Alain Buffard rescata mitos del cine para su "tragedia musical"
El bailarín y coreógrafo francés presenta mañana y pasado en el Teatro Central '(Not) A Love Song', su personal mirada a la memoria colectiva del siglo XX
En un momento en que los límites entre las artes han perdido su razón de ser, el creador parisino Alain Buffard, tan interesado en la danza como en la música y las artes visuales, ha realizado un trabajo en el que trata de recuperar una parte de la memoria colectiva cinematográfica del siglo XX. Para la realización de (Not) A Love Song, efectivamente, Buffard, que siempre había querido abordar el género del musical, aunque -dice- le aburrían soberanamente las grandes producciones de Hollywood, buscó inspiración en películas con historias de actrices decadentes; películas de Bergman, Fassbinder, Antonioni, etcétera, o escenas tan inolvidables como las de Bette Davis y Joan Crawford en ¿Qué fue de Baby Jane? Luego, contaminando dichas escenas -con sus poses, sus luces y sus gestos- con una banda sonora hecha de su propia mezcla de música, él, que siempre ha tenido la cuestión del género como eje de toda su trayectoria artística, acaba por inventar un género nuevo al que denomina "tragedia musical".
Una tragedia hilada por la música, en la que intervienen cuatro artistas internacionalmente reconocidos por sus propios trabajos. En primer lugar, dos mujeres de la talla de la portuguesa Vera Mantero y la italiana Claudia Triozzi, que ya habían trabajado con Buffard en 2003, en la pieza Mauvaise genre (Mala clase) y que también coincidieron, en aquella ocasión en calidad de coreógrafas, en el espectáculo Belladonne que visitó el Teatro Central hace un par de temporadas, compuesto de pequeñas escenas de streptease. A ellas se une el cantante y bailarín residente en Brooklyn Miguel Gutierrez, cuyas obras -la última, estrenada en 2007, se titula Everyone- le han procurado reconocimientos como el Premio Bessie, recibido en dos ocasiones, una como mejor intérprete y la otra como el mejor coreófrafo. Gutierrez acompaña las incesantes metamorfosis a las que se someten las dos "estrellas de cine camino de la vejez" y, con todos ellos, en escena, el músico Vicent Ségal. Según el director, "los cuatro son realmente incandescentes".
En la base de todo el trabajo interpretativo, que tiene lugar en un escenario de aséptica blancura, hay todo un aluvión de citas musicales interpretadas en vivo por los tres protagonistas. Cerca de una veintena de canciones que van desde varios títulos de Lou Reed a La Macorina de Chavela Vargas, I wanna be your dog de Iggy Pop o una balada de Bertolt Brecht/Kurt Weill, entretejidas por extractos de Orquídeas a la luz de la luna, la pieza teatral que Carlos Fuentes escribió para describir la supuesta etapa final de dos grandes mitos del cine mexicano como fueron Dolores del Río y María Félix. En las palabras de Fuentes, las dos mujeres aparecen como dos harapientas olvidadas del cine y de todos; todo lo contrario que las estrellas de (Not) A Love Song que han sido vestidas nada menos que por Yohij Yamamoto y Casey Vidalenc (Miguel Gutierrez), Chanel (Vera Mantero), Christian Lacroix (Claudia Triozzi).
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