libros | una mirada literaria al gran duelo futbolístico de la ciudad

Pasiones sobre el papel

  • 'El derbi final', un volumen colectivo recién publicado por la editorial El Paseo, reúne casi una treintena de relatos sobre la rivalidad del Sevilla y el Betis

¿Cuánto importaría el partido que se disputa esta noche en el estadio Ramón Sánchez-Pizjuán si éste no llevase ya todo el año -todos los años- jugándose por otros medios, sin tregua, muchas veces sin clemencia, aunque por lo general con guasa, en los puestos de trabajo, en las barras de los bares, en las comidas con la familia, en los dormitorios de las parejas? Importaría no demasiado. Poco. ¿Nada? Dijo Borges que en la vida hay que elegir muy cuidadosamente a nuestros enemigos, porque tarde o temprano es seguro que acabaremos pareciéndonos a ellos. Ya es paradójico que alguien que despreció tanto el fútbol explicara con semejante precisión, aun sin saberlo, el incomparable espíritu de la rivalidad futbolística sevillana, ese tratado urgente de sociología reescrito permanentemente a base de pullas y ocurrencias.

El derbi final, un libro que acaba de publicar la editorial El Paseo, recoge 28 relatos -sevillistas y béticos en igual número, tranquilo todo el mundo- que aspiran a demostrar que esta rivalidad es "especial", explica Manuel Machuca, puesto que "conjuga las características de la forma de ser y de vivir en Sevilla". Machuca, farmacéutico y escritor, amén de sevillista, empezó a dar forma a la idea a instancias de José Ibáñez, bético, y también escritor, después de que ambos asistieran a una tertulia sobre el fútbol como fenómeno de masas. Poco después hicieron dos fichajes extracomunitarios, el estadounidense John Julius Reel (bético) y el uruguayo Joaquín DHoldán (sevillista), y los cuatro "seleccionadores" conformaron la plantilla: con el corazón en Heliópolis, León Lasa, Julio Muñoz Gijón, José Aguilar, Tacho Rufino, Antonio Hernández y Fernando Iwasaki, entre otros; ejerciendo de guardianes de Nervión, el futbolista Coke, héroe de Basilea, Gervasio Iglesias, Eduardo Osborne, Nieves Castro, Aquilino Duque o Antonio García Barbeito... El prólogo, "neutral", lo firma el escritor y periodista de esta casa Francisco Correal.

Manuel Machuca sostiene que la que hay entre el Sevilla y el Betis es una rivalidad "más sana, civilizada y divertida" que la que se da en otras ciudades donde conviven también equipos de gran arraigo social y trayectorias históricas. "En mi opinión -dice- tiene que ver con dos aspectos: el primero, que el número de aficionados de uno y otro equipo sea muy similar, como corresponde a una trayectoria histórica parecida, aunque esto se haya roto para bien en los últimos diez años; el segundo es la idiosincrasia andaluza, el ser un pueblo pacífico, que vive en la calle, y por tanto convive con sus semejantes, y que a falta de otras expectativas, subsiste y resiste gracias al buen humor. Ni uno ni otro aspecto se da en Madrid o Barcelona, y mucho menos entre otros que, por muy cercanos que estén, pertenecen a ciudades diferentes. La rivalidad se hace tomando café en el bar con tu adversario. Y en una ciudad con tantos bares, pasa lo que pasa".

"Claro -tercia José Ibáñez-, es que este derbi no lo marca el calendario de la Liga, sino que lo jugamos todos nosotros durante todo el año. Y como bético quiero que el Betis esté por encima del Sevilla, pero cuando no es así, aunque me dé rabia, me consuelo pensando que mi primo Andrés o mi amigo Ramón tienen algo que celebrar y me alegro por ellos, que no por su equipo". "Podemos poner como ejemplo el propio germen de este libro -añade Joaquín DHoldán-: a mí, sevillista, me fichó José, bético; y a John, bético, lo fichó un sevillista, Machuca. Así que queda claro que el libro existe por lo mismo por lo que la rivalidad del Sevilla y el Betis es lo que es: por la coexistencia. La relación entre hermanos es, en sí misma, un conflicto, pero ambos se necesitan. Por eso éste no es un libro anti-nada, sino a favor". A favor de la rivalidad en sí, por ejemplo, en el caso de John Julius Reel, que al llegar a Sevilla desde su Nueva York natal para ganarse la vida dando clases de inglés, casi por mero azar o capricho se unió "a la causa bética". "Pero eso podría cambiar. Si un día llegan los tiempos dorados del Betis y el Sevilla cae en un hoyo del que no pueda salir del todo, y veo que demasiados béticos se regodean con las desgracias del otro, cambiaré de camiseta en un santiamén -dice-. Yo sólo juro mi lealtad a la rivalidad del fútbol sevillano, tan vivificadora que normalmente ahoga en una avalancha de alegría y amor a los malajes, a esos que no saben ni ganar ni perder".

En los relatos que recoge el libro hay tanta diversidad de tonos y registros como maneras de sentir los colores y de ejercerlos ante los demás. Abundan las evocaciones sentimentales, muchas ligadas a la infancia y a los momentos fundacionales junto a la figura del padre -"yo soy bético porque el mío lo quiso así; es el vínculo más fuerte que tenemos, y si no sabemos de qué hablar, hablamos del Betis", reconoce Ibáñez-, pero también hay piezas de ficción, como esa final sevillana de Champions de 2027 con guiño a Antonio Puerta incluido con la que invita a fantasear el productor de cine Gervasio Iglesias, así como estampas costumbristas, una reflexión sobre el nueve ideal con Alfonso Pérez Muñoz al fondo o los recuerdos de Coke, el ex lateral diestro sevillista, desde este verano en el Schalke 04 alemán, de la épica -o dramática, según...- tanda de penaltis con la que el Sevilla certificó su remontada y apeó al Betis en su propio campo de la Europa League en marzo de 2014. Por no faltar, no falta ni una conversión por amor: la del paraguayo Marco Flecha al sevillismo.

"El lector de El derbi final tiene la emoción y la curiosidad garantizadas. En esta Sevilla dual, esa dualidad tiene en el fútbol su metáfora más equidistante, más sabrosa", escribe en el prólogo Francisco Correal. Y uno de los grandes y más longevos y gastados tópicos de esta ciudad dual establece que el Betis es el nobilísimo equipo del pueblo, sufridor el uno como el otro; mientras que el Sevilla, altivo y arrogante, representa a los ricos y poderososya quienes no son ni lo uno ni lo otro pero por por aparentar que no quede. Llegados a este punto conviene preguntar a los extracomunitarios, tal vez menos contaminados por esas supuestas verdades heredadas. "El modus vivendi y operandi del sevillista medio parece no sólo transmitir sino también cultivar una imagen de éxito, en algunos casos vulgar, que anima a los front-runners (chaqueteros o aficionados en las buenas) a apuntarse y quedarse. Los béticos, sin embargo, son harina de otro costal", opina el neoyorquino Reel.

Al contraataque, veloz y educado pero contundente, llega el montevideano DHoldán: "Es el tópico más injusto decir que el Sevilla es un equipo de señoritos y el Betis es popular y querido. También lo es la apropiación de los sentimientos, esto no sólo es injusto sino además indemostrable, o el apoyo en la derrota, incluso el elogio de la misma... Yo he visto a los aficionados del Betis ir a protestarle a sus jugadores, cosa que detesto cuando lo hacen los míos. Yo creo en los aficionados que nunca se van de la cancha aunque vayas perdiendo por seis goles, los que alientan y son de su equipo en la victoria y la derrota, los que elogian la garra y prefieren perder jugando bien que ganar especulando. Se suele ser de un equipo por la cosa familiar, pero en mi caso, que es por adopción y elección adulta, me gustó el Sevilla que conocí al llegar: había uruguayos, y siempre suele haber brasileños, colombianos o argentinos que son claves... Me marcó, además, la reacción de la gente con lo de Puerta. Y tengo amistad con Germán Hornos, con el que el club se comportó de forma admirable tras su accidente, y con Coke; nos conocimos en la librería Un Gato en Bicicleta. Íbamos juntos al teatro, soy su dentista, y me parece un tío valioso como símbolo, como futbolista y como persona".

Contra ciertos tópicos se revuelve también José Ibáñez, éste sobre su propio equipo: "El rasgo fundamental del beticismo es su fidelidad. Eso está fuera de toda duda. Quien diga lo contrario, miente, porque está documentado que durante 50 años tuvimos el récord de asistencia a un partido de Tercera, por poner un ejemplo. En esos años se acuñó el manque pierda, que no es conformista, todo lo contrario: significa que si el Betis se cae, el beticismo sigue ahí apoyando. Al club, históricamente, lo ha salvado su afición. Ahora, en esta etapa, tenemos que que evolucionar hacia el manque gane".

Alguien escribió que sólo había algo mejor que la música: hablar de música. Lo mismo podría decirse del fútbol. Pero hoy hay partido, y habrá que verlo, no sólo comentarlo... Estos son los pronósticos de los seleccionadores: "Digo 1-4. Vengo fuerte, ¡tendré que creérmelo!" (Reel). "Soy hijo del maracanazo: contra toda pronóstico Uruguay ganó 2-1 a un Brasil imbatible y goleador, y lo hizo a puro espíritu, cosa que el Betis aún está trabajando, por eso creo que el 2-1 será para nosotros" (DHoldán). "Preveo un partido muy abierto y victoria del Betis por 2 -4, ya nos toca una alegría" (Ibáñez). "Estando Sampaoli, me conformo con un 7-6. No, en serio, no creo que haya las diferencias de estos años. Un 2-1, con ganar es suficiente. Y si es por poco, mejor, que me encanta escucharlos hablar de injusticia y de la suerte que tenemos" (Machuca).

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