'ALLES AUF GOLD/ DIE DAME/ DIE EROSION' | CRÍTICA

Ubay Murillo: Reivindicar la dignidad del cuerpo

  • La galería Rafael Ortiz expone la reflexión del artista tinerfeño sobre la cultura moderna junto a obras de otros compañeros suyos

‘Objetos de estudio’ de Ubay Murillo (óleo sobre lienzo y barras de metal suspendidas). ‘Objetos de estudio’ de Ubay Murillo (óleo sobre lienzo y barras de metal suspendidas).

‘Objetos de estudio’ de Ubay Murillo (óleo sobre lienzo y barras de metal suspendidas).

Puede sorprender al visitante: en la galería no hay propiamente una instalación pero tampoco una ordenada sucesión de cuadros. Así es la muestra de Ubay Murillo (Tenerife, 1978) o mejor una de sus exposiciones, porque a sus obras, alojadas en el piso bajo, ha querido añadir, arriba, las de otros artistas, compañeros suyos o habituales de la galería. Son, pues, dos las exposiciones aunque vinculadas por un tema capital, como veremos. Autor y galerista adquieren así, con más claridad que otras veces, las tareas del comisario: han de elegir las obras y relacionarlas, y construir el espacio de modo convincente.

El trabajo de Ubay Murillo es una reflexión crítica sobre tres rasgos de la cultura moderna: la moda, el diseño y las vanguardias artísticas. Baudelaire, en El pintor de la vida moderna, dedicó un sustancioso apartado al maquillaje. Lo situaba por encima de la pintura académica que se limitaba a imitar a la naturaleza mientras la moda la trabajaba, modelaba y superaba, dándole rostro humano. Muy poco después, en Gran Bretaña, autores reunidos en torno a William Morris buscaban con el diseño, no disimular la crudeza de la mercancía, sino, en palabras de Jacques Rancière, proponer "nuevos modos de habitar lo sensible", una línea de trabajo que prendió pronto en Berlín (Werkbund) y Viena (Kunstschau). En esos mismos años, el arte abandonó sendas abiertas tres siglos antes para sacar a la luz la poética oculta en el prosaico día a día del ya asentado capitalismo.

Los tres rasgos, moda, diseño y arte de vanguardia alcanzaron especial madurez en los años que discurrieron entre las dos guerras mundiales, segunda y tercera décadas del siglo XX. No es casual que Ubay Murillo recoja una revista alemana de esos años dedicada a la moda, Die Dame, la simultanee con diseños Art-Déco y con la austera abstracción emprendida por De Stijl en Holanda, constructivistas en Rusia y la Bauhaus en Alemania.

Aquellos fueron años esperanzados: una moda valiente, en muchos aspectos rompedora, un diseño pensado para una mayoría social y un arte reflexivo, deseoso de tener en cuenta a la ciencia, la técnica y los procesos industriales. Pero tales esperanzas convivían con una fuerte polarización política y crecientes tensiones sociales. Se sucedieron de hecho acontecimientos cada vez más graves: la crisis de 1929, la subida al poder del partido nazi (y otros gobiernos totalitarios), la represión sistemática en la Unión Soviética y finalmente, la brutalidad de la II Guerra Mundial. Las victimas más claras de los sucesivos desastres fueron los cuerpos. Ellos sufrieron los campos de exterminio, los bombardeos de Coventry y Dresde, Londres y Hiroshima. Ubay Murillo sintetiza estos excesos en un lienzo que titula con crudeza Objetos de estudio. Colocado sobre el suelo, al fondo de la primera sala, barras de metal parecen caer sobre él. Las figuras no se ven: las cubren grandes rectángulos negros.

La obra despierta la memoria. La coloca ante el olvido y sirve de prólogo a su reflexión que subraya que las esperanzas puestas en la modernidad ahora se han convertido (o corren el riesgo de convertirse) en trivialidades animadas por el omnipotente y omnipresente mercado. Por eso acumula rasgos impersonales en sus retratos, reducidos a volubles exigencias de la moda, ironiza sobre el diseño, trazando retratos sobre encimeras de cocina grabadas con formas geométricas, o construye abstracciones pictóricas como en Vorzeichen (Cosas de antes) o Un cierto dominio. Tal vez todo lo resuma el lienzo situado, también en la primera sala, a la izquierda de Objetos de estudio: una fiesta elegante o un desfile de moda. No se sabe muy bien qué porque también aquí los rectángulos negros cubren los cuerpos: no los destruyen pero los trivializan.

'Die Dame' de Ubay Murillo. 'Die Dame' de Ubay Murillo.

'Die Dame' de Ubay Murillo.

Una clave para repensar esa confusa noción, postmodernidad, es como sugiere Murillo, sacar a la luz las falsas ilusiones modernas y repensarlas partiendo justamente de lo que nos es más cercano y a veces más desconocido: el cuerpo.

Este es el eslabón que une las obras de Ubay Murillo con la contribución de los participantes en la segunda muestra, al final de la estrecha escalera. A destacar las obras de Nuria Fuster (Alcoy, 1978) dedicadas a la ropa (nuestra segunda piel), la cuidada Máscara (ese artilugio que intenta ocultar el rostro y al al fin lo pone en evidencia) de José Miguel Pereñíguez (Sevilla, 1977) y la sorprendente abstracción de Alby Álamo (Las Palmas de Gran Canaria, 1977) construida con las cintas que emplean los fisioterapeutas contra las contracturas. Un trabajo nada improvisado: estudiado en la computadora, llevado a la pantalla del lienzo y completado con esos collages que hacen pensar en los desajustes de nuestro tiempo, de sobra conocidos y padecidos. No es esta una exposición fácil pero hace ver y da que pensar.

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