Premio de Cultura de la Universidad de Sevilla Luis Gordillo, el creador que empezó la Historia del Arte "por el final"

  • El pintor, distinguido por la Universidad de Sevilla, opina que su obra "no es abstracta, yo la veo muy real"

El pintor Luis Gordillo. El pintor Luis Gordillo.

El pintor Luis Gordillo. / Juan Carlos Muñoz

El pintor Luis Gordillo (Sevilla, 1934) recibió este viernes el VI Premio de Cultura de la Universidad de Sevilla (US), un reconocimiento en el que toma el relevo a otros creadores como la artista Carmen Laffón, el barítono Carlos Álvarez o la bailaora María Pagés. La distinción, que varía cada año dependiendo del galardonado, fue en esta ocasión un facsímil del catálogo de la primera exposición de Gordillo, diseñado por Alberto Corazón, y que le entregó al veterano, en el Paraninfo de la Universidad, el rector Miguel Ángel Castro.

El acto supuso un nuevo reencuentro del pintor con su ciudad natal, a la que ya regresó el pasado abril para inaugurar en el Espacio Santa Clara una sala permanente con su obra. Entonces habló del amor por la tierra que había desarrollado con la edad y ayer volvió a insistir en esa idea. "Yo he sido un heterodoxo sevillano, pero cada vez que vuelvo me emociono cada vez más. Debe de ser la vejez", reconoció con su característica sorna. "Cuando yo salí de Sevilla era un vanguardista, el niño progre", rememoró, "y Sevilla me parecía... bueno, digamos que no era precisamente vanguardista. El mundo estaba en Nueva York, en París...", se justificó el Premio Velázquez.

Admite también Gordillo que su atracción por la modernidad venía ligada al rechazo a la tradición, y que por ello se adentró "al revés" en la Historia del Arte. "La empecé por el final. Una manera muy clásica de los vanguardistas: comienzas por lo último que se ha hecho y luego vas retrocediendo", argumenta. "Cuando era joven, eso del Renacimiento me parecía tan bonito, tan femenino, que no me interesaba, como no me terminaba de interesar el Museo del Prado".

Gordillo y el rector Miguel Ángel Castro, en la entrega del premio. Gordillo y el rector Miguel Ángel Castro, en la entrega del premio.

Gordillo y el rector Miguel Ángel Castro, en la entrega del premio. / Juan Carlos Muñoz

Al mismo tiempo que Sevilla salía de su letargo, el criterio del pintor fue abriéndose a aquello que había odiado. El Renacimiento italiano se le antoja ahora "fulgurante, maravilloso", valora. "Me ha costado medio siglo. Ya me da igual ver Velázquez que a Tàpies, para mí es lo mismo", afirmó, antes de preguntarse si en las escuelas de arte y en las facultades "se verá la Historia del Arte como un bloque, que es como se debe ver. No sé si en las clases se enseña que las pinturas de Altamira, en realidad, no difieren mucho del expresionismo abstracto".

En su intervención, Gordillo se detuvo entre el espanto y la ironía en esa etiqueta: abstracto. "Eso es lo que alguien ha escrito sobre mí en internet, lo que sale si se me busca, que mi pintura es abstracta. Y es posible que a muchos se lo parezca, pero yo la veo muy real".

El pintor confesó ante el auditorio que no pensaba reflexionar sobre los derroteros del arte, pero se animó de improviso. "Mi conferencia iba a tratar de la Sevilla de Gordillo antes de que Gordillo se fuera a París, de los medios artísticos que había entonces", señaló.

"Cuando era joven el Renacimiento y el Prado no me interesaban. Yo era un niño progre"

Entonces él estudiaba Derecho "sin ningún interés", y no aprendía "nada" de esa carrera, "pero sin embargo nunca me he arrepentido de haberla estudiado. Creo que la Universidad te da un plus. No sé en qué consiste ese plus ni tampoco quiero convertirme en un clasista, un arrogante intelectual, pero pienso que pasar por aquí te enriquece".

En esos años de estudiante Gordillo formó cuadrilla "con otros jóvenes interesados en la cultura. Íbamos a la Casa Americana, que estaba en la calle Laraña y tenía una discoteca cojonuda, y allí organizábamos nuestros propios conciertos y comprendimos a Bartók, Stravinsky, Prokófiev...", evocó un pintor que también habría podido haber hecho de la música su profesión. "Yo habría podido ser compositor, si me pongo al piano me salen sonidos curiosos. Pero acerté al dedicarme al arte. Me ha ido bien, no me puedo quejar, me han dado todos los premios de Andalucía. Creo que éste de la Universidad era el que me faltaba", bromeó.

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