Ressendi y las voces del color

Flamenco La génesis de un proyecto

Manolo Sanlúcar dialoga en estas líneas con la obra pictórica del artista sevillano, cuyos cuadros han inspirado el espectáculo que el guitarrista gaditano presentará el próximo día 19 en la Bienal

Ressendi y las voces del color
Ressendi y las voces del color
Silvia Calado / Sevilla

08 de septiembre 2008 - 05:00

Manolo Sanlúcar presentará el próximo día 19 en el Teatro Lope de Vega, en el marco de la Bienal de Flamenco, Baldomero Romero Ressendi, un espectáculo inspirado por la obra del artista que despertó la pasión del guitarrista gaditano por el coleccionismo pictórico. En este texto, el propio Sanlúcar habla de los estímulos que encontró en los cuadros del sevillano, y de las huellas de Rossendi en su proyecto. "Nueve cuadros extraídos casi al azar -explica el ganador del Premio Nacional de Música en 2000- para siete temas musicales por donde deshueso no estas obras, sino lo que las mismas me producen".

"He de confesar que la influencia que sobre mí pesa excede la que marca su pintura, pues algunas están determinadas por su gusto musical. Por esto, cuando me encontré componiendo La danza de los Pavos, primer cuadro que afronté, descubrí que esta música no pertenecía al estilo que mi evolución flamenca más cercana marca, sino al sabor tradicional de lo eterno. Y me gustó. Y entonces decidí que esta mirada a la tradición venía a refrescar (qué curioso) los calores extremos con que el vanguardismo y la modernidad nos sofocan. La extrema angustia por estar en un sitio donde nadie propuso. Y asumí esta idea y compuse La mirada del tiempo, una taranta de sabor añejo, y Abuelos gitanos, bulería que busca el color de unos sentimientos con los que yo conviví.

Los condenados, cuadro que con El locutorio de San Bernardo y El octavo círculo compone la trilogía que Ressendi pintara respondiendo al reto que entiende que caras y manos son lo más difícil de conseguir pintar. El cuadro me llevó por el camino de los tangos flamencos que, como él, me retó a mí mismo buscando lo dramático en el movimiento, cuando siempre lo presentí solemne y grave...

La piedad, de cuantas hiciera, la más clásica. Aquélla donde esconde el rostro de María para no hacerle frente al dolor que destruye cuanto de bello existe. Acierto que permite conservar sin desgarro, para lo popular, el rostro de la Virgen que persiste sin mancha, sin sombra que la niegue y sin la realidad que nos descubra a todos la verdad que asusta. Más tarde pintaría mil piedades, marchitas y desgarradas, quizá para vengarse de sí mismo. Por eso yo lo retomo y en esta obra doy lo que el pintor no puso. ¡María, yo te comprendo! Y a ti, maestro, te justifico. Pero aquí, en mi música, en esta soleá está el dolor que a María y a mí nos une y nos hermana.

El papa negro. Retrato de Manuel Mejías Rapela, El papa negro, cofundador de una de las familias más importantes de la historia del toreo (Los Bienvenida) y amigo personal de Baldomero Romero Escacena, padre de Ressendi. Retrato que pintara el joven maestro como agradecimiento a su protector, que logra el beneplácito de su padre para que pueda trasladarse a Madrid, donde vivirá con la familia Bienvenida. La etapa prolongada de este torero con su familia en México marca un acento diferente. Viendo aquí un punto de partida para situar mi música dentro de unos parámetros que nos une a latinos-americanos y andaluces: los ritmos valseados. Es, pues, este tempo el que amalgamo con los tempos rocieros para realizar esta obra desde el son que compartimos. Sin poder resistirme a esta melodía que compongo para la voz y que pido disculpa a quien toque cantarla.

El majareta y el serio. Y como nadie puede negarse a sí mismo, a pesar de haber querido marcar en esta obra la tradición y el sabor que nos identifica, sucumbí ante la angustia de reflejar mi actual estilo, reflejo de la pasión que me lleva a buscarme en este lugar en donde tan solo estoy. Y elegí dos magníficos autorretratos, diferentes entre sí, a los que titulé El majareta y el serio. Dos expresiones de un mismo tema, que advierten con descaro que sigo aquí, que no busco en mi música la complacencia de respuesta alguna, ni a quienes siempre esperan el cuadro del sofá, sino al que ha decidido construir un tabique para colgar la obra que nos busca y nos reta y nos hace crecer".

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