Trío Leonskaja | Crítica Milagros del Schubert tardío

Liza Ferchstman, Elisabeth Leonskaja e Istán Várdai en la víspera de su concierto. Liza Ferchstman, Elisabeth Leonskaja e Istán Várdai en la víspera de su concierto.

Liza Ferchstman, Elisabeth Leonskaja e Istán Várdai en la víspera de su concierto. / Antonio Pizarro

Comentarios 0

El del trío con piano fue, a principios del siglo XIX, género predilecto para el consumo doméstico de música en buena parte de Europa, muy singularmente, Viena. Sin embargo, Schubert, cuyas obras solían tener más fácil la difusión privada que la pública, compuso dos en el último año de su vida, y lo hizo para un trío profesional.

Es música de asombrosa plasticidad, que combina con maestría forma clásica y expresión romántica, acaso más lírico el , de una turbulencia dramática y hasta cruzado por presagios trágicos, el . Es música de una intensidad, una profundidad y un virtuosismo que sólo refulge en las manos de los grandes intérpretes, pero cuando lo hace, su impacto en el oyente es directo y, por momentos, casi hipnótico, a lo que contribuye el juego constante de las repeticiones tanto como la singular paleta de colores armónicos generados por las originales modulaciones. Es la magia de Schubert.

Liza Ferschtman, István Várdai y Elisabeth Leonskaja penetraron en ese ámbito mágico del mejor camerismo romántico merced a una interpretación de glorioso equilibrio, en la que nada fue dicho por capricho y en la que los tres parecieron contener sus propias posibilidades como solistas para lograr una homogeneidad de sonido verdaderamente extraordinaria. En este sentido, fue el piano de la gran dama georgiana el que ejerció no sólo como gran soporte sino también como el propiciador de una seductora amalgama tímbrica entre el violín carnoso y con gran facilidad para las efusiones alígeras de Ferschtman y el violonchelo sedoso y templado de Várdai.

Fueron versiones elegantes, articuladas de forma rigurosa, apasionadas cuando tocaba, pero sin falsos énfasis, con la necesaria flexibilidad agógica y plagadas de pequeños matices. Y es que en la música de cámara, ahí, en lo pequeño, está lo grande.

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios