Cultura

Aurora Vargas exhibe su magisterio en Cajasol

Los Jueves Flamencos de Cajasol acogen hoy –a las 21:00, en el Centro Cultural de la calle Laraña– a una de las reinas del cante: la sevillana Aurora Vargas, que desde su maestría promete un recital en el que no quiere las ataduras de un guión establecido. Empezará con una sorpresa que prefiere mantener en secreto, un registro en el que sus admiradores no están acostumbrados a verla, y luego, tras un solo del guitarrista Diego Amaya, entrará con “unas cantiñas, una soleá y un poquito de seguiriyas. Pero todo se desarrollará tal como me vaya respondiendo la voz, ya veremos”.

Porque la cantaora es una de esas intérpretes que cree que “el duende no puede salir si tú lo mides todo. Hay fenómenos que lo llevan todo controlado, pero luego está el arte”, defiende. Vargas, que estará acompañada, además de Amaya, por las palmas de Eléctrico y de Rafael Junquera, sabe que la fuerza que despliega sobre el escenario ha creado escuela, pero no se detiene a contemplar el magisterio que ejerce en las siguientes generaciones. “Nunca he sido consciente. No he estado pendiente del artisteo, sino del arte. Era más de estar en mi casa y de irme a trabajar. No me he parado a ver: Ésta me imita en esto; ésta en lo otro”, zanja con modestia.

Del panorama actual, Vargas destaca a La Macanita, pero cuando habla del “flamenco bueno”, de esa expresión del alma “que te emociona, que te levanta estos pelillos de las patillas”, dice llevándose las manos a la cara, enumera a los clásicos: “Chocolate, Mairena, Pastora [La Niña de los Peines], Tomás [Pavón]... Con ellos, y con Carmen Amaya, o con un Terremoto o una Fernanda, se me ponen los vellos de punta”. No es el único punto en el que la cantaora se permite la añoranza: echa de menos esos festivales en que  “actuabas y te quedabas a escuchar a los demás, ahora ya no se dan esas reuniones”, lamenta. A pesar de su respeto al legado flamenco, le atraen las voces más diversas: reconoce haberse emocionado con Montserrat Caballé o con la fallecida Whitney Houston, tanto que “cada vez que ponían en la tele El guardaespaldas no me la perdía”.

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