Los Machado vuelven a Sevilla

Tres sobrinas y una sobrina nieta del autor de ‘Juan de Mairena’ recuerdan en Santa Clara el historial de exilios y pérdidas que la familia vivió por la Guerra Civil

Los Machado vuelven a Sevilla
Los Machado vuelven a Sevilla
Braulio Ortiz / Sevilla

18 de febrero 2011 - 08:11

Los Diálogos con Machado que alberga el Convento de Santa Clara tuvieron ayer un emocionante capítulo: la familia del autor se reencontró con Sevilla gracias a la visita de tres sobrinas y una sobrina nieta del autor. Las protagonistas reconocían “mucha emoción” en su contacto con la ciudad de donde provenían sus antecesores, donde nació aquel pariente que ellas consideraban “únicamente nuestro tío, porque éramos demasiado pequeñas para saber quién era Antonio Machado, lo que representaba”. Entre el temblor del recuerdo sobresalía una certeza: la constatación de que ni los exilios, las guerras ni el avance atropellado de la Historia habían logrado romper los lazos. “Somos una familia unida a la que la guerra no consiguió separar”, afirmaba la pianista Mercedes Lecea Camacho, única del grupo que no conoció –nació en 1955– al autor de Campos de Castilla.

Leonor Machado Martínez, hija de Francisco Machado, vivió los primeros años de su vida en Toledo, donde su padre estaba destinado, pero la Guerra Civil provocó el desplazamiento a Madrid, primero, y después a la casa de Rocafort (Valencia) donde Antonio Machado vivió desde 1936 hasta 1938. Leonor cuenta que, cuando le ofrecieron este refugio al poeta, Machado puso como condición “que tenía que llevarse a la familia”. En Rocafor también estuvieron María y Carmen Machado Monedero, hijas de José Machado. No hay fisuras entre el retrato que hacen, décadas después, del Antonio Machado que se perfila entre “recuerdos infantiles, inconexos” y la integridad que transmitió el poeta en su obra. Los testigos de aquella convivencia guardan una memoria amable de aquellos días. Entre su padre y Machado había, según relatan, un vínculo profundo. “Tío Antonio tenía una letra terrible, y le daba los textos a nuestro padre para que se los pasara”, cuentaCarmen. José y su mujer jugaron un papel determinante en ese dramático éxodo a Francia, con Antonio Machado y la abuela, Ana Ruiz, descrita ayer como “una mujer de una ternura inidualable”. “Mi madre fue la heroína de ese éxodo”, expresa María. “Era más práctica, más joven que todos ellos. Habría que hacerle un homenaje, a ella también”.

Ni Carmen ni María conocerían Colliure entonces: antes habían sido enviadas a Rusia junto a Rubén Landa, amigo de la familia y profesor en un internado de niños españoles en la URSS. La Segunda Guerra Mundial aplazaría el reencuentro con los padres, instalados en Chile desde 1940. La madre maldecía las paradojas del destino y lamentaba, recuerdan las hijas, que “por salvarnos unos meses de la Guerra Civil nos metieron en la Segunda Guerra Mundial”. La marcha de las niñas a Rusia fue uno de los más duros golpes para Machado, que hasta antes de morir les escribía “diciéndonos que teníamos que seguir leyendo, que teníamos que estudiar”.

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