Antonio García Villarán | Artista, escritor, editor y 'youtuber' "La pandillita del arte contemporáneo le tiene un miedo atroz a la gente"

  • Acaba de publicar 'El arte de no tener talento', un libro en el que compendia los duros y burlones puntos de vista sobre el arte moderno que lo han convertido en un exitoso comunicador digital

Antonio García Villarán (Sevilla, 1976), en una imagen promocional. Antonio García Villarán (Sevilla, 1976), en una imagen promocional.

Antonio García Villarán (Sevilla, 1976), en una imagen promocional. / Claudia Ruiz

Artista plástico, ilustrador, diseñador e incluso cartelista, poeta, alma de la editorial Cangrejo Pistolero, artífice del Festival de Perfopoesía y de otras iniciativas ligadas a ese cajón de sastre que viene a resumirse en la expresión agitación cultural... Tras media vida reiventándose, Antonio García Villarán sintió un profundo "desencanto" y acabó por encontrar nuevas fuerzas mudando de nuevo de piel y convirtiéndose en youtuber.

En su canal, donde recuerda con frecuencia que tiene un título de doctor en Bellas Artes, ha montado una especie de cruzada –que él llama "misión"– contra el arte contemporáneo, o más bien cierta clase de arte contemporáneo, aunque lo cierto es que el protocolario matiz no es del todo necesario ya que casi nadie se libra de sus risueñas pero feroces invectivas. Le va bien en esta faceta –tiene más de 600.000 suscriptores– pero aun así –pocas cosas gustan más a los triunfadores digitales que el prestigio del obsoleto papel– acaba de publicar un libro, El arte de no tener talento. Revolución hamparte (Martínez Roca), en el que reúne las tesis que expone en sus vídeos.

–¿Tiene usted obras de arte?

–Claro. Tengo un Ressendi, un Pérez Aguilera, un grabado de Luis Gordillo, algunos cuadros míos y varios de amigos pintores y de antiguos profesores, pero sin colocar por falta de paredes en mi casa, que no es grande.

–Se lo preguntaba por saber qué artistas pasan su filtro, porque viendo su canal y leyendo su libro da la impresión de que prácticamente nada le parece valioso o salvable...

–La gente parece quedarse siempre con lo negativo, pero sin embargo incluso en las críticas más cañeras hablo de muchas cosas que me gustan. También lo hago como un ejercicio de justicia poética, porque de Miró o Tàpies o Antonio López yo no he escuchado una cosa mala en mi vida, así que tiene uno que preguntarse si son seres de luz, maravillosos sin interrupción. Creo que es necesario hablar de arte en esos términos. Y también es verdad que a la gente le gusta el salseo.

–No me diga que en internet funciona mejor dar leña, refutar verdades aceptadas o difundidas mayoritariamente, que mostrar admiración o entusiasmo...

–Bueno, a ver, en estos años que llevo a full con Youtube me he dado cuenta de que, aunque pueda parecer que funcionan los vídeos que son muy cañeros, en realidad nunca se sabe... Uno de mis últimos vídeos trata sobre las reglas clásicas de composición de los cuadros, algo puramente técnico, y ha tenido una aceptación brutal. Así que no es que tengas que meterte con nadie para que funcione bien un vídeo.

–¿Qué tipo de arte le interesa?

–Cada semana o cada mes me entusiasmo con alguien distinto, lo investigo y me parece el mejor o la mejor. Últimamente lo he pensado de Leonora Carrington. Luego me dije: eh, y Max Beckmann qué. Ahora estoy investigando a Gutiérrez Solana, el pintor de la España negra, y me está encantando, lo cual es lógico porque siempre me gustaron El Greco, Goya...

–¿Y cuál le decepciona?

–Muchos autores: Miró, Tapies... Yves Klein tampoco me parece para tanto. O Lucio Fontana, con sus cuadros rajados una y otra vez. Damien Hirst, por supuesto. Aunque creo que ahora mismo la que me parece peor es Yoko Ono.

–Cuéntenos qué es eso de la "revolución hamparte"...

–Es el arte que ahora predomina, el que tiene más publicidad y está más presente en los museos y las noticias. Después de tantos años de formación, como doctor en Bellas Artes, vi claro que hay un tipo de arte que no debería estar donde está. ¿Por qué? Porque es un tipo de arte para el que no hace falta tener talento. ¿Sabe cuánto cuesta el vaso de agua medio lleno medio vacío de Wilfredo Prieto? Una barbaridad, por el simple hecho de ponerlo en una sala de exposiciones. Pues yo creo que ese vaso de agua no tiene valor, ni económico ni intelectual. Hay quien cree que una montaña de papel higiénico en medio de una sala es la obra de arte definitiva, y para mí sólo es un insulto a la inteligencia.

–Antes de seguir, a lo mejor habría que definir qué entiende usted por talento, porque ya se sabe que, al menos en el campo de las artes, es una cuestión inevitablemente subjetiva.

–Si hablamos de artes plásticas, tenemos que hablar de técnica, y no quiero decir que haga falta una técnica depurada o que haya que controlar el temple al huevo como se hacía en el Renacimiento, pero sí al menos saber de qué están compuestos los materiales y cómo usarlos para llegar a un fin concreto. Yo pienso que tú no naces con talento, puedes tener algo, que yo llamo personalidad, pero luego hay que estudiar y trabajar la técnica. Un niño no nace sabiendo pintar las Meninas de Velázquez.

–¿Está para usted la técnica por encima de la idea?

–No, no, no, no digo eso. Digo que están a la par. Una buena idea con una mala técnica y una buena técnica con una mala idea llevan a lo mismo: a una mala obra.

–¿En qué momento y por qué decide hacerse youtuber?

–Lo hice por un desencanto general. Acabé cansado de las instituciones después de que un proyecto maravilloso como el Festival de Perfopoesía, cuando estaba en su mejor momento y tenía un público que llenaba los actos, se lo cargaran los políticos pese a tener un presupuesto ínfimo. También estaba muy desencantado del mundo artístico: las exposiciones que veía no me hacían disfrutar, iba a los museos y me decía: ¿pero qué coño ha pasado aquí? Todo eso me hizo estallar. Y vi que Youtube, si se usa correctamente, es lo más potente que existe hoy. En 24 horas puedo tener un público de medio millón de personas, y no sólo aquí, en cualquier sitio. Ahora mi escenario, mi púlpito, es el mundo entero.

Antonio García Villarán, en otra imagen promocional. Antonio García Villarán, en otra imagen promocional.

Antonio García Villarán, en otra imagen promocional. / Claudia Ruiz

–Según sus ideas, todo el arte conceptual vendría a ser una mera tomadura de pelo...

–No, no, no, no. Qué va. Todo el arte conceptual, no.

–¿Entonces?

–La gente piensa que yo odio el arte conceptual y la performance y no es así. Yo hablo de Marina Abramovic, por ejemplo, algunas de cuyas primeras performances sí me parecen muy interesantes, sólo que ahora su trabajo me parece comprometido únicamente con el dinero y con su fama. Mira, si nos ponemos a filosofar podemos envolver en mil teorías hasta una servilleta de papel; vale, me parece muy bien que una obra tenga mucho discurso por detrás, pero al final yo al arte le pido que me llegue, que me emocione.

–Totalmente lícito. Pero por su dureza con el arte contemporáneo y las vanguardias, al menos en los contenidos del canal y del libro, habrá quien pueda pensar que tiene una visión muy conservadora y estrecha del hecho artístico...

–Quienes se queden sólo en la superficie pueden pensar eso. Cada uno de mis vídeos está muy currado y tiene detrás una investigación importante, pero si luego alguien se queda sólo con que he dicho que Frida Kahlo no era feminista... Volviendo a la pregunta: las vanguardias me gustan, pero me he marcado como misión dar otro punto de vista sobre aquello que incluso puede que a mí me guste.

–Me han dicho que ha vuelto usted a pintar...

–Sí, y curiosamente, después de haber experimentado con todas las técnicas, incluso con la escultura, e incluso, por qué no decirlo, con el hamparte, en el que creí durante un tiempo, he vuelto a pintar cuadros al óleo.

–Le invito a que hable de su propio arte en el mismo tono que emplea en su canal de Youtube...

–[Risas] Vale, pues diría que es un tipo de pintura que me convence, fuera de las vanguardias, fuera de todo, en realidad. Siempre me interesaron Lucian Freud y Francis Bacon, su manera de ser figurativos pero con una idea muy personal del arte. Tuve una formación clásica y me rebelé contra eso, odiaba el óleo, la figuración, tuve incluso una etapa abstracta. Pero me he quitado prejuicios. Después de muchos años reflexionando llegué a la conclusión de que la pintura que me gusta ver y de la que disfruto es la que pinto ahora: esqueletos, vanitas, temas simbolistas pintados al óleo. Intento hacer algo bello con mis pensamientos oscuros. Creo que son cuadros que sólo los puedo hacer yo, y que sean únicos me gusta.

–Ciertas partes del libro transmiten bastante resquemor sobre sus experiencias en sus primeros pasos como artista...

–Yo no diría tanto. Pero desde luego he vivido de todo. Gente que se aprovecha de la ilusión de un joven que empieza. Premios que se han dado antes siquiera de que las bases del concurso estuvieran redactadas. A una amiga le regalé una escultura y luego ella la presentó a un concurso como si fuera una obra suya, y la seleccionaron, por cierto. Todo eso me ha llevado a decir: mira, como ya sé que no voy a estar en ningún sitio, porque se ve que no, voy a decir las cuatro verdades. Que son las que dice todo el mundo fuera de foco, eh.

–Si lo que dice usted es cierto, tendríamos que pensar que artistas, comisarios, críticos, galeristas, directores de museos, etcétera, todos, absolutamente todos, promueven el arte que promueven sólo porque le deben un favor a alguien...

–Así es como va la cosa, lo he presenciado continuamente: a mí me dan el premio, entonces el año que viene yo voy de jurado y se lo doy a un amigo, y el año siguiente ese amigo se lo da a otro amigo...

–¿Siempre se sintió tan fuera del mundo del arte?

–Sí, mira, sí. Pero nunca estuve dentro, así que tampoco es que se me haya echado de ningún sitio. Haces todo lo que te dicen que hay que hacer y cuando acabas te dicen: bueno, pues no, le hemos engañado, no tiene usted los contactos que debería tener, no lo va a conseguir nunca. Pues vale. Pero vamos a decirlo. Porque además no pasa nada.

–Sobre el cliché del arte contemporáneo como una burbuja extraña e incomprensible hay hasta chascarrillos recurrentes, como el de la limpiadora de ARCO que tira una obra porque parece cualquier cosa menos una obra. ¿Toda la culpa de esta falta de conexión la tienen los artistas o cabría esperar también más interés y curiosidad del público hacia expresiones que no cumplen con el código familiar y repetido desde hace siglos de la pintura figurativa, pongamos?

–Yo diría que el 90% de la culpa de la tiene el propio mundillo del arte. Ellos son los que no han querido ni quieren acercar el arte a la gente. Porque no les interesa. Por el contrario, qué han hecho: usted no tiene ni idea, usted es un cateto. Y eso, creo yo, pasa por miedo. La pandillita del arte contemporáneo le tiene un miedo atroz a la gente. ¿Por qué? Porque esas obras, detrás de tanta palabrería literaria, no tienen nada que decir, y seguramente ellos, los artistas, son los primeros que saben que es así.

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