INNOVA ÓPERA | CRÍTICA La Ópera y sus límites

Aurora Galán y Rémi Page. Aurora Galán y Rémi Page.

Aurora Galán y Rémi Page. / AMM

Parece que definitivamente en Teatro de la Maestranza se abre a propuestas artísticas más allá de las más tradicionales o de las que más público atraigan. Un teatro público no es una empresa dirigida a equilibrar balances y dar beneficios, sino que puede y debe ser un potente motor que sirva de cauce a la creatividad de su entorno, convirtiéndose en algo vivo y no en un museo de repertorio canonizado. De ahí el que no quepa sino felicitar a la dirección del Maestranza por recuperar lo que ya hace dos décadas fue un espacio de innovación. Recordemos aquellos espectáculos rompedores de la Sala Manuel García con Las canciones del rey loco de Maxwell Davies o las Operas-minute de Milhaud.

Han sido muchos años de un Maestranza que vivía de espaldas a la realidad musical de Sevilla y su entorno y hora era de abrir puertas y mentes. Contar con el Zahir Ensemble y con el grupo de jóvenes cantantes que se mueven en su rededor es apostar sobre seguro dada la calidad que atesoran. Han sido estos elementos los que han hecho posible el éxito de una propuesta radicalmente contemporánea, experimental y rompedora, pero de un enorme atractivo. Con una sobria pero eficaz y conceptual puesta en escena de Bruehl y con la minuciosa y ejemplar dirección musical de Juan García (espectacular crescendo en la segunda obra), las tres breves piezas exploraron los límites de lo que podemos entender por ópera, en algunos casos sin palabras, pero siempre con la voz como daga que penetra en nuestra sensibilidad. Magnífico el Zahir Ensemble, desde la batería solista de la primera obra hasta la flauta, clarinete y trompeta que tanto protagonismo tuvieron en la tercera junto al piano manipulado de Soriano. Espectacular Sachika Ito en un muestrario de recursos vocales y hasta como percusionista, acompañada por unas espléndidas voces de Galán, Larios y Lagares.

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