Erotismo blando: Emmanuelle 'reloaded'

Manuel J. Lombardo

23 de octubre 2008 - 05:00

Intentando reverdecer con industrial oportunismo aquellos tiempos del erotismo de qualité a partir del éxito de ventas de la novela autobiográfica de Valérie Tasso, Diario de una ninfómana busca morbo y calentamiento global (eminentemente masculino) a través de una insufrible fórmula diseñada para el lucimiento carnal de su protagonista, Belén Fabra, cuerpo sediento de sexo y emociones fuertes que Christian Molina (Rojo sangre) y el director de fotografía Javier Salmones filman con ese vaporoso pudor del lenguaje publicitario y una relamida estética de montaje con canciones propia del peor videoclip.

Haciendo gala de un post-feminismo de pacotilla a través del cual todavía se pueden oír frases del tipo "los hombres nos ven como madres, esposas o putas" o "y él, ¿cómo es en la cama?" o poner a hablar de sexo duro a una abuela (Geraldine Chaplin) y a su nieta al calor de una hoguera, Cuca Canals, habitual colaboradora de Bigas Luna en esto del erotismo blando, traslada con torpeza la autobiografía de Tasso a la Barcelona más moderna y pija y a un obvio formato de diario íntimo narrado por una insidiosa voz en off que da cuenta, con mucho esfuerzo, de todo aquello que las imágenes desmienten con su estética. A saber, la soledad de la mujer urbana, su dificultad para emanciparse del hombre (sic), la búsqueda del amor verdadero que calme el furor uterino, la necesidad de autoafirmación en una sociedad machista, etcétera. De vergüenza ajena.

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