevilla)

No había mejor sitio para el reencuentro que un teatro. Ay, la vida es teatro, puro teatro. Y la política es una gran escuela de actores. Susana Díaz y Juan Espadas han escenificado un reencuentro en un teatro, el de Cajasol. Lo que Pulido ha unido que no lo vuelvan a separar las ambiciones, que era la finca de Jesulín. Desde aquella Feria de 2019 no se les veía tan felices. Esta vez no bailaron ni nadie pudo grabar una sevillana, pero ella estuvo en primera fila para exhibir el único punto fuerte del que pretende presumir en muchos meses: la paz en el PSOE andaluz.

Nunca ha estado el partido más débil, por eso es la hora de presumir de la felicidad de las familias pobres, pero honradas. Qué hábil es nuevamente Susana al tapar cualquier fuga de agua, eliminar cualquier atisbo de problema, maquillar con celeridad la más mínima señal de herida. Desde la caída del caballo de Saulo no se ha visto un proceso de conversión como el de Susana Díaz al pedrismo.

Cumplido ese primer objetivo, representado ese primer acto del teatro de la farsa, Susana debe cumplir el segundo: lograr una paz. Falsa, pero paz. Por eso bendice a Juan Espadas en la Alcaldía. Y le ofrece un ramillete de elogios que se marchita en horas. “Tú en Sevilla, Juan. Y déjame a mi Andalucía”, vino a decirle la trianera al señor alcalde. El que quiera presentarse a las primarias andaluzas del PSOE contra Susana no gozará del apoyo de Pedro Sánchez. Tendrá que hacerlo solo. Un tipo como Sánchez, políticamente amoral, no se la jugará nunca en ese terreno. El avieso Zapatero ya metió la pata apoyando a Trinidad Jiménez en las primarias socialistas de Madrid frente a Tomás Gómez. Estaría feo que un presidente del Gobierno se metiera en esas lides. Además, ¡si Susana ya es turbopedrista! Andalucía ya no es un problema para Pedro Sánchez.

A Susana la dejarán seguir mientras no haya problemas. Juan Espadas amagó con la aventura autonómica. Claro que lo hizo. Pero su perfil es de un político enemigo de las polémicas. Le gusta jugar con las cartas muy seguras. Es un hombre muy prudente. Eso le perjudica para afrontar determinadas empresas. Y en esta ocasión hubiera necesitado muchísimo arrojo. Y está por ver que en su momento no lo tenga, impulsado por las circunstancias.

Ojo a los asistentes

Entre los asistentes había presencias más que llamativas de quienes no profesan precisamente la fe susanista: el defenestrado portavoz parlamentario Mario Jiménez, juguete roto del susanismo; el presidente de la Diputación de Jaén, Francisco Reyes, y la diputada autonómica Ángeles Ferriz. Un trío que da que pensar que, efectivamente, algo se mueve en torno a Juan Espadas. El patio se mueve… el de butacas y el del partido. El alcalde ha rectificado de cara a la galería, se queda en el antiguo convento de San Francisco, pero en política todo puede cambiar en quince minutos. Susana, como ya no puede aplastar a los rivales ni condenarlos a galeras como en otros tiempos, optó por esbozar una gran sonrisa en la primera fila y echarle piropos al “grandísimo” alcalde que tiene Sevilla. Pinocho, Pinocho… No porque mi Juan no sea una gran alcalde, que eso lo deciden los ciudadanos, sino porque el elogio lleva más veneno que nunca. La verdad es que Espadas no necesitaba esa presencia, pero ella sí. Ella no fue por Juan, fue por ella misma. Por su futuro. Por su supervivencia. Para poder seguir presumiendo de que en Andalucía se habrá perdido el poder, pero impera la paz susanista en el partido.

Otra vez estuvo hábil cuando convocó a los medios de comunicación tras la intervención del alcalde, al que acabó lógicamente eclipsando. Qué más da que el PSOE se haya quedado torpemente fuera de la comisión de reconstrucción en el Parlamento, aquí lo que se cotiza es el control orgánico frente a los chicos de Ferraz. Y Susana Díaz trata de presumir de tener bien cogidas las riendas del partido que ella misma condujo hasta la pérdida de la Junta de Andalucía. El mensaje hacia la sede de Ferraz está claro: ¡Aquí no se mueve un varal! Y todo gobierno necesita estabilidad. Pedro Sánchez gobierna y ella le ofrece esa estabilidad en el Sur, que es como los madrileños se refieren a Andalucía, sean o no pijos.

Susana Díaz todavía juega la carta del miedo aunque no tenga ni el 10% de poder que un día tuvo. Los resultados andaluces de aquellas primarias que ganó Pedro Sánchez le dijeron la gran verdad que siempre temió: su gente no la respetaba, la temía. Fue llamativo el escaso apoyo que obtuvo del PSOE andaluz. En cuanto la militancia pudo votar en secreto, la castigó. Por eso tiene que evitar cualquier opción de primarias, aunque eso sea a costa de que el partido no levante el vuelo con una nueva e ilusionante figura.

Mientras, Elías Bendodo se frota las manos en el Palacio de San Telmo. ¡Larga vida a la trianera! Bendodo es neosusanista. Pero, además, de los pata negra. En el Teatro Cajasol, donde Antonio Pulido tiene su campamento, acabó la representación con éxito de crítica. Algunos sentimos eso de lo que ya no queda y que se cotiza tan a la baja. Sí, se llamaba… vergüenza. Pero eso ya es casi un sentimiento caballeresco. Que la paz (impostada) sea duradera. Sólo se verá un número si el alcalde sale del burladero en el que se ha vuelto a meter. Y no le falta gente que lo anime. ¿Pulido? Antonio es transversal. Está con todos. Cede la plaza para el espectáculo. Mientras se la dejen limpia de cáscaras de cacahuetes…