Feria del Libro de Sevilla Literatura Cicus, ración doble

  • El sevillano José Ibáñez, autor de 'La niña perdida', y el cordobés Jorge Arteaga Gómez, de 'Conjura en la Sevilla imperial', recogen los Premios de Novela Rafael de Cózar

Luis Méndez, director del Cicus, y David González Romero, editor de El Paseo, en la presentación de la edición de los premios. Luis Méndez, director del Cicus, y David González Romero, editor de El Paseo, en la presentación de la edición de los premios.

Luis Méndez, director del Cicus, y David González Romero, editor de El Paseo, en la presentación de la edición de los premios. / M. G.

En el espacio La Red de la Feria del Libro, el Cicus anunció su propio gran salto adelante. Al menos en los menesteres literarios. Luis Méndez Rodríguez, director general de Patrimonio y Cultura de la Universidad de Sevilla, dijo que los premios que la institución concede anualmente en teatro, poesía y narrativa van a ganar en cuanto a esencia analógica indispensable: visibilidad y distribución. La editorial Renacimiento publicará las obras premiadas en teatro y poesía, mientras que El Paseo lanzará las novelas ganadoras del Premio de Letras Hispánicas Rafael de Cózar.

Este año se han publicado las ediciones número XXIII y XIV de los premios. Los ganadores han sido el sevillano José Ibáñez (San Juan de Aznalfarache, 1984) por La niña perdida y el cordobés Jorge Arteaga Gómez (Puente Genil, 1972) con su Conjura en la Sevilla imperial.

He aquí el otro gran salto adelante. De una novela histórica por el dédalo de la Sevilla del Siglo de Oro, pasamos a la llamada transversalidad de los temas más coetáneos (feminismo, LGTBI, discapacidad, soledad civil). Si Conjura en la Sevilla imperial es un thriller de aire antañón pero escrito sobre todo para el público juvenil, La niña perdida hay que leerla como novela histórica de nuestro aquí y nuestro ahora.

La conjura que plantea Artega Gómez es una ficción histórica sobre un intento de asesinato del emperador Carlos V durante los célebres esponsales con Isabel de Portugal en la Sevilla de 1526. La ciudad se había engalanado con siete puertas triunfales en referencia a las siete virtudes del soberano. Pero en medio de los festines un niño asiduo a los corralones de la picaresca escucha que algo se trama contra el emperador con un posible desenlace fatal. El niño contará con la ayuda azarosa de Hernando Colón.

Jorge Arteaga Gómez, con un ejemplar de su novela. Jorge Arteaga Gómez, con un ejemplar de su novela.

Jorge Arteaga Gómez, con un ejemplar de su novela. / M. G.

A la ortodoxia academicista le gusta poco el género de la novela histórica. "Lo que puede ser rechazable es la Historia novelada, pero no la novela histórica con rigor en los datos", matiza Arteaga Gómez, fiel seguidor de Pérez-Reverte y de sus Alatristes. Confiesa que se ha divertido mucho escribiendo acerca de su conjura, aunque siempre hay que equilibrar tensiones entre el imaginario y el rigor documental.

¿Matar al emperador Carlos V en Sevilla? Suena a fake news histórica. "Podría considerarse como tal hoy por hoy. No se tiene constancia de que haya habido una conjura criminal en la Sevilla de 1526. Pero el emperador tuvo tantos enemigos que tampoco sería descartable", sugiere el autor a este periódico.

El niño que descubre el supuesto complot es un reflejo del paisaje y el paisanaje de Monipodio. Asimismo, Gómez Arteaga recupera la figura de Hernando Colón, que es algo más que el nombre de una calle situada en la milla de oro del turismo en Sevilla. A Hernando Colón, hijo de Cristóbal Colón, bibliógrafo y cosmógrafo, "no se le ha hecho en la ciudad el reconocimiento que merece", concluye el autor de Conjura en la Sevilla imperial.

José Ibáñez, con el premio y su novela 'La niña perdida'. José Ibáñez, con el premio y su novela 'La niña perdida'.

José Ibáñez, con el premio y su novela 'La niña perdida'. / M. G.

Por su parte José Ibáñez, declarado admirador de Alessandro Baricco, Salvador Navarro y de la nigeriana Chimamanda Ngozi Adichie, plantea una novela de amor entre una mujer invidente (Nerea) que trabaja en una emisora de radio y una joven asistente (Rocío), quien la ayudará en su discapacidad por consejo de un hermano de Nerea. A Ibáñez le interesa sobre todo el gran misterio indescifrable: la identidad, quiénes somos, la doble piel.

"Me defino a mí mismo como un escritor de identidades. Cuando escribo una historia me interesa conocer quiénes son los personajes que voy creando. No sólo la apariencia exterior, sin qué hay dentro de ellos", explica.

La invidente Nerea, la chica universitaria Rocío, Carlos el hermano de Nerea. Cada personaje llega a ser un doble de sí mismo. Algo muy literario, que va de Dostoievski a Orhan Pamuk. "Sobre la identidad y los dobles el escritor que más me ha influido es Jorge Luis Borges y su relato El inmortal. Imaginemos las identidades por las que ha pasado su protagonista, que llega a vivir milenios".

El jurado valoró la "aproximación al entorno LGTBI", entre otros temas de la novela. "He querido reivindicar este colectivo, que es el mío, pero desde la cotidianidad. Tu orientación sexual te define y forma parte de ti. Lo que importa es aceptarte como eres”. ¿Literatura o ideología literaria de género?, le preguntarán los escamados. "¿Qué es la ideología de género? Creo haberlo oído en un mitin de Vox. No sé lo que es. Pero sí conozco el fascismo y la homofobia. Ambas cosas me preocupan", ataja José Ibáñez.

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