Un hombre contra la violencia de una nación

Cover-up: un periodista en las trincheras | Estreno en Netflix

Seymour Hersh en una imagen de finales de los setenta.
Seymour Hersh en una imagen de finales de los setenta. / THE NEW YORK TIMES

La ficha

*** 'Cover-up: un periodista en las trincheras'. Documental, EEUU, 2025, 117 min. Dirección y guion: Laura Poitras y Mark Obenhaus. Fotografía: Mia Cioffi Henry. Música: Maya Shenfeld. Con: Seymour Hersh.

Más de veinte años ha estado la prestigiosa y comprometida documentalista Laura Poitras (The oath, La belleza y el dolor, Citizenfour) intentando sentar delante de su cámara a Seymour Hersh (Chicago, 1936), posiblemente uno de los últimos grandes periodistas independientes norteamericanos, premio Pulitzer en 1970, verdadero azote del poder, las instituciones públicas y el mundo corporativo con más de 60 años de profesión (UPI, AP, The New York Times, New Yorker) e influyentes y reveladoras primicias a sus espaldas.

Lo consigue ahora por mediación de su viejo colaborador Mark Obenhaus cuando Hersh ha cumplido los 88 años y aún da guerra desde su ordenador y su teléfono intentando sacar a la luz las atrocidades del ejército israelí en Gaza y señalando la complicidad norteamericana en numerosos conflictos geopolíticos, como antes lo hizo con las matanzas indiscriminadas de civiles en Vietnam, los fallidos experimentos químicos del ejército, el golpe chileno y el asesinato de Allende, el escándalo Watergate, donde se adelantó en la pista buena a los famosos Woodward y Bernstein, la revelación de las torturas cometidas en la prisión iraquí de Abu Ghraib o el sabotaje del Nord Stream.  

Poitras lo sienta para sacarle a regañadientes el relato de una vida dedicada casi obsesivamente al periodismo de investigación como verdadero contrapoder y pulso cívico, adquirido de manera casi autodidacta a pesar de los orígenes familiares y ejercido a veces de forma kamikaze dentro de los protocolos y cauces oficiales. Cover-up se despliega así entre su relato en primera persona, sus amenazas de abandono y sus brotes de mal carácter, pero sobre todo en el prodigioso ensamblaje de un material de archivo que nos lleva por las décadas de los 60, 70, 80, 90 y lo que llevamos de siglo XXI como si de un gran thriller político o un combate entre David y Goliat se tratara.

No se elude tampoco el riesgo de comprar el fake (las cintas de Kennedy), los límites de una ética periodística que se ha movido entre la férrea protección de las fuentes (siempre muy buenas en su caso) y la a veces excesiva confianza en la versión única, asuntos y contradicciones que se ponen sobre la mesa como recursos de quien se sabe siempre vigilado y en el punto de mira de los gobernantes y políticos (con Kissinger y Rumsfeld como grandes antagonistas) proclives a cubrir a toda costa sus corruptelas, actos anticonstitucionales o crímenes.

A la postre, el Hersh que se nos revela aquí no deja de ser un dinosaurio idealista, heroico y utópico convencido de una labor imprescindible que, como él mismo señala, el Periodismo abandonó hace ya décadas entre los intereses corporativos de los grandes grupos mediáticos y su flagrante connivencia con el dinero y el poder.  

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