Añoranza de vidrio y mesas redondeadas
Idea original, creación, vestuario y selección musical: Juanjo Macías. Utilería: César Flecher. Lugar: Sala Duque La Imperdible. Fecha: Viernes 21 de septiembre. Aforo: Tres cuartos.
La clave estaba en el primer chiste, que bromeaba sobre el look de la sala y el hecho de que habían tenido que construirla esa misma mañana, y en uno de los últimos, que remitía a la naturaleza imaginaria de todo lo que había ocurrido sobre las tablas: los grandes éxitos de Juanjo Macías tienen algo de bricolaje nostálgico, sesión de espiritismo y sueño colectivo, y aunque el actor y cómico se dirija a una platea que desea crisol de tipos y edades, su interlocutor válido sólo es uno, el que tiene memoria de lo que, efectivamente no hace demasiado, ocurría en los bares sevillanos en los que Macías representaba Derramando lunares o La muerta. Es ese espectador el único que ríe con perspectiva, y el que entiende de veras los apartes alcohólicos del maestro de ceremonias (al público del cabaret siempre le vino bien un poco de brillo en los ojos, pero en las salas sólo se bebe si uno no ha olvidado la petaca).
Los grandes éxitos de Macías lo tienen sacando vestidos inenarrables de una maleta y rememorando algunos de los espectáculos y playbacks que le arrancaron risas a la noche canalla. Algunos se mantienen incólumes -en especial las mímicas de Campanera y Me gusta mi novio-, otros, los más modernos y discotequeros, parecen perder su sentido sin el contexto etílico-festivo del bar que los acogiera. De todas maneras, es entre número y número donde se cuece lo mejor del espectáculo, aquello que no ha mellado el tiempo, el saber hacer y los envidiables reflejos humorísticos de este gaditano. Porque Grandeséxitos, más allá de las canciones "en riguroso playback", es un one-man-show en el que Macías se muestra ocurrente y gracioso sin resquicio alguno, ya sea siguiendo el guión, ya improvisando ante alguna ocurrencia del respetable (al que el autor, joven de espíritu pero, en definitiva, perro viejo, sabe sacar todo el partido imaginable, pues de eso se trataba casi siempre en aquellas soirées interminables). Aquí y ahora, el público también rio y soltó, como reclamaba Macías, algo de pesadumbre y agobio.
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