josé luis cienfuegos. director del festival de cine europeo de sevilla

"Ahora no queda otra: hay que salir a buscar a los espectadores"

  • El SEFF abre el viernes una edición que su cabeza visible habría firmado incluso "con los ojos cerrados", y con el reto de que su estructura, "al límite", cumpla con las exigencias organizativas

José Luis Cienfuegos (Avilés, 1964) José Luis Cienfuegos (Avilés, 1964)

José Luis Cienfuegos (Avilés, 1964) / josé ángel garcía

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-Ahora que las fronteras preocupan tanto, la Sección Oficial asume una idea muy amplia de Europa. Ahí están por ejemplo la argentina Lucrecia Martel o Mahamat-Saleh Haroun, de Chad. ¿Es ésta ya una seña de identidad del SEFF?

-Siempre hemos estado abiertos a las coproducciones, también desde un punto de vista práctico. En el catálogo de Cannes, por ejemplo, las nacionalidades de las películas ni siquiera figuran, pero es verdad que nosotros tenemos una línea editorial muy clara sobre la Europa en la que creemos. Precisamente esas dos películas [Zama de Martel y A Season in France de Haroun] hablan muy a las claras, la primera viajando al pasado, a la América colonial, y la segunda abordando fenómenos actuales como la inmigración, sobre el lugar de Europa en la Historia y en el mundo. Y creo que un festival como el nuestro tiene que servir también para reflejar la Europa que nos está tocando vivir.

-Se inaugura el festival con una película muy esperada, Tierra firme de Carlos Marqués-Marcet, que supone también, supongo, un guiño de apoyo al último cine español...

-Así es, por supuesto. El cómo colocas las películas dentro de la programación nunca es inocente. Por eso seleccionar y programar no son lo mismo. También estoy contento con una sección, Las Nuevas Olas, que ha crecido mucho no sólo en cantidad de películas sino por los cineastas que se presentan; creo que ya sí queda definitivamente claro que para nosotros es más que una Sección Oficial de segunda.

"Este año se nota el músculo del comité de programación, que yo tenía ya en mente a finales del año pasado"

-Las Nueva Olas se ha convertido en un emblema del SEFF. ¿Qué representa para usted?

-Hay muchas maneras de programar un festival. Puedes hacer un diseño sobre el papel, a distancia, de un festival de cine, en un momento dado eso es hasta fácil... Pero a mí me interesa que exista una sección como esa para complementar a la Oficial. Ese es su papel esencial: invitar al espectador a que se libere de los prejuicios que todos tenemos como espectadores. Siempre surge la pregunta de "hacia dónde va el cine europeo"; bueno, pues yo creo que la Sección Oficial y Nuevas Olas están ahí para evaluar los síntomas de hacia dónde está yendo.

-No le voy a pedir que me diga ninguna película favorita, pero sí alguna de cuya presencia esté especialmente orgulloso por la razón que sea...

-Hay alguna gran película, de las muy esperadas en la temporada de festivales, como Western [de la alemana Valeska Grisebach] o A fábrica de nada [del portugués Pedro Pinho]. Pero lo que quiero destacar sobre todo es que aquí trabajamos durante todo el año en el festival; que se celebra en noviembre, y cuando las películas llegan a Sevilla pueden haber conseguido ya premios en otros festivales, pero muchas las teníamos seleccionadas y confirmadas nosotros previamente. Esto quiero que se tenga en cuenta. Hay una labor de programación que quiero reivindicar. Y luego siempre habrá alguien que diga: ¿tal director por qué no está? Cualquiera que haya sido fiel al festival podrá decirlo. Pero aquí también hay que tener en cuenta algo, y es que haber participado en el SEFF durante unas ediciones no te otorga un salvoconducto para toda la vida. No siempre hay que decir .

"El reto de este año es justo lo que no se ve del festival; ahora mismo estamos llegando hasta donde podemos llegar"

-Aun así, llama la atención la ausencia de cineastas que eran habituales, como Lanzmann, Garrel o Dumont, que de hecho ganó en 2016 el Giraldillo de Oro por Ma loute y este año va al Festival de Gijón [que dirige Alejandro Díaz Castaño, antiguo programador del SEFF y mano derecha de Cienfuegos hasta su repentina marcha el pasado marzo]. ¿Se miran mucho de reojo los festivales? ¿Hay piques?

-Hombre, eso siempre ha ocurrido. Pero yo lo que tengo que decir al respecto es que el SEFF a finales de agosto ya tenía prácticamente cerradas todas las secciones. Ha ido todo muy rápido este año y, es más, estoy muy contento con la apuesta por Sevilla de distribuidores nacionales e internacionales. ¿Éste es el festival que queríamos? Absolutamente. ¿Hubiera firmado hace meses tener esta selección? Con los ojos cerrados. Y bueno, sí, hay cuestiones que vinieron como vinieron, pero también te digo, porque es así, que yo ya tenía claro el año pasado que había que abrir un poco el comité de selección del festival. En definitiva, que tenemos una programación muy sólida y están los cineastas que tienen que estar. Y con esto creo que este tema está ya claro. Evidentemente, lo que yo no voy a hacer es opinar sobre lo que se programa en otros festivales.

-¿Ha tenido tiempo el nuevo programador, Javier Estrada, para dejar ya alguna impronta?

-Yo creo que este año se nota el músculo del comité de programación, en el que están él, Elena Duque, Elena López Riera, Luis Parés y Juan Antonio Bermúdez. Un comité amplio, abierto, que como te digo ya tenía yo en mente a finales de 2016 porque el festival necesitaba ciertos cambios en su estructura. Pese a la precipitación con la que Javier Estrada se incorporó, con él a la cabeza y los demás programadores, creo que hemos hecho una programación contundente y juguetona.

Foto: Víctor Rodríguez Foto: Víctor Rodríguez

Foto: Víctor Rodríguez

-Dijo hace unas semanas que hay productores que se echan atrás en Sevilla y prefieren probar suerte en otros festivales porque la competencia en el SEFF es muy fuerte. "No sé si es bueno o malo", dijo usted. Como mínimo, parece paradójico...

-A ver. Los festivales tenemos que servir también a las películas, y si tú no puedes defender bien una, es decir, si no puedes darle un lugar digno, por lo que sea, porque tienes demasiadas ya de ese país o porque una sección ya ha llegado al límite, entonces creo que hay que hacer un ejercicio de generosidad, y nosotros eso lo hemos hecho este año, dejarlas pasar para darles la oportunidad de que se presenten en otras muestras donde a lo mejor tendrán más foco. Pero es verdad que a mí, en todos mis años como programador, nunca me había ocurrido esto.

-Eso será bueno, tal vez, para las películas en cuestión, pero no para el SEFF, ¿no? Cuantas más películas buenas...

-Bueno, sí... Pero esto le ocurre también a otros festivales importantes. Es algo que en todo caso habla a las claras del nivel al que ha llegado el SEFF.

"Eso de 'el mejor cine se ve en la televisión' ha sido una apisonadora; el espectador, en general, se ha vuelto más pasivo"

-Este año habrá más de 400 proyecciones y 205 títulos. Usted mismo ha apuntado que para futuras ediciones cabe replantearse las dimensiones de algunas secciones del festival. ¿Por qué tantas películas? Sin cuestionar a priori su calidad ni su interés, ¿qué sentido tiene una oferta tan inabarcable?

-A todos los festivales les pasa. En las últimas semanas se han ido incorporando películas de distribuidores o productores que vienen a buscarnos a nosotros porque es aquí donde quieren estrenar. Dejar pasar una película que has visto y que amas, como es el caso de algunas películas que se han incorporado a última hora, me parece que es hurtarle algo al espectador. Y eso este año nos ha ocurrido más que nunca. Podríamos haber seguido añadiendo películas hasta hace unos pocos días, tal cual, y todas esas ofertas que no dejan de llegarnos, insisto, da una idea de dónde está ahora mismo el festival, aunque no quiero entrar en clasificaciones, que es una cosa que odio. Pero sí, tener que colocar en la programación una película al lado de otra, una película contra otra prácticamente, claro que es hasta doloroso. Es complicado encontrar un lugar para todas las películas, para todos los cineastas, que quieren y merecen tener su foco, sus encuentros con los medios, y, en un plano organizativo, para todos los equipos que vienen. Este año tenemos varios estrenos mundiales, lo que implica que viene todo el equipo, y eso a nivel de infraestructura tiene unas exigencias que nos llevan este año a estar justo, justo, justo en el límite...

-Entonces habrá que dar un paso para crecer, ¿no?

-Pero es que más que crecimiento... Mira, hacer un buen festival es que las películas se cuiden, que haya buenas proyecciones, que sean interesantes los encuentros con los directores, que en los coloquios los espectadores tengan un buen servicio... Así crece un festival, no por cantidad de películas, ni siquiera de espectadores. Esto es impopular decirlo, pero un festival no necesariamente va a crecer porque tenga 5.000 o 10.000 espectadores más este año que el anterior. Crece cuando cuando existe una estructura sólida y engrasada.

-Usted habla de programar con rigor, de ver buen cine en buenas condiciones. Pero la administración pública que pone el dinero lo que quiere son resultados inmediatos, y si además son vistosos, mejor. ¿Lo más difícil de dirigir un festival de este tipo es equilibrar ambos aspectos?

-De momento, para mí, no. No he sentido esa presión. Partiendo, vamos a decir esto también, de la base de que es evidente el crecimiento del festival en números: de espectadores, de taquilla... Pero no hay ninguna obsesión, ni el mantra de ¡crecer, crecer, crecer! Existe una conciencia de que hay que hacer las cosas bien. Si un festival goza ya de una credibilidad, los cineastas vienen con unas expectativas y hay que hacer las cosas con absoluta profesionalidad. Ese es el reto de este año, que es justo todo lo que no se ve del festival. Ahora estamos llegando hasta donde podemos llegar con la capacidad que tenemos ahora mismo.

"Con el cartel, hubo una actitud cobarde e irrespetuosa hacia María Cañas; a muchos se les cayó la careta"

-En 2018 Sevilla acogerá la ceremonia de entrega de los Premios del Cine Europeo, una vieja aspiración y, por lo que me dice, una prueba de la capacidad organizativa del festival...

-Claro. El SEFF se tiene que celebrar también... Se decidirá un plan cuando acabe esta edición, porque obviamente habrá que organizar una serie de actividades alrededor de los premios. Pero eso no sólo hay que organizarlo, hay que articularlo administrativamente, y ya está, ya dije la palabra maldita [sonríe y guarda silencio].

-¿Y a los que se quejan de que no hay suficiente alfombra roja en el SEFF qué les dice?

-Siempre me acuerdo del director de un festival, hace unos años, que en una entrevista decía: Un festival de cine sin alfombra roja es un cineclub con medios. Al año siguiente, ese festival desapareció... Yo creo que nadie puede dudar del empaque de la programación. E insisto, no me gusta medir estas cosas en cifras, pero podemos ver las de espectadores y taquilla. En cualquier caso, habrá eventos de este tipo, y es precisamente uno de los retos de este año, todos los pequeños grandes eventos y las galas intermedias durante toda la semana, como el estreno mundial de Bajo la piel del lobo con Mario Casas e Irene Escolar, la presentación de Algo muy gordo con Berto Romero, Carlo Padial y Carlos Areces, la premiere mundial de Oro con todo el equipo de la película... Hombre, sí que hay, ¿no? Yo creo que quien dice esas cosas ni aparece por las salas ni le preocupan lo más mínimo los contenidos del festival. El photocall sí que existe, pero no voy a dejar de recordar de todos modos que aquí los protagonistas son las películas, los cineastas y los espectadores.

José Luis Cienfuegos José Luis Cienfuegos

José Luis Cienfuegos

-Este año ha insistido mucho en la importancia de las proyecciones para colegios e institutos...

-Programar un festival ya no es seleccionar unas películas y dejarlas ahí para que el público venga. Ahora, y no queda otra, hay que salir a buscar a los espectadores, explicarles qué es lo que estamos haciendo. Los más jóvenes tienen unos referentes muy distintos, es inútil hablarles de las viejas estrellas de Hollywood, pongamos, porque no saben ni quiénes son, por tanto hay que cambiar de lenguaje y de argumentos... Hay que explicarles qué cosas diferentes puede ofrecerles el cine. Vengo diciendo desde hace mucho, y antes era un tabú, que el público de los festivales de cine está envejeciendo. Y tú puedes pensar: eh, pero el público natural del SEFF son los universitarios, pero no te puedes centrar sólo en ellos, hay que abrir el festival a todos los espectadores. Por eso importa la educación en cultura audiovisual... Ese cliché de "el mejor cine se ve ahora en la televisión", esa auténtica pesadez, ha sido como una apisonadora y nos obliga a esforzarnos mucho más para que el público no tenga miedo a un cine no tan obvio, en el que de algún modo uno se tiene aventurar, y eso no es fácil para un espectador que hoy, en general, se ha vuelto mucho más pasivo.

-Hemos llegado hasta aquí sin hablar del cartel. Ahora que están aplacados los ánimos: ¿se hizo algo mal?

-[Risas] Nos mantuvimos firmes, no hubo ni un paso atrás, ni medio centímetro. Habría sido tan ridículo salir a hacer unadeclaración oficial... Pero fue muy cruel la pelea en las redes, y ese desconocimiento de la obra de María Cañas, ¡santo Dios! Pero cuando el cartel se lo encargaron otros años, no sé, a Peter Greenaway, la gente estaba encantada. Hubo una actitud cobarde e irrespetuosa hacia una artista con muchos años de reconocimiento internacional. Y a muchos se les cayó la careta. Les habría encantado que nos hubiera inquietado, poco menos que parásemos las máquinas, y a lo mejor ellos tenían más tiempo libre, pero nosotros no, nosotros teníamos que organizar un festival de cine.SEFF

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