Cultura

Cita en Sevilla: la ciudad era una fiesta

  • Un libro recuerda el espectacular impacto de un festival por el que pasaron, en sus ocho años, decenas de figuras nacionales e internacionales de primera línea.

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Tras su desaparición en 1991, las ocho primaveras transcurridas desde 1984 no han dejado de agrandarse -hasta agigantarse- en la memoria sentimental de miles de sevillanos (los cálculos oficiales cifran en 400.000 los espectadores de todas las ediciones). En aquellos años no existía el Teatro de la Maestranza (de hecho, el solar donde luego se ubicaría el coliseo fue uno de los principales escenarios del festival), por descontado tampoco el Central, y el Lope de Vega estaba en un limbo de obras de rehabilitación (muy cerca, en el Prado de San Sebastián, se celebraron también algunos de los conciertos más multitudinarios de la Cita). En aquella coyuntura de "apagón" en la vida cultural tras los últimos años del franquismo y los primeros de la democracia, Cita en Sevilla canalizó las energías del Ayuntamiento encabezado por Manuel del Valle, alcalde socialista desde el 83 hasta el 91, en su empeño de ofrecer un revulsivo para no quedarse atrás en el mapa cultural de un país que había encontrado en la Movida de Madrid el principal símbolo de su festiva y esperanzada entrada oficial en la modernidad.

Con presupuestos que oscilaron entre 60 y 70 millones de pesetas por edición, Cita en Sevilla reunió a decenas de artistas de primera línea: estrellas internacionales del pop, el rock, el jazz, el blues y la canción de autor (de Miles Davis a B.B. King, de Joan Baez a The Kings, de Frank Zappa a Leonard Cohen o The Kinks...), la plana mayor del pop español, entendido en su acepción más amplia (Radio Futura, Loquillo y Trogloditas, Gabinete Caligari, El Último de la Fila, Mecano, Joan Manuel Serrat...), del flamenco (Paco de Lucía, Camarón, Rancapino, Enrique Morente, Chocolate, Manolo Sanlúcar, Farruco, Fosforito...) y de la escena local (Pata Negra, Veneno, Kiko Veneno, Lole y Manuel, Silvio Fernández Melgarejo con sus varias bandas, Dogo y Los Mercenarios...), así como del mundo de la música clásica (Montserrat Caballé, Teresa Berganza, Victoria de los Ángeles...) y el teatro (Els Comediants, La Fura dels Baus, Marcel Marceau, Els Joglars, José Luis Gómez, Nuria Espert...) además de exposiciones y publicaciones... La nómina es muy extensa, incluso apabullante.

Un libro colectivo promovido por quienes estuvieron detrás de aquella iniciativa, y apoyado "económicamente" por la Junta y Cajasol y "moralmente" por el Ayuntamiento, recupera y reivindica ahora el legado de esas Citas en Sevilla que "sobre todo generó un hábito y una demanda que hasta entonces no existía, y la exigencia del público a las instituciones de creación de espacios culturales", dice Bernardo Bueno, delegado municipal de Cultura en la época del festival y uno de los promotores de esta publicación colectiva que se presenta hoy en la Fundación Cajasol (Plaza de San Francisco, 20:00, entrada libre). Allí mismo se celebrará también, pero ya en abril, una exposición conmemorativa de los 30 años de la primera edición, cumplidos en realidad el año pasado, en la que se mostrarán todos los carteles de las ocho ediciones del festival así como objetos curiosos (entradas autografiadas por artistas, un abrigo firmado por Leonard Cohen...), numerosas fotografías y recortes de prensa, entre otros materiales de aquella iniciativa que "propuso una transformación, incluso una ruptura con lo anterior, y por lo tanto supuso un riesgo", recuerda Bernardo Bueno.

"El sector conservador de la ciudad lo acogió bastante mal, pero fue un éxito indiscutible, e incluso sorprendente... Fue un momento en el que coincidió mucha gente en distintos sitios con ganas de hacer cosas. En el Área de Cultura del Ayuntamiento había dos secretarias, un jefe administrativo, un director de área [Miky Mata] y un concejal que era yo: lo mismo poníamos sillas, que vendíamos entradas, que descargábamos caminones, de todo. Fue... el momento. Y éramos jóvenes. Había mucha voluntad, había muchas ganas y había mucha ilusión. Y sobre todo -concluye Bueno-, un sustrato en la ciudad que lo demandaba, que lo necesitaba".

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