Íñigo Sampil | Director del Coro de la Asociación de Amigos del Teatro de la Maestranza “Ha llegado el momento de que el coro del Maestranza se abra a la ciudad”

  • Cuando cumple nueve años al frente del coro sevillano, el bilbaíno Íñigo Sampil afronta esta semana uno de los retos de la temporada, el segundo concierto de cámara del curso

Íñigo Sampil cumple nueve años al frente del Coro del Maestranza Íñigo Sampil cumple nueve años al frente del Coro del Maestranza

Íñigo Sampil cumple nueve años al frente del Coro del Maestranza / Belén Vargas

Después de pasar por la Ópera de Bilbao y de estar tres años como correpetidor y pianista del Coro del Maestranza, Íñigo Sampil fue nombrado en junio de 2010 director del conjunto, el quinto que tiene el coro desde su fundación en 1995 y el que más tiempo lleva en el puesto. "Es sin duda el trabajo más significativo de mi carrera. La responsabilidad y la complejidad de la tarea son importantes. Es un puesto que requiere muchas habilidades. A lo mejor en ninguna de ellas soy especialmente brillante, pero en todas tengo que funcionar. Incluso a nivel político y psicológico. No siempre basta con lo que tú eres, no siempre vale eso, sino lo que transmites, lo que negocias".

-Acaban de terminar las funciones de El trovador de Verdi. ¿Cómo se han saldado desde el punto de vista del coro?

-Ha ido bien. Es una obra que cogíamos con muchas ganas. Porque El trovador es la quintaesencia de la ópera. Les he dicho que es como la ópera estándar, pero a la vez es algo único. Es una ópera un poquito extraña, por su argumento, por su carácter sanguíneo. Y es muy variada, para nosotros también. Tiene fortes, a cappellas, tiene partes en las que hay que controlar mucho el color... La hemos trabajado mucho y estamos muy contentos con los resultados. Las críticas han sido muy buenas.

-Las críticas vienen siendo muy buenas desde hace tiempo. ¿El elogio debilita?

-En principio, es positivo. Trabajamos mucho, y tener el reconocimiento de la crítica, del público y de los artistas con los que trabajamos te ayuda y te motiva a seguir trabajando, pero es verdad que tiene un punto en el que la gente puede pensar que está todo hecho, y eso es peligroso. En esto de la música en directo, un día que uno no tenga la concentración necesaria, en el sitio más aparentemente tonto y que siempre ha salido bien, puede haber problemas. Eso pasa. Tenemos que mantener la concentración todos los días y con ella, la regularidad. No en todas las funciones de este Trovatore hemos estado al mismo nivel, pero intentamos dar siempre el máximo.

-El próximo jueves ofrecen el segundo recital de cámara de la temporada. Después del que hizo la sección femenina, esta vez será la sección masculina del coro. ¿Echaba de menos estos programas?

-Se echaban de menos, sí. Desde el punto de vista del coro es una oportunidad abordar un repertorio que tiene tanta o más riqueza que el repertorio operístico y sinfónico. El repertorio de cámara es una gran experiencia para nuestros coralistas, es un acicate y también una aventura. Tenemos casi 25 años de historia en la ópera, pero esto empieza a andar ahora. Por otro lado, es importante para la cultura de la ciudad. Igual estamos ocupando con estos dos conciertos un repertorio que no se hace tanto. En Sevilla hay mucho grupo barroco, pero este sector del repertorio está algo abandonado. El coro femenino hizo un programa con arpa y música de Brahms, Holst y Britten. El masculino ofrece un programa con obras de Schubert y Mendelssohn dedicadas a la noche. Ese es el hilo conductor, pero el programa tiene una gran variedad temática. Para nosotros es lo más difícil del año. Es un repertorio en el que puedes profundizar y no acabar. Esperamos que sea una experiencia que no termine aquí, sino que pueda tener continuidad.

"Con los dos conciertos de cámara estamos ocupando un repertorio que apenas se hace en Sevilla"

-¿Es suficiente el repertorio sinfónico que hace el coro?

-Me consta que el maestro Axelrod quiere contar más con el coro, pero a veces hay problemas de presupuesto, ya que normalmente las obras que requieren coro también necesitan solistas, a veces solistas de prestigio. Este curso ha estado bien, porque colaboramos en tres obras, hicimos Kaddish de Bernstein, el Réquiem de Mozart en el Amadeus del Lope de Vega y terminaremos con El sueño de una noche de verano. Sin embargo, la temporada anterior no tuvimos programas sinfónicos. Yo estoy comprometido con lo sinfónico. Hago un esfuerzo personal para que haya al menos uno o dos programas al año, porque es importante para la calidad del coro, pero también porque estamos para eso, la ciudad tiene que escuchar esas obras.

-John Axelrod habló en una reciente entrevista de la posibilidad de programar la próxima temporada una Octava de Mahler, que sería la primera vez por la ROSS y la segunda vez en la ciudad. Cómo está eso.

-Están los planes, pero se trata de una obra extraordinariamente compleja. Hay cosas que cerrar, de solistas, de ubicaciones, de con qué coros contar, porque nosotros seríamos uno de ellos; el otro tendría que venir de fuera. Se ha hablado, pero a ver cómo se define y se cierra. Si no sale, tenemos algún otro programa sinfónico. Son importantes. El coro crece con ellos. Cuando montamos una ópera, musicalmente vamos creciendo hasta que llega la escena, entonces empieza a haber una cierta inestabilidad, porque hay que adaptarse a muchas circunstancias, los solistas, el maestro, las luces… A veces tenemos que bajar y volver a subir. En el sinfónico se trata de concentrarnos sólo en la música, es siempre subir.

Un momento de Il Trovatore ofrecido en las últimas semanas en el Maestranza Un momento de  Il Trovatore ofrecido en las últimas semanas en el Maestranza

Un momento de Il Trovatore ofrecido en las últimas semanas en el Maestranza / Juan Carlos Muñoz

-¿Recuerda algún momento especialmente complicado en estos nueve años, alguno en el que le saliera de dentro un espontáneo "¡madre mía!"?

-No recuerdo ningún momento especialmente crítico. Pero madres mías hay dos o tres mínimo a lo largo de la temporada. Mi trabajo es muy fácil de hacer unos días y en otros empiezan a salir problemas por todas partes. Sí recuerdo algunas obras especialmente complicadas. Por ejemplo, en la segunda temporada hicimos el Requiem alemán de Brahms. Yo tenía mis dudas de si era el momento para que el coro lo cantase. Fue una experiencia difícil. Por suerte, lo dirigió Günther Neuhold, y el maestro nos ayudó. Era una obra en que necesitábamos que nos guiasen bien, que lo hiciesen fluido. La experiencia nos sirvió para crecer mucho. El año siguiente hicimos un Réquiem de Mozart con relativa facilidad. Posiblemente si no hubiéramos hecho antes el de Brahms eso no habría sido posible. Fue especialmente duro, porque es una obra kilométrica. La gente no estaba acostumbrada al estilo. Yo sabía lo que quería en cada nota. Otra cosa es que saliese. Esa obra es de las que recuerdo complicadas. Otra fue el Doctor Atomic, muy compleja musicalmente. Hubo que trabajarla, pero el coro la salvó, lo hizo muy bien. También recuerdo Tannhäuser, obra muy larga, que exige mucha energía. A veces hay obras grandes, con grandes masas complejas que necesitan mucho trabajo, pero una vez montadas, las cantas y no se aprecian tanto los detalles, pero el problema de Tannhäuser es que hay que cantarla muy bien, es muy transparente, sobre todo los a cappella, el coro de peregrinos y todo eso. Tuvo su fatiga.

-¿Hay problemas específicos derivados del idioma? Por ejemplo, en el repertorio eslavo.

-El repertorio eslavo se hace poco en Sevilla. Hicimos Sarka de Janácek, que no es su ópera más representativa precisamente. Lo más interesante de la obra era casi la música coral, sobre todo la de las mujeres. Lo trabajamos y no salió mal. A veces es más complicado el francés. Es muy difícil de cantar. Es tan importante a la hora de hacer la música, las e abiertas, las e cerradas. Es que la correcta pronunciación es ya música, controlar que una sílaba tenga más peso que otra... Transmitir esto a un coro español cuesta, porque ese nivel de musculatura de movimiento para las vocales no es fácil. El alemán es más estable en ese sentido. El francés es de los que más cuesta. De ruso no he hecho nada aquí. A ver cuándo toca.

-El del Maestranza es un coro semiprofesional, ¿qué problemas acarrea eso a la hora de planear una temporada?

-Uno de ellos es una cierta inestabilidad de la plantilla. Hay gente muy comprometida, que lleva mucho tiempo y tiene su vida adaptada al coro, y hay otra gente que no lo está tanto, y cuando vienen las apreturas, lo deja. Y claro, si se juntan dos o tres bajas importantes en una cuerda, puede cambiar la dinámica de esa cuerda.

-¿Cómo se trabaja para hacer que eso no se note, que la homogeneidad no se pierda?

-Cuando entré hubo una cosa que yo quería corregir, la irregularidad. Yo llevaba tres años observando al coro como pianista y creía que podía mejorar eso. El teatro programaba de una forma que era difícil de asumir para el coro, porque había cosas que iban demasiado seguidas. A veces tienes que hablar con el teatro para ver cómo te pueden ayudar. A veces tienes que programar periodos de ensayo imaginativos para solventar los cuellos de botella que se producen. Luego había también cierta irregularidad entre los grupos de trabajo. No eran iguales. He intentado mejorar eso. Hablo cara a cara con cada uno de los miembros del coro sobre la temporada que tenemos por delante, su disponibilidad, y pretendo hacer grupos compensados. Como maestro del coro tienes que tener claro que cualquier cosa que hace el coro es importante. Primero, por el público y segundo, porque tienes que intentar transmitir que no hay obras importantes, que hay que hacer bien, y otras no tan importantes que bueno, las hacemos de cualquier manera, porque eso genera la sensación de que no importa si no das lo mejor de ti. Y eso es algo a evitar siempre. Recuerdo cuando hicimos Cristoforo Colombo en versión concierto hace unos años, y la gente estaba un poco aburrida, poco motivada, y yo tuve que estar ahí, apretando. Si haces Turandot es todo muy bonito, y la gente se pone las pilas enseguida. Pero hay que ponerse las pilas siempre. Y por eso necesitamos que haya audiciones continuas, necesitamos gente que entre y cubra bajas de los que lo dejan o tienen una actividad más esporádica. Necesitamos que haya gente que mantenga el nivel en cantidad y en calidad.

Íñigo Sampil el pasado viernes ante la iglesia de la Magdalena Íñigo Sampil el pasado viernes ante la iglesia de la Magdalena

Íñigo Sampil el pasado viernes ante la iglesia de la Magdalena / Belén Vargas

-¿Cómo se las arregla con los horarios, porque cada cual tiene su trabajo?

-No es fácil, sobre todo porque se crean cuellos de botella. El Maestranza es complejo. Hay temporadas, la próxima puede pasar, en que hay meses excesivamente relajados y de repente, mucho trabajo. ¿Cómo se hace? Pues anticipando algunas cosas, aunque sabes que los cuellos de botella son inevitables. La planificación es algo que tengo que pensar mucho porque es parte importantísima de que los resultados sean buenos. Estoy ya planificando la temporada que viene, aunque no esté del todo cocinada. Pero me estoy haciendo una idea de lo que el coro estará haciendo en octubre, en noviembre... Hay por ejemplo una obra en junio que igual tenemos que empezar a trabajar en enero y luego retomarla en abril. Pero también hay que intentar que no haya mucho tiempo entre los ensayos y los estrenos. Si haces un ensayo suelto a falta de seis meses, la gente se olvida… No es fácil. Tiene su arte. También tienes que procurar no pasarte de ensayos. Necesitamos que los ensayos sean eficaces, y acertar exactamente con lo que hace falta, no programar cuarenta y que luego sobren veinte.

-¿Cómo han sido los primeros contactos con Javier Menéndez, el nuevo Director General del Maestranza?

-Positivos. He tenido pequeñas reuniones en las que le he presentado el coro, hemos hablado de la temporada que viene… Él tiene experiencia en un teatro de ópera con un coro de naturaleza similar al nuestro. Está cocinando la temporada y las ideas de lo que quiere transmitir.

-¿Cuál es el repertorio que mejor le va al coro?

-El italiano belcantista nos va muy bien, pero creo que la polivalencia es nuestra principal virtud. Sin ser un coro especializado en el Clasicismo cuando hemos hecho cosas clásicas las hemos hecho muy bien. Incluso el Gluck que hicimos o La princesa de Navarra de Rameau. Rameau fue una experiencia un poco extraña para mí, tuve que sumergirme en un mundo muy particular, el de las inégalités, los trinos... Es algo muy particular, mucho más que hacer Haendel o Bach.

-¿Cuáles son sus principales retos ahora mismo?

-Esta semana tenemos uno muy importante. Pero me gustaría que el coro tuviera más presencia independiente activa. En los 90, tras la apertura del teatro, tras la Expo, la gente venía casi sin que tuvieras que hacer nada. Ahora nos tenemos que ofrecer más a la sociedad y no esperar que las cosas nos caigan del cielo. Creo que ha llegado el momento de que el Coro del Maestranza se abra a la ciudad. Tenemos esto que estamos haciendo bien y hay que mostrarlo. Todos los miembros del coro tienen una calidad. Estas 80 personas tienen su calidad. No es que mañana puedas coger a otras 80 y vaya a funcionar igual. Estaría bien mostrar esto a la ciudad. 

"Sería un reto hacer ‘Carmen’; el coro estaría muy motivado para hacerla especialmente bien"

-¿Qué obras le gustaría hacer?

-Hay muchas, aunque si las pienso como maestro de coro traerían muchos quebraderos de cabeza. Por ejemplo, Boris Godunov me encantaría, pero no sé si estamos preparados para una obra como esta, en la que el coro es tan importante. Lady Macbeth de Shostakóvich sería otra, pero también es complicada. Un reto sería hacer Carmen. Imagino que llegará en algún momento. Sería un reto importante, el coro estaría muy motivado para hacer eso especialmente bien. Peter Grimes también me gusta mucho. Y creo que está en el límite del coro. El sonido no es el mismo que en Boris Godunov; el sonido de Boris no lo tenemos todavía, pero si el coro sigue creciendo y se dan las circunstancias adecuadas, el de Peter Grimes, sí y podría salir bien. Me gustan mucho Jenufa de Janácek o Idomeneo de Mozart. Son dos obras que podríamos hacer muy bien. También me apetece Lohengrin, pero tampoco es fácil. Lo cierto es que me gustan cosas que son un poco marrón para el coro.

-Ahora mismo tiene un contrato indefinido con el Maestranza. ¿Se ha planteado alguna vez buscar otro proyecto? ¿Ha tenido propuestas?

-Alguna oferta ha habido. Y en algún momento puede ser bueno tanto para mí como para el coro que haya un cambio, pero de momento no se da. Tenemos la ventaja de que nos conocemos y hay cosas que así son más fáciles. A corto plazo no lo veo. A medio plazo es algo que puede surgir. No sé cuándo la relación se romperá. Pero ahora mismo estoy bien.

-Un deseo. Algo que supondría un salto adelante para el coro.

-Se me están ocurriendo muchas cosas. Porque siempre es posible mejorar. Y claro que hay cosas mejorables. En el teatro estamos valorados, pero el coro, como le pasa a la ROSS, no deja de ser una entidad que no forma parte del teatro. Hay algunas cosas de entendimiento con el Maestranza que podrían mejorar. A veces echo en falta un poco más trabajo de equipo dentro del teatro. Espero que con Javier Menéndez eso pueda ir mejorando. Luego, tengo gente muy heterogénea en el coro. Si todos tuviésemos la ambición, el carácter y la capacidad de sacrificio de algunos de mis coralistas, si eso lo tuviésemos todos, seríamos un coro impresionante. Nadie es perfecto. Tengo gente con una motivación por mejorar increíble, que incluso van por delante de mí. Yo comprendo que no todo el mundo es igual, no todos tienen el mismo empeño, y que para muchos el coro es sólo una parte más de su vida. Pero a veces lo pienso, si ese espíritu de los más comprometidos lo tuviésemos todos, sería algo extraordinario.

 

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