Patricia Highsmith, la buscadora perpetua

Literatura y cine

Un documental revela los aspectos más íntimos y desconocidos de la vida y la personalidad de la gran escritora norteamericana de la que en septiembre se editan sus diarios y cuadernos.

Una imagen de juventud de Patricia Highsmith (1921-1995).
Una imagen de juventud de Patricia Highsmith (1921-1995).

La editorial Anagrama anuncia para el próximo 31 de agosto el que sin duda será uno de los grandes acontecimientos de la rentrée literaria, la publicación de los Diarios y cuadernos (1941-1995) de Patricia Highsmith, que no habían visto la luz hasta el pasado mes de noviembre de 2021 en su primera edición internacional gracias al minucioso trabajo de investigación y selección de Anna Von Planta.

Siempre celosa de su intimidad y paulatinamente recluida hasta su muerte en su casa de Locarno en 1995, Highsmith revela en estas páginas hasta ahora secretas muchos detalles de su carácter y su personalidad, hace confesiones sobre su homosexualidad y sus numerosas relaciones sentimentales, reflexiona sobre su obra o sus personajes como trasuntos de ella misma o recupera recuerdos de una infancia en Texas y una juventud en Nueva York marcadas por una conflictiva relación con su madre y el descubrimiento y la afirmación de su identidad sexual en los bares y locales nocturnos de la ciudad.

Muchos de esos asuntos hasta ahora privados se adelantan en un estupendo documental, Amando a Highsmith, que puede verse estos días en primicia en la programación del Atlàntida Film Festival de Filmin, un trabajo de Eva Vitija-Scheidegger que superpone y entrelaza sus palabras extraídas de esos diarios y cuadernos con material de archivo, algunos reportajes y entrevistas televisivas y radiofónicas, testimonios de algunas de sus amantes, parejas o familiares y fragmentos de las películas que adaptaron sus novelas, de Extraños en un tren (1951, Alfred Hitchcock) a Carol (2015, Todd Haynes), cuya novela de amor lésbico publicó bajo pseudónimo, pasando por El amigo americano (1977, Wim Wenders) y El talento de Mr. Ripley (1999, Anthony Minghella), tras cuyas imágenes y escenas escogidas se revelan las profundas conexiones entre su particular y algo misantrópica visión del mundo, su propia autobiografía siempre en fuga y la sublimación ficcional que de todo ello hizo en su proceso creativo en aislamiento.

Bien es cierto que el documental insiste tal vez demasiado en indagar en la faceta homosexual e íntima de la creadora del sociópata Tom Ripley, por momentos con cierto tono intrusivo en su carácter abiertamente reivindicativo, pero a pesar de todo se trata de un filme sensible, fluido y bien articulado que permite asomarse al interior, lúcido, complejo y atormentado, de una de las escritoras más populares del siglo XX y conocer mejor sus búsquedas constantes, su pasión romántica, sus anhelos de felicidad moderada, sus dudas y frustraciones o sus contradicciones ideológicas postreras.

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