Gorbachov reconoce el papel de Yeltsin en los sucesos del 91

El último dirigente de la URSS admite que logró evitar una guerra civil en un país nuclear

Efe / Moscú

18 de agosto 2011 - 05:03

El último dirigente de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS), Mijail Gorbachov, reconoció ayer el "papel decisivo" del pueblo soviético y del fallecido primer presidente ruso, Boris Yeltsin, en la derrota del golpe de Estado de agosto de 1991. "El pueblo jugó un papel decisivo y Yeltsin también. Lo importante era evitar un derramamiento de sangre. Podía estallar una guerra civil. Éramos una potencia con armas nucleares", señaló Gorbachov en una concurrida rueda de prensa.

Gorbachov, de 80 años, tachó de "traidores" a los integrantes del Comité Estatal de Emergencia (GKChP) que le apartaron del poder entre el 19 y el 21 de agosto de 1991, entre los que se encontraban "amigos" como el presidente del Soviet Supremo o Parlamento, Anatoli Lukianov.

"Había que ser muy idiota para dar una asonada. Pero había que sacar de en medio al viejo Gorbachov. Me había convertido en una figura incómoda para los reaccionarios. Mira que me habían llamado muchas veces para advertirme de que iba a haber un golpe", dijo. El octogenario político, que llegó al poder en marzo de 1985, elogió el coraje mostrado por el Ejército soviético al no asaltar la Casa Blanca, entonces sede el Parlamento ruso, donde se habían congregado Yeltsin y miles de personas opuestas al golpe.

"Tonterías", respondió con firmeza Gorbachov cuando se le preguntó sobre las sospechas que aún albergan algunos de que él participó de alguna forma en la conjura organizada por el temido KGB, que intentaba conservar los privilegios de la nomenclatura.

El último líder soviético, que proclamó el fin de la URSS el 25 de diciembre de 1991, también criticó la amnistía concedida a los golpistas, que en su mayoría rehicieron sus carreras políticas en la Rusia postsoviética.

Los doce protagonistas de la fallida asonada fueron procesados por "traición a la Patria", pero nunca llegaron a ser condenados al acogerse a una amnistía aprobada por el Parlamento ruso en febrero de 1994.

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