REAL ORQUESTA SINFÓNICA DE SEVILLA | CRÍTICA

Travesuras y colores orquestales

El director Marc Albrecht El director Marc Albrecht

El director Marc Albrecht / DS

Bienvenidos sean conciertos como éste de anoche y que hoy se repite. Un concierto inobjetable desde su mismo programa hasta, sobre todo, sus intérpretes. Porque se agradece de vez en cuando conocer a otras batutas diferentes al frente de nuestra orquesta, especialmente si, como es el caso, se trata de un gran maestro capaz de llevar a la Sinfónica a altos grados de entrega y de excelencia musical, de hacerla crecer.

Marc Albrecht mostró sus armas desde los primeros compases del Till Eulenspiegel de Strauss. El gesto es preciso y elegante, sin aspavientos ni gesticulaciones de cara a la galería, sino con las indicaciones precisas como para que la orquesta respondiera con exactitud y flexibilidad a sus indicaciones. Sólida técnica de batuta al servicio de una visión analítica de las partituras que le permitió clarificar todas y cada una de las frases instrumentales de las piezas del programa, controlando las dinámicas (magnífico crescendo final de El pájaro de fuego) y sin forzar gratuitamente el volumen global; pero no por ello privando de energía a los pasajes más dramáticos. Su sentido del color tímbrico le permitió cerrar una versión brillante de El aprendiz de brujo, secundado por una orquesta en plenitud de facultades.

Para el complejísimo e infrecuente cuarto de Rachmaninov, reto tanto para la batuta como para el solista, se pudo disfrutar de un espléndido Alexei Volodin. Gesto también mesurado el suyo que no nos hace olvidar su formidable técnica y su capacidad expresiva en todos los registros.

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