Concierto de Soleá Morente

Una voz propia

Soleá Morente en una imagen promocional de 'Ole Lorelei', su nuevo disco. Soleá Morente en una imagen promocional de 'Ole Lorelei', su nuevo disco.

Soleá Morente en una imagen promocional de 'Ole Lorelei', su nuevo disco.

Soleá Morente, acompañada por los componentes de Napoleón Solo, presentó en Sevilla los temas de sus dos discos en solitario en un concierto trepidante de una hora de duración. La cantaora alterna el legado clásico jondo con temas de pop melódico firmados por Lorena Álvarez, Alonso Díaz, Ana Fernández y David Rodríguez. Lo más interesante del concierto es cuando se funden ambos elementos como en los martinetes que abrieron la noche, o cuando descubrimos el ritmo de los tangos o las bulerías en el fondo de la canción de turno, con el consiguiente repiqueteo de palmas acompañado de braceo y marcajes.

No faltaron los tangos de Morente, las alegrías, las granaínas de Chacón o las seguiriyas de Manuel Molina. Para estas islas de legado clásico escogió Soleá Morente el único acompañamiento de la guitarra flamenca de Eduardo Pacheco. Introduciendo, eso sí, algunas variaciones en la letra que la traen hasta hoy, bajo el punto de vista femenino y feminista. Me gusta más Morente cuando se parece a La Paquera que a Picnic. Es decir, aunque la voz pequeñita, añinada, es interesante, divertida, la intérprete crece cuando saca la voz y da todo lo que tiene, como en las alegrías, los tangos o en Todavía o el bailable Baila conmigo que repitió en el bis. Cuando se rompe en la escena, física o emocionalmente. Cuando da tumbos y agita su cabellera rockera y flamenca al viento. Cuando saca el poderío inmenso que tiene, el carisma escénico que sin duda posee. Cuando recurre a la emoción de la rabia.

Y cuando apela también al humor: por ejemplo en esa joyita que es Tonto. Ahí encuentra el tono, un lugar en el que se siente segura. Sonaron ecos de Enrique Morente, como no podía ser menos: en los tangos y, por supuesto, en el flamenco tradicional. Y también en las versiones de Leonard Cohen, tanto en Esta no es manera de decir adiós como en Winter Lady, en la que Soleá echó mano de la bulería morentiana. Pero tenemos que decir que Soleá Morente, dentro de esta familia de músicos superdotados, tiene una voz propia.

La noche había sido introducida por la banda sevillana Victoria Ford con su pop ensimismado y solemne.

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